Seminarista 4to. Año Teología.
Cuando la Virgen respondió que sí,
libremente, a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo Divino
asumió la naturaleza humana: el alma racional y el cuerpo se formaban en el
seno purísimo de María. La naturaleza divina y la humana se unían en una única
Persona: Jesucristo, verdadero Dios y desde entonces, verdadero Hombre;
Unigénito eterno del Padre y a partir de aquel momento, como Hombre, hijo
verdadero de María: por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo encarnado, que ha
unido así para siempre –sin confusión– la naturaleza humana.
Los padres griegos aplicaron a María
el título Theotókos (portadora de
Dios) ya en el siglo III. En palabras del Papa Pablo VI, expresan que la Maternidad Divina es un resumen y una
exaltación de este misterio. Tiene por finalidad "exaltar la singular
dignidad que reporta a la Santa Madre a través de la cual recibimos al Autor de
la vida. Ella concibió y dio a luz a la Segunda Persona de la Santísima
Trinidad, el Verbo, aunque no sobre la naturaleza Divina, sino en cuanto a la
naturaleza humana. Ya lo pregona el Prefacio de Santa María Virgen en la Solemnidad
de la Maternidad: Porque ella concibió a tu Hijo único por obra del Espíritu
Santo y sin perder la gloria de su virginidad, hizo brillar sobre el mundo la
luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.
Así también de modo muy significativo,
la más antigua plegaria a María (Sub tuum praesidium..., «Bajo tu
amparo...») contiene la invocación: Theotókos, Madre de Dios. Este
título no es fruto de una reflexión de los teólogos, sino de una intuición de
fe del pueblo cristiano. Los que reconocen a Jesús como Dios se dirigen a María
como Madre de Dios y esperan obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la
vida.
Y quizás como lo más importante sea el
hecho de que el testimonio del Sub
tuum praesidium levanta la sospecha de que el título Theotókos se origina a mediados del siglo
III en la piedad popular como invocación a las entrañas
maternales de Aquella que llevó en su seno a Dios. Esta vez, quizás, la piedad
popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosímil que así
fuese. Los fieles que,
con sencillez, rezan esta oración a la Sancta Dei Genitrix, la Theotókos, la Madre de
Dios, porque la han recibido de manos de la Iglesia, son los que están más
cerca de lo que transmitieron los primeros cristianos y, por lo tanto, más
cerca de Cristo. El origen teológico de esta oración es el dogma de la Theotókos,
las entrañas misericordiosas de la Santa Madre de Dios.

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