Con mucha
alegría escribo estas líneas para continuar con la secuencia de este espacio
dedicado a dar a conocer la espiritualidad de la Familia Misionera del Santísimo
Salvador, fundada por el Rev. Padre Pablo Straub, C.Ss.R. (de feliz
memoria). Como
ustedes saben, esta espiritualidad se inspira en la vida y carisma de San
Alfonso María de Ligorio. Aprovecho para saludar a todo nuestro amadísimo pueblo de la Diócesis
de León, Nicaragua. En los
siguientes artículos a mi cargo iré dándoles a conocer a aquellos santos
canonizados por la Iglesia que son miembros de la Congregación del Santísimo
Redentor (mejor conocidos como los “Padres Redentoristas”), los cuales, por
haber vivido la espiritualidad de San Alfonso, son también nuestros modelos y
seguros intercesores. Comenzaremos ahora
con San Gerardo Mayela.
Existía hace
muchos años una biografía de San Gerardo que llevaba por título: “De la Ventana
al Cielo”, y esto es porque este santo había conocido a los Padres
Redentoristas en su natal pueblo llamado Muro Lucano, en Italia, donde había
nacido el 6 de abril de 1726. Pues
sucedió que al conocer a los Padres Redentoristas y escuchar las prédicas en la
Santa Misión, San Gerardo Mayela quiso entrar en la Congregación. Los padres no lo aceptaban porque lo veían
débil y enfermo; por otra parte, su mamá se oponía tajantemente a la vocación
de su hijo (como muchas veces sucede), así que el día en que los padres partían
para la siguiente misión, ella lo encerró en su habitación. Nada de eso detuvo a este gran santo, así que
él huyó dando un gran salto por la ventana de su habitación para irse corriendo
detrás de los padres que ya habían avanzado en su camino. Por este motivo aquel libro se titulaba “De
la Ventana al Cielo”.
San Gerardo
fue un hombre muy sencillo y servicial.
Como hermano lego de la Congregación siempre se distinguió por su
obediencia. De él tenemos dos frases al respecto,
las cuales son: “La obediencia es la
pupila de la Congregación”, o también la siguiente: “Unos ponen la santidad en una cosa, otros en otra; yo la pongo en
obedecer la voluntad de Dios manifestada por la boca de mis superiores y por la
Santa Regla”. La obediencia absoluta y firme fue una de sus más grandes
virtudes. En cuanto a la humildad,
siempre se distinguió por escoger los últimos cargos. Todo lo hacía con alegría sabiendo que con
ello glorificaba a Dios. Y qué decir de
su piedad: fue un hombre muy santo, de profunda oración y un ejemplo de amor a
Jesús.
Pero antes de terminar es necesario compartir algo sobre su humildad. En una ocasión en que fue terriblemente
calumniado, San Gerardo no se defendió absolutamente en nada de esa
calumnia. Por lo tanto, San Alfonso -el cual era su superior- decidió no correrlo, pero sí imponerle una
fuerte y muy severa penitencia. Pasaron
los días y la calumnia fue aclarada y se supo que San Gerardo era
inocente. San Alfonso entonces lo llamó
a su despacho y le preguntó: “¿por qué no
te defendiste de esta calumnia, hijo mío?”, a lo que San Gerardo respondió:
“no me he defendido, Padre, porque la Santa
Regla dice que no nos defendamos cuando seamos calumniados o perseguidos, a
menos que esté en juego la gloria de Dios”. A San
Gerardo no le preocupaba su propia gloria ni su propio bienestar, sino la
gloria de Dios, obedecer, amar y perdonar a quien le calumniaba.
San
Gerardo Mayela murió el 16 de octubre de 1755.
Fue canonizado por San Pío X el 11 de diciembre de 1904. Él es el patrono de las mujeres embarazadas y
es especial intercesor por aquellas que tienen problemas y complicaciones en su
embarazo o en el parto. Que San Gerardo
Mayela interceda por nosotros. Así sea.
Afectuosamente en Jesús y
María,
Padre
Agustín Pelayo, C.SS.S.

1 Comentarios
Gracias por esta hermosa enseñanza. Trataré de buscar la santidad en mi vida y mi familia.
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