Cuando nos
detenemos en el segundo Misterio doloroso nos encontramos ante una de las
escenas de mayor crueldad, Jesús es atado a la columna y azotado, este momento
meditando el Santo Rosario nos hace pensar en el drama del pecado y sus consecuencias, sobre todo en nuestra
relación con Dios.
Entonces tomó Pilatos a Jesús, y le hizo azotar (Jn 19, 1)
El Evangelio no dice más. No
necesitaban más pormenores los primeros cristianos, porque bien sabían que el
tormento de los azotes era horriblemente doloroso y vergonzoso. Doloroso, por
los brazos que azotaban y por los instrumentos empleados. Eran éstos el flagrum
y el flagellun. El flagrum consistía en dos ramales de cuero con dobles bolas
de hierro en ambas puntas. El efecto que producía sobre las espaldas del
condenado aparece descrito en los autores, romanos, con palabras que significan
aplastar, machacar, confundir, destrozar. El flagellun –diminutivo de flagrun-
era de nervios de buey entrelazados y armados a lo largo de huesecillos o
ruedecitas de metal. Su efecto sobre las carnes era cortar, abrir, desgarrar.
Vergonzoso, por imponerse únicamente
a los vencidos y a los esclavos (no a los ciudadanos romanos), después de
haberlos desnudado de todo el cuerpo o a lo menos de la cintura para arriba.
Tormento de tanta vergüenza y dolor, que Cicerón lo llamó la mitad de la
muerte, y de hecho morían a veces bajo el horrible flagelo. Los que escapaban o
quedaban con vida quedaban rotos, enrojecidos, magullados, lanzando aullidos
espantosos y palpitando convulsiones de agonía. No sólo a las espaldas, sino a
los brazos, pecho, piernas y a todos los miembros del azotado llegaban las
horribles uñas del látigo, movido por lictores sin piedad.
Meditando este Misterio y recorriendo
las escenas de la Pasión descubrimos que estas se actualizan nuevamente en
nuestros tiempos, hoy Jesús vuelve a ser atado a la columna y azotado por
nuestras faltas y pecados, dirá la Escritura: “A quien no conoció pecado, le
hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él” (2
Cor 5, 21). Dios Padre hizo a su Hijo víctima propiciatoria para que quedase
satisfecha la justicia por los pecados de los hombres: La frase “le hizo pecado
por nosotros significa” que le dio a Él – totalmente inocente – el trato que
merecíamos nosotros. Cargó sobre su Hijo la responsabilidad de nuestros
pecados, sin que esos pecados tuviesen ninguna relación intrínseca con Él. Con
lenguaje tomista diríamos que Jesús asumió como propios los efectos del pecado
humano sin ser su causa de ninguna forma.
Jesús atado a la columna, Jesús
azotado en ella, nos recuerda el peso de nuestras propias faltas, las que
cometemos todos los días, aquellas escondidas e inconfesables, aquellas más
visibles y evidentes, hoy también nuestro Salvador sigue siendo azotado, se
actualiza el Calvario y la Pasión cada vez que causamos esa ruptura con Dios
con nuestros hermanos y con nosotros mismos, Jesús vuelve a recibir los azotes,
esa es la consecuencia del Pecado, aquel que no cometió pecado se hizo pecado.
¿Cuáles son los azotes que recibe hoy Jesús por nuestra culpa?
Nuestra Soberbia, el ser humano se
yergue como si fuera Dios, el hedonismo, el egoísmo y el ídolo del yo es lo que
persigue el mundo y los que se dejan fascinar por el ídolo del poder y el
placer. Hoy Jesús es azotado incluso por personas dentro de la Iglesia que
creen que seguir a Jesús es igual a comodidad y a interés en lugar de amor y
servicio, que muchas veces lleva a la incomodidad y al sacrificio. Algunos
intentan predicar un Evangelio desencarnado y acomodado a sus propios intereses
y pecados, transforman la Iglesia en un club, en un grupo de élite, en lugar de
ser el lugar de los discípulos y misioneros, en lugar de ser para el mundo Proyecto de Amor, Comunión y Misión.
Jesús vuelve a ser azotado por la
indiferencia de aquellos que alejan la mirada ante las injusticias y maldad.
Nuestro mismo Señor fue víctima de esas injusticias, ¿Cuantos judíos conocían
la inocencia de Jesús? ¿Cuántos le defienden? El silencio también hace
cómplices, el silencio también es azote para el que sufre. Muchos por
comodidad, por dinero, por cuotas de poder e intereses participan con su
silencio de las injusticias del mundo, intentan callar la voz de sus
conciencias que aun adormecidas siguen gritando y siguen clamando al cielo.
Jesús padece atado a la columna
nuevamente por mi falta de coherencia, ¿Cuántos cristianos viven como si no lo
fueran? Esas doble vidas, delante de los hermanos somos uno y a espalda de
ellos otros ¿Cuántos hablan del amor y vida aun cuando guardan rencor al
hermano? ¿Cuántos se dicen Cristianos y a la vez promueven el odio la división
y la violencia? Aun aparentando buenas intenciones, aun dentro de la misma
Iglesia. El Cristiano verdadero debe ser partícipe de la Civilización del amor
que se opone a la cultura de muerte que nos ofrece el mundo, no es compatible
la vida y muerte. Jesús padece nuevamente producto de nuestros escándalos y por
nuestra falta de ser luz para el mudo. Cuando sembramos en el mundo oscuridad y
muerte, servimos de instrumento del maligno, cuando no asumimos el compromiso
de vivir nuestra Fe Cristiana hasta sus últimas consecuencias.
Hoy de nuevo Jesús padece azotes en
el cuerpo de aquellos que sufren, en los pobres, en los enfermos, en los
marginados y los descartados por la sociedad; en aquellos que son perseguidos,
en los que sufren en situaciones de riesgo y violencia, hoy Jesús padece en los
pueblos que son oprimidos, en los torturados, en las madres que lloran, en sus
familias. Jesús padece nuevamente en el cuerpo de aquellos incomprendidos y
arrojados a las periferias de nuestra sociedad, padece incluso en aquellos que
prisioneros del pecado, ven sus cuerpos padecer por consecuencia del pecado,
aquellos que no encuentran esperanzas y muchas veces ni consuelo, Jesús asume
los azotes como propios para que nuestro ser no reciba el peso de esas culpas,
para que nuestras vidas sean rescatadas de la muerte.
Jesús es atado a la columna, para
liberarnos a nosotros del pecado y sus consecuencias, Jesús se deja atar a la
columna para librarnos de la muerte y sanar nuestras heridas, el cuerpo de
Jesús es destrozado por los azotes para que nosotros recuperemos la salud, la
vida y volvamos de nuevo al paraíso. Jesús se deja atar a la columna como
prueba de amor, para desatarnos de la columna de muerte a la que estábamos
atados, para que seamos libres.
El Profeta Isaías dirá:
1 ¿Quién podrá creer la noticia que recibimos? Y la obra mayor de Yavé,
¿a quién se la reveló?
2 Este ha crecido ante Dios como un retoño, como raíz en tierra seca. No
tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era
como para cautivarnos.
3 Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y
familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve
la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él.
4 Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros
dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y
humillado,
5 y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por
los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus
llagas hemos sido sanados.
6 Todos andábamos como ovejas errantes, cada cual seguía su propio
camino, y Yavé descargó sobre él la culpa de todos nosotros.
7 Fue maltratado y él se humilló y no dijo nada, fue llevado cual cordero
al matadero, como una oveja que permanece muda cuando la esquilan.
8 Fue detenido, enjuiciado y eliminado ¿y quién ha pensado en su suerte?
Pues ha sido arrancado del mundo de los vivos y herido de muerte por los
crímenes de su pueblo.
9 Fue sepultado junto a los malhechores y su tumba quedó junto a los
ricos, a pesar de que nunca cometió una violencia ni nunca salió una mentira de
su boca.
(Isaías 53, 1-9)
Es el Evangelio según San Marcos el
que nos dice: Pilato, queriendo complacer
a la multitud, les soltó a Barrabás; y después de hacer azotar a
Jesús, le entregó para que fuera crucificado. (Mc. 15, 15) los
azotes de Jesús son también la consecuencia de la elección que realiza la
muchedumbre, gritan ¡Barrabas! ¡Barrabas! eligen a Barrabas por sobre Jesús.
Los azotes y muerte de Jesús es también la consecuencia de la elección de
Pilatos, prefiere elegir la injusticia, escucha el clamor de los malvados, de
aquellos que cuidan sus intereses, de aquellos que atizan a las turbas que
repiten consignas llenas de odio, que hablan de amor y paz con violencia, las
portátiles de animadversión de este y de todos los tiempos.
Jesús hoy vuelve a ser azotado nuevamente
y también seria condenado si hubiera nacido en nuestro tiempo, su mensaje es
incómodo, incomprensible, demasiado exigente. Algunos hoy callarían por miedo,
otros guardarían silencio por sus propios intereses, también estaría la turba
que se deja atizar por menos que migajas, que siguen a los que dictan la
propaganda y consignas del momento. Hoy también gritaríamos ¡Barrabas! Porque
no nos conviene un Jesús vivo, porque el mundo sigue pensando que es mejor
callar la voz de los inocentes que hacer justicia, porque sigue siendo más
importante el poder y el dinero que las personas, por eso se aborta, se
asesina, se esclaviza, se prostituye, se viola y se tortura; por eso se sigue
eligiendo a ¡Barrabas! y no a Jesús.
A pesar de lo trágico y doloroso del
momento de los azotes, crucifixión y muerte también resuena para nosotros la
Palabra del Evangelio según San Lucas: y
después de azotarle, le matarán, y al tercer día resucitará. (Lc. 18, 33).
La muerte no tiene la última Palabra, a pesar de los azotes y la muerte el
final del camino es Resurrección y Vida. Las llagas cicatrizaran, también las
llagas que padece nuestro pueblo se cerraran, las llagas del pecado serán
curadas y el único grito que perdurara será el de ¡Resurrección!
Meditación para la Comunidad Cristiana San Ramón y su
Itinerario de Formación.
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Netor_Esau
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón

0 Comentarios