Aurelio Bayardo López Ramírez.
Seminarista 4to. Año Teología.

Cuando la Virgen respondió que sí, libremente, a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo Divino asumió la naturaleza humana: el alma racional y el cuerpo se formaban en el seno purísimo de María. La naturaleza divina y la humana se unían en una única Persona: Jesucristo, verdadero Dios y desde entonces, verdadero Hombre; Unigénito eterno del Padre y a partir de aquel momento, como Hombre, hijo verdadero de María: por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo encarnado, que ha unido así para siempre –sin confusión– la naturaleza humana.

Los padres griegos aplicaron a María el título Theotókos (portadora de Dios) ya en el siglo III. En palabras del Papa Pablo VI, expresan que la  Maternidad Divina es un resumen y una exaltación de este misterio. Tiene por finalidad "exaltar la singular dignidad que reporta a la Santa Madre a través de la cual recibimos al Autor de la vida. Ella concibió y dio a luz a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, aunque no sobre la naturaleza Divina, sino en cuanto a la naturaleza humana. Ya lo pregona el Prefacio de Santa María Virgen en la Solemnidad de la Maternidad: Porque ella concibió a tu Hijo único por obra del Espíritu Santo y sin perder la gloria de su virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.

Así también de modo muy significativo, la más antigua plegaria a María (Sub tuum praesidium..., «Bajo tu amparo...») contiene la invocación: Theotókos, Madre de Dios. Este título no es fruto de una reflexión de los teólogos, sino de una intuición de fe del pueblo cristiano. Los que reconocen a Jesús como Dios se dirigen a María como Madre de Dios y esperan obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la vida.

Y quizás como lo más importante sea el hecho de que el testimonio del Sub tuum praesidium levanta la sospecha de que el título Theotókos se origina a mediados del siglo III en la piedad popular como invocación a las entrañas maternales de Aquella que llevó en su seno a Dios. Esta vez, quizás, la piedad popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosímil que así fuese. Los fieles que, con sencillez, rezan esta oración a la Sancta Dei Genitrix, la Theotókos, la Madre de Dios, porque la han recibido de manos de la Iglesia, son los que están más cerca de lo que transmitieron los primeros cristianos y, por lo tanto, más cerca de Cristo. El origen teológico de esta oración es el dogma de la Theotókos, las entrañas misericordiosas de la Santa Madre de Dios.