Redacción Central.
A
las 6:00 de la mañana de ayer primero de agosto Santo Domingo de Guzmán empezó
a bajar hacia la vieja Managua, miles de promesantes empezaron a pagar su
promesa por milagros que les ha realizado el fundador de los Padres Dominicos.
Al frente de la procesión agentes de pastoral
de diversos movimientos laicales, rezaban el rosario desde una camioneta con
micrófono y parlantes. Y afuera, desde las aceras, decenas de policías
observaban a la multitud. Algunos dijeron que andaban “resguardando la
procesión”, pero su presencia puso incómoda a muchos promesantes.
“Les
invitamos a unirnos en oración por nuestra nación y de manera especial por las
víctimas y sus familias de esta crisis que estamos viviendo”, dijo en un
comunicado el presbítero Boanerges Carballo, párroco de Las Sierras.
Esta
vez el santo no se zangoloteó como siempre. El baile fue más lento y se
escucharon vivas y aplausos cuando los chicheros tocaban Soy Puro Pinolero.
Así,
bailando despacio, minutos antes de las 4:00 de la tarde llegó al Gancho de
Caminos, donde lo esperaba el tradicional barco al que año con año es subido
para recorrer el último tramo hacia la iglesia Santo Domingo de Managua.
Fue
entonces que dentro del gentío surgieron voces encontradas: unas pedían a los
cargadores que no subieran la imagen al barco, preparado por la Alcaldía de
Managua, luego de que a la alcaldesa Reyna Rueda le fuera negada la mayordomía de
las fiestas. Y otras gritaban: “¡Que sí suba!”. Lo subieron.
Cincuenta
minutos más tarde, Minguito estaba llegando a la parroquia donde se hospedará
por nueve días más, hasta que el próximo 10 de agosto sea devuelto a su templo
en Las Sierritas.

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