“Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Evangelio del día)

Fiesta de la Epifanía del Señor, hoy el Evangelio nos pone de modelos a estos magos venidos de oriente, que de forma incansable buscaron la luz del Señor hasta encontrarle, y es curioso que los más atentos fueron estos magos y no los judíos, que desde hace mucho tiempo esperaban al Mesías, y son estos hombres que vienen desde tierras lejanas, los que viajan, recorriendo tanto camino, saliendo al encuentro del Rey de Reyes.

Decía San Juan Crisóstomo : "Los Magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino. Y esto nos deja una gran lección válida para nuestro tiempo, muchas veces quienes estamos “más cerca de la Iglesia” no nos damos cuenta que Dios viene a nuestras vidas y nos visita día con día, no somos capaces de reconocer esas señales, detalles de amor que nos demuestra y su constante paso frente a nuestras vidas. Eso le pasó al pueblo de Israel, esperaban un Mesías al que no estaban precisamente esperando, porque llego y no estaban atentos a las señales, esto también a nosotros nos puede pasar, podemos estar “en los caminos del Señor” y no precisamente estar conscientes y atentos, a las señales de Dios en nuestras vidas.

La Estrella es esa señal que pone Dios y que anuncia a todos los pueblos la venida del Mesías. Hoy esa luz sigue brillando e iluminando a todos los pueblo, es el Evangelio y muchas veces los “de cerca” no estamos atentos, nos volvemos insensibles ante su luz, corremos el riesgo de convertirlo en algo común, rutinario y sin sentido en nuestras vidas.

¿Cuantas veces dejamos de tener una espera consciente en el Señor, nuestra fe se transforma en una costumbre vacía?, incluso acomodada. Me pongo a pensar en cuanto tiempo, cuanto camino debieron recorrer estos magos, hasta dar con el Mesías, incluso un dato interesante se dejaron sorprender por el Señor, le buscan donde se supone que nacería un rey, en un palacio, pero siguen la luz de la estrella hasta encontrarle en un pequeño establo y ahí le reconocen y les ofrecen sus presentes, dice la Escritura “vieron al niño con María, su madre y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Evangelio del día)

Y nosotros ¿Qué actitud tomamos? ¿Cómo vivimos nuestra fe?, ¿Somos conscientes de que Dios que sale siempre a nuestro encuentro, que está más cerca de nosotros de lo que podríamos creer? A veces tan cerca, que no nos damos cuenta, que nos da señales tan visibles que no sabemos interpretar porque nos falta tener ojos atentos y un corazón dispuesto para dar el paso, encontrarle y no basta con encontrarle; me pongo a pensar si hubiera sido en nuestro tiempo, algunos de nosotros llegaríamos, nos haríamos un selfie ante el pesebre para el Instagram o el Twitter y a seguir como si nada. Eso no hicieron los magos, ellos dejan sus presentes, dejan lo que traen, sus regalos, no les movió solo una curiosidad vacía o farandulera, querían encontrar al Rey y presentar sus ofrendas, nosotros no podemos decir que hemos encontrado a Cristo, sin ofrecer al Señor nuestra vida, no podemos decir que le reconocemos sin dejar nuestro tesoro en manos del Señor.

El Documento conclusivo de Aparecida de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano nos señala el itinerario del proceso de formación de los discípulos y misioneros, este camino parte del encuentro personal con Cristo que nos lleva a la conversión como respuesta de quien se ha encontrado y de ahí al discipulado, a la comunión y a la misión. (Aparecida 278). Nosotros comos los Magos de oriente debemos partir de ese Encuentro con Cristo que nos marca la vida, que lleva incluso a cambiar su caminar, los Magos se van por otro camino, conversión; no regresan ante Herodes, quien quería matar al Niño; este proceso maduro incluso de escucha y dejarse enseñar por Dios "habían recibido en sueños un oráculo" les hace vivir el discipulado; van de regreso a sus tierras, países, hogares, van con los suyos, se transforman en los primeros discípulos y misioneros que luego de un encuentro personal con ese Niño Dios comparten el Encuentro de esa Vida Nueva que han recibido en Belén, viviendo así la comunión y misión.

En nuestra realidad nacional, me surge una pregunta ¿Si Nicaragua fuera un mago de oriente en  busca del Señor, que le ofrecería al encontrarle? Ojala le ofreciéramos al Señor, la ofrenda de Paz, Justicia y Perdón. Pero no una paz de palabrería, sino una paz autentica que mira al otro como un hermano y que favorece el respeto a su integridad como persona e Hijo de Dios, una paz que no habla de amor, mientras insulta, ofende y denigra a los otros, una paz que respeta y valora la vida y la libertad del otro. Le deberíamos llevar a ese niño Dios la virtud cardinal de la justicia que es, la búsqueda del bien y la verdad para mi prójimo, reconocimiento del valor del otro, estar atento a su dolor y sufrimiento, sensible, buscando ser consuelo y remedio a sus males; justicia que no es el uso o la imposición de la fuerza sobre el otro, sino que es caridad y verdad. Ojala le pudiéramos llevar el regalo del perdón, que no es olvido o impunidad, sino que es producto de una verdadera y autentica reconciliación, que parte de la verdad, ese perdón que libera y que rompe las cadenas del odio.

Este día podríamos preguntarnos: ¿Estas atento a las señales que Dios te envía? ¿Qué le regalarías al Señor en este día? Y ojala que no solo este día sino que cada día de nuestra vida.

Ama mucho, Dios les bendiga

HIMNO
Estrella nunca vista se aparece
a los remotos magos orientales,
y, al juzgar de los fuegos celestiales,
otra lumbre mayor los esclarece.

Nacido sacro Rey se les ofrece,
con nuevas maravillas y señales,
para que reverentes y leales
la obediencia le den como merece.

Parten llevados de la luz y el fuego,
del fuego de su amor; luz que los guía
con claridad ardiente y soberana.

Subió al trono de Dios el pío ruego,
y, llenos de firmísima alegría,
vieron la luz de Dios por nube humana.

Gloria y loores por la eternidad
tribútense a la Santa Trinidad. Amén.




Escrito por:

Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León
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