Meditando el Evangelio de Lc. 19, 28 – 40 y Lc. 22, 14 — 23, 56
Entrada mesiánica en Jerusalén…

Jesús entra a Jerusalén, meditamos en los días más intensos de la vida de nuestro Señor y su entrada triunfal en la Ciudad Santa, pero también la Palabra de Dios nos ubica ante un espejo de nuestra vida Cristiana, en el Domingo de Ramos se meditan dos Evangelios; para la bendición y procesión meditamos - Lc 19, 28-40 y en el momento de la Liturgia de la Palabra meditamos -Lc 22, 14 — 23, 56, Evangelio que nos habla precisamente de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

Alguno podría pensar que es una gran incoherencia, primero vemos la entrada triunfal de Jesús, y luego su dolorosa Pasión, —Como que no encaja ¿No creen? Así parece, pero la verdad es una pedagogía muy hermosa de nuestra Iglesia que es Madre y Maestra y que hoy nos pone la Palabra como espejo de nuestra propia vida. El mismo pueblo que gritaba a Jesús: “Bendito el que viene en nombre del Señor” (Lc. 19, 38) es el que elegirá unos días después a Barrabas y gritaran pidiendo la muerte para Jesús ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! (Lc. 23, 21).

Así es muchas veces nuestro caminar, en algunas ocasiones alabamos a Dios, nos sentimos tan bien con Jesús; acabamos de vivir un retiro, un momento de mucha emoción, un favor o gracia obtenida y en esos momentos gritamos como el pueblo de Jerusalén recibiendo a Jesús el Domingo de Ramos, pero en los momentos de prueba y dificultad, en los cuales debemos permanecer fieles, muchas veces nos echamos para tras e incluso renegamos de nuestra fe, de esta manera la Palabra hoy nos hace un llamado a la coherencia y a la auténtica vida Cristiana.

La Fe Cristiana no es una fe de molote o de veletas, es decir no es una fe de la sensación, de la bulla o de la moda del momento, a veces la gente se deja guiar por el ruido, donde mira alboroto ahí se mete; así no es la Fe Cristiana. —Me pongo a pensar que en el domingo de ramos (Del tiempo de Jesús) había mucha gente que se había colado solo porque había bulla en la entrada de Jerusalén—, eso les llama la atención y les entretiene y esa misma gente que se deja guiar como cometa por donde va el viento, el Viernes Santo gritaran pidiendo la muerte de Jesús. Esta podría ser una primera lección para nuestras vidas. Debemos ser Cristianos auténticos, que viven su Fe, no por sentimientos o emociones, sino por convicción y amor.

También la Palabra de Dios nos indica la centralidad de la vida Cristiana, el centro de nuestra Fe es la Cruz, los misterios centrales de nuestra creencia son: la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Muchos quieren una Fe sin Cruz, una Fe sin Calvario, una Fe así, es vacía y no es el camino que nos vino a enseñar nuestro Salvador, el camino del Maestro pasa precisamente por el Calvario para llegar al Domingo de Resurrección. El poeta Antonio Machado en su poema la Saeta nos presenta un estilo de vida sin cruz:

¡Oh, la saeta, el cantar 
al Cristo de los gitanos, 
siempre con sangre en las manos, 
siempre por desenclavar! 
¡Cantar del pueblo andaluz, 
que todas las primaveras 
anda pidiendo escaleras 
para subir a la cruz! 
¡Cantar de la tierra mía, 
que echa flores 
al Jesús de la agonía, 
y es la fe de mis mayores! 
¡Oh, no eres tú mi cantar! 
¡No puedo cantar, ni quiero 
a ese Jesús del madero, 
sino al que anduvo en el mar!

El poeta nos habla de una Fe sin Cruz, una fe superficial que se queda solo con procesiones, flores y manifestaciones de Piedad Popular, tradiciones de pueblo pero que desprecia la Cruz, quiere quedarse con lo sensacional, lo extraordinario y llamativo, pero  desprecia aquello que nos invita al sacrificio, eso no llama la atención, suena como anticuado y hasta ridículo para nuestro tiempo y esa no es la Fe Cristiana, ¿Cuantos Cristianos viven así? Una fe acomodada y por costumbre pero vacía de su sentido, una fe sin Cruz y por ende una fe sin Resurrección.

"No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna" (Jn 12, 15; cf. Za 9, 9).

Jesús entra a Jerusalén como el Rey de los pobres y los sencillos, no es el Reinado que espera el mundo, el mundo pone el dinero y el poder antes que las personas, este Rey entra en la ciudad Santa para hablarnos de la ley del Amor, en los próximos días nos enseñara que no vino a ser servido, a recibir de nosotros, sino que vino a entregarse por Amor, la Ley y su Reino que ha llegado es el Amor, un Amor que redime y resucita, un amor que vence al pecado y la muerte.

Benedicto XVI en la homilía del Domingo de Ramos del año 2006 nos dice: "Jesús entra en la ciudad santa montado en un asno, es decir, en el animal de la gente sencilla y común del campo, y además un asno que no le pertenece, sino que pide prestado para esta ocasión. No llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo, como los grandes del mundo, sino en un asno prestado. San Juan nos relata que, en un primer momento, los discípulos no lo entendieron. Sólo después de la Pascua cayeron en la cuenta de que Jesús, al actuar así, cumplía los anuncios de los profetas, que su actuación derivaba de la palabra de Dios y la realizaba. Recordaron -dice san Juan- que en el profeta Zacarías se lee:  "No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna" (Jn 12, 15; cf. Za 9, 9)". 

¿Pero que es la pobreza?
También Benedicto XVI en la misma homilía nos aclarara que significa la pobreza:
"Dice que será rey de los pobres, pobre entre los pobres y para los pobres. La pobreza, en este caso, se entiende en el sentido de los anawin de Israel, de las almas creyentes y humildes que encontramos en torno a Jesús, en la perspectiva de la primera bienaventuranza del Sermón de la montaña. Uno puede ser materialmente pobre, pero tener el corazón lleno de afán de riqueza material y del poder que deriva de la riqueza. Precisamente el hecho de que vive en la envidia y en la codicia demuestra que, en su corazón, pertenece a los ricos. Desea cambiar la repartición de los bienes, pero para llegar a estar él mismo en la situación de los ricos de antes...  La pobreza, en el sentido que le da Jesús -el sentido de los profetas-, presupone sobre todo estar libres interiormente de la avidez de posesión y del afán de poder. Se trata de una realidad mayor que una simple repartición diferente de los bienes, que se limitaría al campo material y más bien endurecería los corazones. Ante todo, se trata de la purificación del corazón, gracias a la cual se reconoce la posesión como responsabilidad, como tarea con respecto a los demás, poniéndose bajo la mirada de Dios y dejándose guiar por Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (cf. 2 Co 8, 9)".  

Triunfo y fracaso
Las lecturas de este Domingo nos pone ante el dilema de la falsa prosperidad, de ser triunfadores como lo piensa el mundo y buscan muchos "Cristianos", aquellos que pretenden vivir de forma retributiva su relación con Dios, van a la Iglesia, "cumplen", ayudan a cambio de  bienestar y comodidad, intentando comprar a Dios, pero despreciando el dolor y el sufrimiento, fe de Domingo de Ramos; la fe de cuando estoy y me va bien pero sin Viernes Santo y sin Cruz. Una Fe así no es fecunda y tarde o temprano se entibia y muere, la Fe verdadera a traviesa por el misterio del Viernes, el silencio del Sábado para alcanzar la alegría del Domingo de Resurrección.

Así la Palabra de Dios nos coloca ante el tema del fracaso ¿Fracaso Jesús? Fue recibido con alegría un domingo y el viernes siguiente pedían su muerte. El Cristianismo vino a enseñarnos que aunque el bien y el amor parezca débil, incluso aunque pareciera que es  derrotado; ni la muerte, el demonio, ni el pecado tienen la ultima Palabra. El triunfo Cristiano no pasa por los aplausos, por las palmas y los logros, por lo bueno que puedan decir de nosotros, por los elogios, por tener bien mis finanzas y que todos en mi familia estén sanos, triunfar no es igual a tener y poder; triunfar es pasar por la Cruz y llegar con Jesús al Calvario. El dolor, el sufrimiento asumido con Cristo redime y no podemos maquillar la Fe, vendiéndole a la gente falsas ilusiones, la fe cristiana viene con Cruz incluida, no es solo para andarla en el pecho o tenerla bonita en la casa o el templo, hay que asumirla y cargarla.

A propósito el DOCAT en el 209, nos habla del fracaso:
¿Fracasó Jesús en la Cruz?

Jesús fue llevado a la Cruz a consecuencia de una malinterpretación religiosa y política: las autoridades judías vieron en él a un blasfemo y los romanos interpretaron sus reivindicaciones del reino de manera política. La crucifixión, sin embargo, no fue un fracaso de su misión, sino su consumación. Jesús ha renovado así los criterios del ejercicio de poder. Todas las reivindicaciones terrenales de poder son cuestionadas ante la paradoja de la Cruz, ahí donde el poder de Dios se muestra con la impotencia del Hijo torturado. Por ello, si bien se necesita de un ordenamiento político que garantice la paz, éste solo será legítimo si cumple su función de verdad y protege a los ciudadanos. El ejercicio cristiano del poder ha de llevarse a cabo, además, con espíritu de servicio y de caridad.

Vivamos estos días Santos...
¿Cuantos comienzan esta Semana Santa como un tiempo de vacaciones? viviendo estos días especiales sin sentido. Estamos entrando al misterio de amor que nos envuelve de forma especial y de nuevo en esta Semana Santa no debería pasar como una más, —Podría ser la ultima Semana Santa de nuestra vida.

El Domingo de Ramos, iniciando la Semana Santa nos pone ante varias decisiones: Madurar en nuestra fe y ante todo no vivir solo una fe de molote, de bulla y de costumbre; por otro lado también nos invita a que asumamos nuestra Cruz para seguir al maestro por el camino del Calvario y con la esperanza puesta en la Resurrección.



Escrito por:



Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Instagram: @nestorvelasquez
YouTube: Esaú