Con
una Santa Eucaristía en el Santuario Diocesano San Francisco de Asís en la
ciudad universitaria de León, presidida por el Presbítero Alberto Munguía, la Juventud Franciscana y la Orden Franciscana
Seglar, recordaron este 17 de septiembre la fiesta de la impresión de las
llagas de San Francisco de Asís.
Pocos
santos han tenido tan decisiva influencia en la historia civil y eclesiástica
de todos los tiempos como el Poverello de Asís. Y pocos han vivido las máximas
evangélicas como este hombre que se identificó tanto con Jesucristo
crucificado, que mereció recibir en su cuerpo las señales de la Pasión.
De
acuerdo con sus biógrafos, dos años antes de su muerte, San Francisco se retiró
a Toscana con cinco de sus hermanos más cercanos, en el Monte Alvernia, para
celebrar la Asunción de la Santísima Virgen y preparar la fiesta de San Miguel
Arcángel por cuarenta días de el ayuno. Fue en la fiesta de la Exaltación de la
Santa Cruz. Francisco, arrodillado ante su celda, oraba rezando con los brazos
abiertos a la espera del amanecer, cuando fue objeto de una gracia excepcional.
El Señor crucificado se le apareció en la figura de un serafín de seis alas.
Después de pasar tiempo con él en una conversación dulce, partió dejándole
impreso en el cuerpo las llagas sagradas.
Por
lo tanto, Francisco, que tanto deseaba asemejarse a Cristo, con este rasgo se
identificó más a Cristo crucificado.
Al final de su vida, cuando ya estigmatizado y
al borde de suas fuerzas sufría sin tregua, física y moralmente, alcanza la
cumbre de la perfecta alegría y compone el Cántico de las Criaturas. Hace falta
haber entrado de lleno en el misterio Pascual de muerte y resurreción para
poder componer este himno en el que, la creación entera, reconcilada, encuentra
su unidad en Dios.
Todo lo que hoy experimentamos, aspiración a
la libertad, a la paz, a la vida, a la felicidad, al compartir, al respeto por
el hermano y por la creación, nos ha sido ya propuesto por Francisco de Asís.
Por eso, su mensaje sigue atrayéndonos y nos lleva en seguimiento de Cristo.

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