Por: Pbro. David Pérez de Jesús, C.SS.S.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 59).
El primer mandamiento nos llama a todos los católicos a poner en primer lugar a Dios en todo lo que hacemos, pensamos y sentimos. A creer en  Él y amarlo como dice Deuteronomio 6, 59. Con todo nuestro corazón porque es el único que puede llenar el vacío que siento en mi alma y con  todas las fuerzas que me quedan por tanto dolor y sufrimiento por estar alejado de Dios.

Por eso es tan importante darle toda la adoración al único que lo merece. “Al Señor tu Dios adorarás” (Mt 4, 10). Toda mi atención debe estar puesta en Dios. Darle gracias por su infinita misericordia, por su bondad conmigo siervo inútil. Es decir, doblar rodillas y reconocer que necesito de su ayuda. Entrar en intimidad con Dios y contarle de mis necesidades e intenciones que guardo en mi corazón. Decirle que me ayude a ser fiel y obediente a su voluntad. 

Sabemos todos que las tentaciones están a la orden del día. Por eso es necesario que, demos culto al verdadero Dios que nos provee de lo necesario. No poner en el lugar de Dios otros dioses como cosas, personas, lugares que solo me llevan a la muerte de mi alma.

Cuidar que la idolatría, la superstición y la adivinación no desvíen mi ida del camino del Señor. Porque al poner mi fe, mi confianza en estas cosas provocan que desconfíe del verdadero Dios y caiga en adoración al maligno.

También seamos cuidadosos de tentar a Dios de palabra o de obra. Aunque hay aquellos que se atreven a negar la existencia de Dios. A pesar que la misma naturaleza nos grita que hay un Dios creador de todas las cosas. Se cierran a la verdad y quieren conocer solo a la luz natural de la razón. Cuando para conocer a Dios necesitas conocer a luz natural de  la Fe.

Es necesario que le pidamos a Dios que cada uno de nosotros tengamos un corazón abierto a su voluntad y amor. Para que nada de este mundo nos confunda y nos aleje de Él.

Queridos hermanos, Jesús dijo: El que me ama, cumple mis mandamientos… amemos a Dios siempre, que Él se mantiene fiel siempre al amor que nos profesa.