Meditando el Evangelio de Jn. 20, 19-31
Dice el Papa Francisco que: “Un poco de Misericordia hace el
mundo menos frio y más justo. Necesitamos comprender bien esta Misericordia de
Dios, este Padre Misericordioso que tiene tanta paciencia”. Celebramos el domingo
de la Divina Misericordia, acercarnos a la Palabra de Dios, es descubrir un
Dios rico en Misericordia, un Dios que ama profundamente a sus hijos y que como
el Padre que espera la llegada del hijo prodigo, ansia verle y salir corriendo
a su encuentro (Cfr. Lc. 15, 11 – 32).
El Misterio de la Misericordia atraviesa por el Misterio de la
Cruz y la Resurrección, San Juan Pablo II en su carta encíclica Dives In
Misericordia dice: “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y
actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de
restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios
desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo. Cristo
que sufre, habla sobre todo al hombre, y no solamente al creyente. También el
hombre no creyente podrá descubrir en El la elocuencia de la solidaridad con la
suerte humana, como también la armoniosa plenitud de una dedicación desinteresada
a la causa del hombre, a la verdad y al amor. La dimensión divina del misterio
pascual llega sin embargo a mayor profundidad aún. La cruz colocada sobre el
Calvario, donde Cristo tiene su último diálogo con el Padre, emerge
del núcleo mismo de aquel amor, del que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, ha
sido gratificado según el eterno designio divino. Dios, tal como Cristo ha
revelado, no permanece solamente en estrecha vinculación con el mundo, en
cuanto Creador y fuente última de la existencia. El es además Padre: con el
hombre, llamado por El a la existencia en el mundo visible, está unido por un
vínculo más profundo aún que el de Creador. Es el amor, que no sólo crea el
bien, sino que hace participar en la vida misma de Dios: Padre, Hijo y Espíritu
Santo. En efecto el que ama desea darse a sí mismo. (Dives In
Misericordia 7).
En el Evangelio de este día, Jesús les muestra a sus discípulos sus
manos y su costado (Jn. 20, 20) y trae para ellos el regalo de la paz, “La paz
este con ustedes” (Jn. 20, 21) de esa mano y de ese costado abierto por los
clavos y la lanza, brota la prueba de amor más grande que se le ha dado a la
humanidad; brota la Misericordia, que se entrega a cada ser humano como prueba
de los extremos a los que ha llegado el Amor de Dios, un Amor incluso que
permite la incredulidad, así como Tomás que no alcanza a ver al Resucitado y no cree las palabras de los discípulos pidiendo más pruebas; quiere tocar el
costado de Jesús, ver sus llagas: “Si no veo la marca de los clavos en sus
mano, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado no creeré”
(Jn. 20, 25). La Misericordia es Dios mismo que se deja tocar, permite la cercanía de
aquel a quien ama y por quien ha sufrido esas heridas de amor; es más la
Misericordia es Dios que sale al Encuentro del hombre, es interesante que en el
pasaje del Evangelio Tomás no hace mayor esfuerzo en salir a buscar al Maestro,
solo espera, es Jesús que viene exclusivamente a su encuentro ocho días después
y se deja tocar por el incrédulo (Jn. 20, 26 – 29) que ante las señas de amor
solo puede exclamar: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn. 20, 28).
La Misericordia de Dios es su Amor que permite la cercanía de
quienes ha rescatado, ya no como siervos sino como Hijos, unidos en filiación
Divina por el misterio de la Muerte de nuestro Señor Jesús y el testimonio que
dan sus llagas, esas llagas quedan como garantía para la humanidad que ante la
justicia merecida, por nuestras culpas y rebeldías se presentan ante Dios como memoria
de su Amor y deben ser para nosotros un llamado a la conversión y de
corresponder a ese Amor. Dios que se deja tocar, incluso conmover por la
debilidad humana y le recibe con sus brazos abiertos en Cruz para
demostrarle nuevamente el camino del Amor.
La riqueza del Padre para el hijo prodigo en la parábola es la Misericordia, es el don que recibe, es la herencia de amor que siempre esta dispuesto a entregar el Padre a su hijo, cuantas veces la pida y regrese a Él, a pesar de lo que haga el hijo, sin importar hasta donde llegue, siempre que regrese, siempre que vuelva al Padre obtendrá la riqueza de la Misericordia.
La riqueza del Padre para el hijo prodigo en la parábola es la Misericordia, es el don que recibe, es la herencia de amor que siempre esta dispuesto a entregar el Padre a su hijo, cuantas veces la pida y regrese a Él, a pesar de lo que haga el hijo, sin importar hasta donde llegue, siempre que regrese, siempre que vuelva al Padre obtendrá la riqueza de la Misericordia.
La Misericordia se abre para todos, todos somos titulares de ese
gracia y don gratuito e inmerecido, pero tristemente no todos la reciben,
requiere también un esfuerzo de nuestra parte, en el caso de Tomas fue quedarse
con los discípulos, esperar ocho días (Jn. 20, 8), en el caso del hijo prodigo
fue levantarse y ponerse de camino a la casa del Padre (Lc. 15, 18), para el buen
ladrón fue solo pedir que Jesús se acordara de él cuando llegara a su Reino
(Lc. 23, 40, 43). Dios sale a nuestro encuentro, extiende sus manos, alcanzar
la Misericordia esta al mínimo esfuerzo del hombre, incluso al más pequeño pero
sincero de los gestos, entonces el Padre que nos ama se desborda en amor por
nosotros, ve en nosotros el rostro de su Hijo, aparece ante Él las llagas de
Jesús que se unen a nuestras heridas, las del pecado, las de nuestra
naturaleza, lastimada y solo queda el abrazo del perdón y la fiesta de la
Misericordia. Es tan accesible la Misericordia que está a un confesionario de
distancia.
Dios paciente y Misericordioso que nos espera siempre a pesar de
nuestra rebeldía e incredulidad y que durante esta travesía por la vida nos va
extendiendo sus manos y saliendo al encuentro a cada instante para que no
perdamos el rumbo que nos lleva a su casa.
“Digan los fieles del Señor: eterna es su
misericordia” (Salmo 117, 4)
Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


0 Comentarios