Nosotros por el contrario somos ciudadanos del cielo… (Filipenses 3, 17 -4,1)

Vamos avanzando en este encuentro Cuaresmal, el Evangelio de este día resulta como una luz de lo que será la Pascua, hoy Jesús se Transfigura ante sus discípulos y les muestra una pequeña parte de su gloria.

Hoy también la Palabra de Dios nos ubica ante nuestra identidad de cristianos, nos revela quienes somos y a quien seguimos, nos hace trascender de aquello que ven nuestros ojos físicos a lo que podemos alcanzar a ver con los ojos de fe. Hasta antes del momento de la transfiguración los discípulos habían visto a Jesús como un hombre, tal vez como un gran hombre, más como un profeta poderoso, pero hoy le miran tal cual es, es así que la Transfiguración será una etapa importante de maduración de los discípulos y desde ellos para todos nosotros.

Cuando comenzamos a seguir a Jesús, es tal vez su mensaje el que nos impresiona, puede ser igual a los que le seguían en aquel entonces, nos atraen los milagros del maestro, aquello que nos pueda dar, aquello que podemos ganar con seguirle, esa es una etapa, pero el cristiano no se puede quedar en esa visión, esa no puede ser la meta. El camino siguiendo al maestro nos llevara en algún momento al Tabor, a vivir ese instante de enorme consolación donde le descubrimos en su gloria, le vemos con ojos nuevos, nuestro amor se purifica y le confesamos como Camino, Verdad y Vida.

La Transfiguración también nos invita a un cambio de vida profundo, desde esta experiencia nos damos cuenta que somos ciudadanos del cielo, el cristiano no puede quedarse con aquellos ropajes mugrientos que nos ofrece el mundo, el cristiano debe limpiar sus vestidos, purificarse -y que propicia es la Cuaresma para esta tarea: vida sacramental, penitencia y oración es el camino- Cada vez que vivimos una Eucaristía, cada vez que nos confesamos subimos de nuevo al monte Tabor, nos Transfiguramos con Cristo, recibimos nuevas fuerzas para seguir como Jesús por ese camino que nos lleva al Calvario, a la muerte, pero que es también camino de Resurrección.

El Tabor y El Calvario están estrechamente unidos es parte de la pedagogía de Dios para llevarnos a madurar en la Fe, describen esos dos momentos importantes en el discernimiento espiritual: la consolación y la desolación, el Tabor es fuerza para el camino y esperanza en el futuro a pesar que se ciernan sobre la humanidad nubes oscuras y sombras de muerte, aun cuando vivimos momentos difíciles y pareciera que la maldad, la violencia, las injusticias y la locura dominan el mundo, ante esas visiones tenebrosas hoy se nos presenta este anticipo que nos hace gustar desde ya la derrota definitiva del demonio, el mundo, el pecado y la muerte. Podemos ver desde el Tabor más allá del Calvario, a travesar el misterio del Jueves y Viernes Santo, el Silencio del Sábado y llegar hasta ese Domingo de Resurrección, así el Tabor es camino por la Cuaresma rumbo a la Pascua, esta visión nos reconforta y nos asegura que el Reino de Dios ha llegado.

La Transfiguración, nos hace ver la llegada de ese Reino de Dios que nuestro Salvador nos anuncia y se manifiesta ante los expectantes discípulos ¡Ha llegado! Este Reino de Dios es el “Ya” pero todavía “No”, es decir es el Reino Incoado, el reino que ha llegado pero que todavía no ha alcanzado su plenitud, ese es el anuncio de Jesús y se manifiesta en toda su vida, en sus milagros, predicación, en su Pasión y Muerte, pero también de forma especial en la Transfiguración y Resurrección. Nuestra labor evangelizadora es un eco de ese anuncio, nos unimos a Dios en ser Proyecto de Amor, Comunión y Misión para el mundo, nos transfiguramos con Él y somos su imagen, nos transformamos con Él en Sacramentum Mundi, reflejo de ese Dios que se Transfigura y que entra en comunión con la humanidad a establecer el Reino sobre la tierra.

Meditando en la Transfiguración por el camino Cuaresmal nos acercamos a un oasis que nos prepara y refresca, que nos purifica para adentrarnos en el camino al Calvario, del Tabor a la Cruz. Como a Jesús se nos presenta una visión de lo que serán los días de la Pasión, vemos el Calvario, pero también distinguimos a lo lejos un pequeño huerto con una tumba nueva labrada sobre la roca, una tumba que recibió el cuerpo destrozado de un hombre, una tumba que albergo en sus entrañas al mismísimo Dios, una tumba vacía y desde la que se sigue gritando ¡Resurrección! El Tabor es una estación cuaresmal de profundo aprendizaje y maduración en la Fe.

Hoy subamos con Jesús al Tabor, vivamos este tiempo de consolación que nos prepara a la desolación del Viernes Santo, escalemos el Tabor pero también bajemos al mundo, bajemos a la ciudad, a la calle, entre los que sufren y esperan la definitiva liberación, no hagamos chozas sobre el monte, no nos acomodemos aunque sintamos esa tentación, todavía queda camino antes de gustar para siempre de Él, hoy debemos ser en el mundo germen de transfiguración, anuncio gozoso que ha llegado el tiempo de Dios, que su Reino ya está entre nosotros aun cuando caminamos al Calvario, aun cuando todavía nos queda camino, aun cuando todavía llevamos la Cruz a cuesta, aun cuando pareciera que la muerte y el pecado tienen la última palabra. La Transfiguración abre los ojos de los discípulos y les prepara a las visiones desgarradoras que presenciaran en la Pasión, quedara en su memoria esa imagen y alcanzara todo su significado en la Pascua, Pedro recordará muchos años después en su segunda carta a las Iglesias: - Si os hemos dado a conocer la venida poderosa de nuestro Señor Jesucristo, no ha sido siguiendo cuentos fantasiosos, sino porque fuimos testigos de vista de su majestad. Cuando recibió de Dios Padre honor y gloria, y de aquella magnifica gloria salió la poderosa voz: ¡Éste es mi Hijo amadísimo en quien tengo todas mis delicias! Y fuimos nosotros quienes oímos esta voz cuando estábamos con él en la montaña santa. (2 Pedro 16, 17)

Hoy con el Salmista nos podemos decir unos a otros: Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. (Salmo 26)

Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS



Escrito por:

Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León
Twitter: @Netor_Esau
Instagram: @nestorvelasquez
YouTube: Esaú