Campo Santa María la Antigua
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A.
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A.
Queridos jóvenes peregrinos y pueblo de Dios:
Nuestro gozo es inmenso ante la presencia de todos ustedes. PANAMA hoy los
recibe con el corazón y los brazos abiertos. Gracias por aceptar el llamado de
encontrarnos en este pequeño país, en el que la fe llegó de la mano de la
Virgen María, bajo la advocación de Santa María la Antigua. Un país que ha
hecho su mejor esfuerzo para que cada uno de ustedes tengan un encuentro con
Jesucristo: Camino, Verdad y Vida.
SOMOS LA PRIMERA DIOCESIS EN TIERRA FIRME, y desde aquí se irradió el evangelio
al resto del continente americano, siempre bajo el amparo de la Virgen María,
la Madre. Ella siempre nos ha acompañado, por eso no es extraño que ese
encuentro con Jesucristo en esta Jornada Mundial de la Juventud, sea María
quien nos ha animado y nos seguirá animando para la celebración de este
histórico evento, que viviremos todos unidos: los jóvenes del mundo.
Damos gracias a Dios, por ser la sede de la primera Jornada Mundial de la
juventud donde María -“la estrella de la evangelización”- ha sido propuesta a
ustedes como modelo de valentía y coraje, que estuvo disponible para cumplir
con el proyecto de Dios, para el que le había elegido y cuya respuesta es el
lema de este JMJ: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra”.
GRACIAS PAPA FRANCISCO, por confiar y darnos la oportunidad de hacer una
Jornada para la juventud de las periferias existenciales y geográficas.
Anhelamos que sea un bálsamo para la difícil situación con la que conviven sin
esperanzas muchos de ellos, especialmente la juventud indígena y
afrodescendiente, la juventud que migra por la casi nula respuesta de sus
países de origen, que los lanzan a cifrar sus esperanzas en otros países,
exponiéndolos al narcotráfico, la trata humana, la delincuencia y tantos otros
males sociales.
Para la Iglesia Católica, como para otras comunidades de fe en nuestro país,
pero particularmente para en comunión del Secretariado del Episcopado de
América Central, que comprenden todos los obispos de la región, ustedes son muy
importantes. Por ustedes toda una maquinaria humana se organizó para hacer
posible que puedan tener las condiciones mínimas necesarias para que vivan su
peregrinación en este pequeño país.
Ustedes queridos peregrinos de distintos países de nuestro planeta tierra,
encontrarán en Panamá un pedacito del mundo entero. Nuestra historia de
servicio, de ser punto de encuentro, de unidad en la diversidad, sin distinción
de credo, raza, edad, sexo, nos convierten en una nación bendecida.
Gracias a su presencia este país es desde ahora la capital de la
juventud del mundo, en el que con el cálido calor humano, y también del
clima para esta época, crean las condiciones propicias para que puedan convivir
entre sus pares compartiendo sueños, esperanzas y proyectos, que por la fuerza
del Espíritu Santo, los comprometan a hacer la revolución del amor, que no será
fácil, pero tampoco imposible si la confianza la colocamos en Dios.
¿Qué país encontrarán los peregrinos?
Una muestra de lo que vivirán los peregrinos en este pequeño país, lo han
tenido quienes han tenido la experiencia de días en las diócesis tanto en
Panamá como en Costa Rica.
Nuestro pueblo está preparado para recibirlos, para compartir sus tradiciones,
la riqueza multiétnica y pluricultural, pero muy especialmente para compartir
la alegría de la fe en un Dios, que está actuando entre nosotros, en nuestra
historia personal y comunitaria. En las parroquias y en los hogares de acogida
se ha tenido la preparación necesaria para dar lo mejor de lo nuestro, el
cariño, la cercanía, la fraternidad, el adoptarlos como verdadera familia, la
familia de Dios.
Disponibilidad a la escucha de Dios
En estos días de la JMJ tendrán la oportunidad de estar en las catequesis con
obispos de distintos países; contarán con una formación interesante; el Parque
del Perdón, con están los lugares para la confesión; reconciliarse con Dios; el
Festival de la Juventud en el que la variedad del talento de los distintos
países ofrecen unas posibilidades para alimentar el espíritu. Y el encuentro
tan especial con Jesús Eucaristía, alimento espiritual para
enfrentar los desafíos de la vida.
Este encuentro de ustedes jóvenes con Jesucristo debe llevarlos a la
confrontación consigo mismos y con el adoctrinamiento del sistema de anti
valores que impera sustentado en la búsqueda de una falsa felicidad, que es tan
fugaz que los lleva a experimentar desesperadamente con tantas cosas que dañan
la mente y el espíritu y que al final no lograr llenar el vacío existencial.
Jóvenes: El llamado sigue vigente, perenne, intenso, pleno de una ternura que
solo sabe comunicar Cristo. Quizá como Iglesia no hemos podido transmitirle
esto con la claridad suficiente, porque a veces los adultos pensamos que los
jóvenes no quieren escuchar, que son sordos y están vacíos. Sin embargo la realidad
es otra. Les hace falta orientación, acompañamiento, y pero sobre todo que los
puedan escuchar.
Sabemos que ustedes no se dejan impresionar fácilmente. No funcionan las frases
hechas, los discursos teatrales o los slogans diseñados para afiebrar sus emociones.
Sabemos que al igual que en los tiempos de Jesús, los jóvenes buscan testigos,
referentes llenos de contenido y experiencia; con camino recorrido a pie, con
kilometraje, y no un Dios aprendido e intelectualizado; ustedes buscan de quien
les muestre con su vida a Dios, y no quien les hable de Él.
Jóvenes verdaderos protagonistas de la JMJ
En la Iglesia estamos en espera de esta primavera juvenil. Confiamos en
ustedes, esperamos mucho de ustedes, porque estamos plenamente convencidos, que
los verdaderos protagonistas para los cambios y las transformaciones que
requiere la humanidad y la Iglesia están en sus manos, en sus capacidades, en
su visión de un mundo mejor.
Para asumir este gran desafío deben prepararse en conciencia conociendo su
historia personal, familiar, social y cultural, pero sobre todo su historia de
fe. Solo así, de la mano de sus abuelos y sus mayores, podrán transformar con
la alegría del evangelio aquellas situaciones de injusticia y de inequidad, que
hieren a la sociedad.
La Virgen María, la jovencita de Nazaret, es un modelo confiable a seguir por
su disponibilidad y servicio al plan de Dios. Es aquella joven que se atrevió a
dar el SI al proyecto de Dios, no temió, a pesar de lo que implicaba eso en
medio los riesgos que esto significaba en esos momentos. Pero aún así, dijo sí,
porque Ella conocía la promesa de Dios
hecha a su pueblo, que habría de enviar al Salvador. Su vida de fe le dio la
fuerza y la confianza en Dios la sostuvo para asumir ser madre del Dios hecho
hombre.
En los ojos de María, cada joven puede redescubrir la belleza del
discernimiento; en su corazón puede experimentar la ternura de la intimidad y
la valentía del testimonio y de la misión.
Por ello, esta JMJ se le ha confiado a María. Confiar en María no es solo
pedirle que nos ayude o pedirle su intercesión en todo; es también actuar como
Ella. Imitemos su disponibilidad a servir, como lo hizo con su prima Isabel.
¿Estemos dispuestos a que una espada nos atraviese el corazón como le pasó a
María, al vivir la pasión de su Hijo y esperar pacientemente su gozosa
Resurrección?
En la Iglesia, durante la preparación de la JMJ hemos visto y descubierto
jóvenes capaces de darse en la entrega por los demás. Han ido emergiendo los
talentos y los liderazgos juveniles que han sostenido la organización de esta
Jornada, han dado a tiempo y destiempo. Esta es una valiosa muestra que si
pueden asumir proyectos impensables.
Visibles juventud indígenas y afrodescendientes
Una maravillosa experiencia también se ha tenido con los jóvenes indígenas y
afrodescendientes. Han tenido sus encuentros previos a la JMJ, para abordar sus
realidades específicas. Esto marca un hito en las Jornadas, porque por primera
vez tienen un espacio específico.
La Jornada Mundial de la Juventud en esta región no podía ser sin visibilizar
su situación, porque representan un significativo número de la población del
continente, que viven en situación de exclusión y discriminación, que los
ubican en la marginalidad y la pobreza.
En el Foro JMJ afrodescendientes, líderes juveniles de diversas religiones e
ideologías han mostrado su capacidad generar juntos respuestas a su situación
de discriminación y exclusión demandando políticas públicas en el marco de la
justicia, la educación, el trabajo, y la reivindicación de la mujer desde su
cultura y etnicidad, no solo en los espacios sociales sino también religiosos.
La importancia de recuperar la memoria histórica con los abuelos y adultos
mayores, ha sido también de vital importancia para la juventud
afrodescendiente.
Los jóvenes indígenas realizaron su Encuentro Mundial, donde también enfocaron
en la memoria viva de sus pueblos, en la lucha por mantener armonía con la
Madre Tierra desde la riqueza de sus culturas a la luz de Laudato Si’ y, la
importancia de su participación activa en la construcción de otro mundo
posible. Para la juventud indígena ha sido alentador el
mensaje del Papa Francisco.
Una herramienta de formación: DOCAT
En el acompañamiento de la formación de nuestra juventud, estamos proponiéndoles
el aprendizaje de la Doctrina Social de la Iglesia, a través de una herramienta
tecnológica, que fortalecerá el liderazgo juvenil.
Este es un sueño del Papa Francisco que también queremos sea asumido por
ustedes jóvenes peregrinos, especialmente de la región centroamericana, porque
una manera de enfrentar las adversidades desde la fe, es conociendo el
pensamiento social de la Iglesia, para hacer realidad la revolución del amor y
de la justicia.
El regalo del Papa a los jóvenes Centroamericanos es el DOCAT Libro y DOCAT App
que será entregado durante la JMJ y es una oportunidad para que puedan asumir
responsablemente su protagonismo.
Santos para transformar la realidad
En su exhortación apostólica sobre “El llamado a la santidad en el mundo
actual”, el Papa Francisco destaca que la santidad tiene sus riesgos, desafíos
y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros, el Señor nos eligió «para que
fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4)”.
Y ser santo no es tener rostros de figuras de las estampitas que compramos por
ahí. No, queridos hermanos y queridos jóvenes. Todos podemos ser santos: Aun
cuando podamos pensar que nuestra existencia no tiene un gran valor por todos
los pecados cometidos. Todos podemos vivir y llegar a la santidad.
El Santo Padre nos dice que para ser santo hay que ir contracorriente; hay que
saber llorar, es salir de la lógica “del pare de sufrir”, que nos hace gastar
“muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el
sufrimiento". El ser santo nos hace salir de la corrupción espiritual y
material, de todo aquello que nos causa mal y ofende a Dios.
Un santo defiende a los indefensos: al no nacido, pero también al nacido en
miseria; defiende a los migrantes, busca la justicia; ora, vive y ama a la
comunidad; es alegre y tiene sentido del humor; lucha siempre, sale de la
mediocridad, vive la misericordia de Dios y la comparte con el prójimo.
Ser santo no es un mito, es una realidad palpable. El testimonio de vida de
santos y santas de la JMJ son una prueba de ello: San Martín de Porres, Santa
Rosa de Lima, San Juan Diego, San José Sánchez del Río, San Juan Bosco, Beata
Sor María Romero Meneses, San Óscar Romero, Juan Pablo II. Todos ellos nos
muestran que es posible la vida de santidad, en todas las culturas y etnias,
sin diferencia de sexo, ni de edad. La entrega generosa de sus vidas por Dios y
el prójimo les hizo llegar a la santidad.
No tengamos miedo queridos jóvenes, tengan el coraje de ser santos en el mundo
de hoy, con esto no renuncian a su juventud o su alegría; todo lo contrario,
mostrarán al mundo que es posible ser felices con tan poco, porque Jesucristo,
la razón de nuestra felicidad, ya nos ganó la vida eterna, con su Resurrección.
Queridos jóvenes que se han preparado para la Jornada Mundial de la Juventud,
los invito para que estén dispuestos a vivir desde este momento con la humildad
y disponibilidad de creyentes esta histórica experiencia en este istmo
panameño, donde hace más de 500 años llegó la fe. Esperamos que hoy podamos
decir al concluir la JMJ que hemos enviado al mundo esos nuevos discípulos de
Jesucristo para irradiar en toda la tierra la alegría del evangelio. El
evangelio de la misericordia y el amor de Dios. Durante estos días la ciudad
Panamá será una gran “Casa de oración y de promoción cristiana”. La palabra de
Dios resonará en todos los momentos y por todas las esquinas de Panamá.
Todo está preparado para vivir la fiesta del amor de Dios en medio de nosotros.
Pero no olviden que quien nos va a llevar de su mano será María, y el papa
Francisco como vicario de Jesucristo, nos afianzará y confirmará en la fe.
Material complementario:
- Archivo con el texto de la homilía de la Misa de
Bienvenida a los peregrinos.
- Link con el video de la Misa de Bienvenida: #JMJestáAquí

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