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| El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus. Foto: AFP |
La
obra de Dios no consiste tanto en el «hacer cosas» sino en «creer en Aquel que
Él ha enviado»: con estas palabras se dirigió el Papa Francisco a los numerosos
peregrinos llegados a la plaza de San Pedro para rezar junto a él la oración
del Angelus.
Es
el Evangelio de Juan el que guía la reflexión del Obispo de Roma, un pasaje que
recuerda el encuentro de la muchedumbre con Jesús, que después de haber sido
saciada por Él con el pan, se pregunta qué hacer para agradar a Dios. Un
encuentro, que como recordó el Papa, está «lleno de ternura», porque Jesús sale
al encuentro de la gente para satisfacer sus necesidades, aunque «a Jesús no le
basta que la gente lo busque, quiere que la gente lo conozca; quiere que su
búsqueda y el encuentro con Él vayan más allá de la satisfacción inmediata de
las necesidades materiales».
Porque
Él, ha venido a traernos «algo más», y es por eso que, dirigiéndose a la
multitud, les dice: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron
signos, sino porque han comido pan hasta saciarse». Este es el modo de Jesús
para «estimular a la gente a dar un paso adelante, a preguntarse sobre el
significado del milagro y no solo a aprovecharse de él», aseguró Francisco.
Hoy
estas palabras «están dirigidas también a nosotros»: es «la fe en Jesús la que
nos permite cumplir las obras de Dios». Y solo dejarnos involucrar en esta
«relación de amor y confianza» con Él nos permitirá «cumplir obras buenas que
perfuman de Evangelio por el bien y las necesidades de los hermanos». Porque Él
«nos invita a no olvidar que si bien es necesario preocuparnos por el pan, es
más importante cultivar la relación el Él, reforzar nuestra fe en Él, que ha
venido para saciar nuestro hambre de verdad, nuestro hambre de justicia,
nuestro hambre de amor».
Que
Pablo VI interceda por la Iglesia y la paz en el mundo
Tras
el rezo del Angelus el Papa recordó que hace 40 años, el Papa Pablo VI «estaba
viviendo sus últimas horas en esta tierra», ya que murió la tarde del 6 de
agosto de 1978. Francisco invitó a recordarlo «con veneración y gratitud,
esperando su canonización, el 14 de octubre», con la esperanza de que «desde el
cielo interceda por la Iglesia que ha amado tanto y por la paz en el mundo». Y
refiriéndose al futuro santo como al «gran Papa de la modernidad», Francisco
pidió «un saludo con una aplauso» para él.

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