PANAMÁ – 24.01.2019 – 10.40
Discurso del Santo Padre
Texto oficial
Señor Presidente,
Distinguidas autoridades, Señoras y señores:
Le agradezco
señor Presidente sus palabras de bienvenida y su amable invitación a visitar
esta nación. En su persona quiero saludar y agradecer a todo el pueblo panameño
que, desde Darién hasta Chiriquí y Bocas del Toro, han realizado un esfuerzo
invalorable para acoger a tantos jóvenes provenientes de todas partes del
mundo. Gracias por abrirnos las puertas de la casa.
Comienzo mi peregrinación en
este histórico recinto donde Simón Bolívar, afirmando que «si el mundo hubiese
de elegir su capital, el istmo de Panamá sería señalado para este augusto
destino», convocó a los líderes de su tiempo para forjar el sueño de la
unificación de la Patria Grande. Convocatoria que nos ayuda a comprender que
nuestros pueblos son capaces de crear, forjar y, sobre todo, soñar una patria
grande que sepa y pueda albergar, respetar y abrazar la riqueza multicultural
de cada pueblo y cultura. Siguiendo esta inspiración podemos contemplar a
Panamá como tierra de convocatoria y sueños.
1. Tierra
de convocatoria
Así lo transparentó el
Congreso Anfictiónico, y así también lo transparenta hoy el desembarco de miles
de jóvenes que traen consigo el deseo y las ganas de encontrarse y
celebrar.
Vuestro País, por su
privilegiada ubicación, se vuelve un enclave estratégico no solo para la región
sino para el mundo entero. Puente entre océanos y tierra natural de encuentros,
Panamá, el país más angosto de todo el continente americano, es símbolo de la
sustentabilidad que nace de la capacidad de crear vínculos y alianzas. Esta
capacidad configura el corazón del pueblo panameño.
Cada uno de ustedes ocupa un
lugar especial en la construcción de la nación y está llamado a velar para que
esta tierra pueda cumplir su vocación a ser tierra de convocatorias y
encuentros; esto implica la decisión, el compromiso y el trabajo cotidiano para
que todos los habitantes de este suelo tengan la oportunidad de sentirse
actores de su destino, del de sus familias y de la nación toda. Es imposible
pensar el futuro de una sociedad sin la participación activa ―y no solo
nominal― de cada uno de sus miembros, de tal modo que la dignidad se vea
reconocida y garantizada en el acceso a la educación de calidad y en la
promoción de trabajos dignos. Ambas realidades tienen la fuerza de ayudar a
reconocer y valorar la genialidad y el dinamismo creador de este pueblo y a su
vez, son el mejor antídoto ante cualquier tipo de tutelaje que pretenda
recortar la libertad y someta o saltee la dignidad ciudadana, especialmente la
de los más pobres.
La genialidad de estas
tierras está marcada por la riqueza de sus pueblos originarios: bribri, buglé,
emberá, kuna, nasoteribe, ngäbe y waunana, que tanto tienen que decir y
recordar desde su cultura y visión del
mundo: a ellos mi saludo y mi reconocimiento. Ser tierra de convocatorias
supone celebrar, reconocer y escuchar lo específico de cada uno de estos
pueblos y de todos los hombres y mujeres que conforman el rostro panameño y
animarse a entretejer un futuro esperanzador, porque solo se es capaz de
defender el bien común por encima de los intereses de unos pocos o para unos
pocos cuando existe la firme decisión de compartir con justicia los propios
bienes.
Las nuevas generaciones,
desde su alegría y entusiasmo, desde su libertad, sensibilidad y capacidad
crítica reclaman de los adultos, pero especialmente de todos aquellos que
tienen una función de liderazgo en la vida pública, llevar una vida conforme a
la dignidad y autoridad que revisten y que les ha sido confiada. Es una
invitación a vivir con austeridad y transparencia, en la responsabilidad
concreta por los demás y por el mundo; llevar una vida que demuestre que el
servicio público es sinónimo de honestidad y justicia, y antónimo de cualquier
forma de corrupción. Ellos reclaman un compromiso, en el que todos ―comenzando
por quienes nos llamamos cristianos― tengamos la osadía de construir «una política auténticamente humana» (Const. past. Gaudium et spes, 73) que ponga a la
persona en el centro como corazón de todo; lo cual impulsa a crear una
cultura de mayor transparencia entre los gobiernos, el sector privado y la
población toda, como reza esa hermosa
oración que tienen ustedes por la patria: «Danos el pan de cada día: que lo
podamos comer en casa propia y en salud digna de seres humanos».
2. Tierra
de sueños
En estos días
Panamá no solo será recordada como centro regional o punto estratégico para el
comercio o el tránsito de personas; se convertirá en un “hub” de la esperanza. Punto de encuentro donde jóvenes
provenientes de los cinco continentes, cargados de sueños y
esperanzas, celebrarán, se encontrarán, rezarán y
reavivarán el deseo y su compromiso por crear un mundo más humano. Así
desafiarán las miopes miradas cortoplacistas que, seducidas por la resignación,
la avidez, o presas del paradigma tecnocrático, creen que el único camino
posible se transita en el «juego de la competitividad, [de la especulación] y
de la ley del más fuerte donde el poderoso se come al más débil» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 53), cerrando el
mañana a una nueva imaginación de la humanidad. Al hospedar los sueños de estos
jóvenes, Panamá se vuelve tierra de sueños que desafía tantas certezas de
nuestro tiempo y genera horizontes vitales que señalan una nueva espesura al
caminar con una mirada respetuosa y llena de compasión sobre los otros. Durante
este tiempo seremos testigos de la apertura de nuevos canales de comunicación y
entendimiento, solidaridad, de creatividad y ayuda mutua; canales de medida
humana que impulsen el compromiso y rompan el anonimato y el aislamiento en
vistas a una nueva manera de construir la historia.
Otro mundo es
posible, lo sabemos y los jóvenes nos invitan a involucrarnos en su
construcción para que los sueños no queden en algo efímero o etéreo, para que
impulsen un pacto social en el que todos puedan tener la oportunidad de soñar
un mañana: el derecho al futuro es también un derecho humano.
En este
horizonte parecieran tomar cuerpo las palabras de Ricardo Miró que, al
cantarle al terruño de sus amores, decía: «Porque viéndote, Patria, se dijera
/que te formó la voluntad divina/ para que bajo el sol que te ilumina /se
uniera en ti la Humanidad entera» (Patria
de mis amores).
Les renuevo mi
agradecimiento por todo lo que han hecho para que este encuentro sea posible y
expreso a usted, señor Presidente, a todos los aquí presentes, y a quienes
siguen por los medios de comunicación, mis mejores deseos de un renovada
esperanza y alegría en el servicio al bien común. Que Santa María la Antigua
bendiga y proteja a Panamá.

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