Todos hemos escuchado ante la
decepción por un mal ejercicio de alguna profesión: es que fulano no tiene
vocación y, sin duda, es necesario entender esto, pues la vocación es diferente
a la profesión. De la vocación solo hay cuatro áreas, a saber: el llamado al
matrimonio, el llamado a la vida consagrada, el llamado al orden, y el llamado
a la vida laical. Dentro de estas llamadas se desarrolla un modo de convivir,
de desarrollarte, de ingerir, de interactuar en sociedad esto viene siendo la
profesión, la actividad en la que encontrarás un modo de realizarte,
que aunado a tu vocación te llevará hacia la búsqueda de la plenitud. Yo puedo estar casado, pero quizás de profesión soy doctor,
licenciado, arquitecto, etc., esto es un reflejo claro de la vocación y
profesión. Cada uno es llamado a hacer algo en la vida.
La vocación es un misterio… una cierta manera
de vivir la vida, comprenderla y ordenarla a un servicio, pero la llamada
origen de la vocación no emana de la propia persona como pasa en la profesión,
ésta solo puede recibirla y aceptarla libremente. En la Biblia encontramos
diversos llamados, con sus respetivas respuestas y sus miedos, sus
limitaciones, sus temores, sus impotencias expresadas que sin duda incrementan
el misterio que de por sí,
trae consigo el llamado.
Seminarista
José Luis Rubio,
Pto.Escondido, Oaxaca, México

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