En aquel
tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta
días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto. (Evangelio de San Lucas 4,
1).
El primer
Adán fue expulsado del paraíso al desierto..., el segundo Adán [Jesucristo],
viene del desierto al paraíso..., la muerte por un árbol, la Vida por la Cruz, San
Ambrosio, Trat. Ev. Lc 4,7. 1 Domingo de Cuaresma.
Comenzamos
el Sagrado tiempo de la Cuaresma, un tiempo que será propicio para ir meditando
en los misterios centrales de nuestra Fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de
nuestro Señor Jesucristo de igual modo la Cuaresma se nos presenta como un
tiempo propicio de Conversión.
El
Evangelio de este domingo nos lleva precisamente al desierto, el escenario especial
del pueblo de Dios, un lugar de encuentro, pero a la vez un lugar donde se
prueba la fe.
El desierto
en un significado teológico representa: Un lugar donde el ser humano
experimenta su propia vulnerabilidad y se encuentra en el desamparo, sin los
acostumbrados apoyos de manera que confronta su propia mortalidad (1 Rey 19,4;
Sal 107,5). Por ser un lugar sin agua (Dt 8,15) - por lo menos el "desierto"
en sentido geográfico- el hombre experimenta su propia debilidad y necesidad en
la forma más imperiosa en la sed. Según Saint Exupéry, "la significación
última del desierto es la de crear la sed". Y los salmos hablan tanto del
desierto (Sal 63,1; 143,6) como de la sed (Sal 42,1) como metáforas de la
necesidad urgente que el ser humano siente de Dios.
El desierto es más que un
lugar de retiro, ya que por su extensión y por su aspereza tiene valores
propios... Lleva en sí el signo de la pobreza, de la austeridad, de la
sencillez más absoluta; el signo de la total impotencia del hombre, que
descubre su debilidad porque no puede subsistir en el desierto y se ve obligado
a buscar su fuerza y su amparo en Dios solo... El desierto es una tentativa de
avance desnudo, desasido de todo apoyo humano, en la carencia de todo sustento
terrestre, incluso espiritual, para encontrar a Dios... (R. Voillaume, citado
por de Fiores, p. 346).
Y que adecuado es comenzar
el tiempo de la Cuaresma en este domingo retirándonos también al desierto, el
Evangelio de hoy nos presentara como punto central las tentaciones de Jesús y
como Jesús vence estas incitaciones del demonio, tentaciones que también nosotros
mismos padecemos y sufrimos día con día, por ello el desierto también representa
ese lugar donde se presta el combate espiritual, el lugar donde nos enfrentamos
a nuestros propios demonios. En el plan de Dios el desierto es prueba, no para
hacer caer al hombre (Stgo 1,13-15) sino para hacerle madurar, para templarlo
en el crisol y así fortalecer su propósito (1 Rey 19,7-15; cf. Judit 8,25-27).
Por ello el desierto es el
lugar especial para el encuentro con Dios, el lugar de la purificación y es que
hemos comenzado este recorrido Cuaresmal, la meta es clara llegar a la Pascua,
pero debemos transitar y prepararnos a este camino precisamente ingresando en
nuestro propio desierto o lugar interior donde nos encontremos con nosotros
mismos y con nuestras propias debilidades, descubramos la compañía de Dios, que
se hace presente en nuestro desierto, así como acompañó al pueblo de Israel,
así como manifestó su gloria hasta llevarles a la tierra prometida, así Dios
nos ira preparando, purificando a lo largo de este itinerario Cuaresmal.
La Cuaresma se nos presenta
como un enorme ejercicio espiritual, un itinerario y camino, me gusta comparar
este tiempo a un gran retiro que nos acerca más a Dios, un retiro que se
transforma para nosotros en ese sendero que recorre el hijo prodigo de regreso
a la casa del Padre, un momento en nuestras vidas para volver a ver las pruebas
de Amor que Dios nos ha dado, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a
su Hijo unigénito (Jn. 3,16).
Tendremos muchas
tentaciones, contemplaremos si vivimos de forma correcta este tiempo nuestras
propias miserias, se harán evidentes, pero también descubriremos la fortaleza
que viene de Dios si nos agarramos fuerte de la Oración y de la Penitencia. Así
el desierto se transforma en lugar de gloria, en camino hacia la Pascua.
"Que se alegren el
desierto y la tierra seca, que con flores se alegre la pradera. Que se llene de
flores como junquillos, que salte y cante de contenta, pues le han regalado el
esplendor del Líbano y el brillo del Carmelo y del Sarón. Ellos a su vez verán
el esplendor de Yavé, todo el brillo de nuestro Dios. Robustezcan las manos
débiles y afirmen las rodillas que se doblan. Díganles a los que están
asustados: «Calma, no tengan miedo, porque ya viene su Dios a vengarse, a
darles a ellos su merecido; él mismo viene a salvarlos a ustedes.» Entonces los
ojos de los ciegos se despegarán, y los oídos de los sordos se abrirán, los
cojos saltarán como cabritos y la lengua de los mudos gritará de alegría.
Porque en el desierto brotarán chorros de agua, que correrán como ríos por la
superficie. La tierra ardiente se convertirá en una laguna, y el suelo sediento
se llenará de vertientes. Las cuevas donde dormían los lobos se taparán con
cañas y juncos... Por allí pasará una buena carretera, que se llamará el camino
santo; por él no transitará ningún impuro, y el sinvergüenza no se atreverá a
pisarlo;" (Isaias 35, 1-8).
Cuaresma es camino de
esperanza, sendero que nos lleva a la Cruz, pero que también anuncia el triunfo
sobre el pecado y la muerte, Cuaresma es camino a morir a mi soberbia, egoísmo y
descubrir la vida nueva que nos ofrece Dios, Cuaresma es camino de penitencia
pero es señal segura de purificación, Cuaresma es camino de Pascua, es tránsito por la muerte hacia la vida,
Cuaresma es promesa y camino seguro a una tumba que se encuentra vacía y que es
testigo para el mundo que la vida vence a la muerte, que el desierto más árido
con Cristo se transforma en el bosque más fecundo, Cuaresma es esperanza al
pecador y sendero que conduce a la casa del Padre.
Ojala tengamos el propósito de
vivir esta Cuaresma como una oportunidad, que la vivamos intensamente y
descubramos el Amor inmenso de Dios que nos acompaña en los desiertos que nos
toca a travesar en nuestra vida.
Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado
y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León
Twitter: @Netor_Esau


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