Meditando el Evangelio de San Lucas 4, 16 - 21
Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo
desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para
llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos
y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el
año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y
se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él.
Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje
de la Escritura que acaban de oír". (Lc. 4, 17-21)
Nos acercamos a la Palabra de Dios, esta Palabra nos hace una
afirmación muy importante: "Hoy
mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". (Lc.
4, 21) ¿Pero a que se refiere
Jesús? ¿Qué es ese Hoy? —Podríamos
preguntarnos si ese “Ahora” aplica para nuestro tiempo—. en nuestros días esta Palabra se actualiza, la
Escritura no es una Palabra del pasado sin relación con nuestro presente y
futuro; es la Palabra del eterno “Ahora” y resuena con la misma fuerza de hace
2,000 años.
El “Hoy” de esta Palabra es su Iglesia Católica
y desde esta mediación histórica que prolonga el Misterio de Cristo se sigue
haciendo realidad la profecía de Isaías. La Iglesia es en el mundo Sacramento
de Cristo: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento
de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Concilio
Vaticano II, Lumen Gentium, 1).
Somos Iglesia, Pueblo de Dios, lugar del
Espíritu, Proyecto de amor, comunión y misión para el mundo, esta afirmación
nos trae mucha responsabilidad porque nos ubica en la esencia de nuestra misión
y de nuestra razón de ser, en nuestro tiempo se hace necesario meditar en esta
Palabra y en esta tarea que nos ha dejado el Maestro, es la esencia de nuestra
propia identidad.
Pero surge una interrogante ¿Somos la Iglesia
“Hoy” esa buena noticia para el mundo? Un amigo me decía ¿Cómo es posible que
seamos países tan religiosos en Latinoamérica y aun así exista violencia y
corrupción? —La verdad que esa pregunta me ha dejado inquieto—, nuestros pueblos se dicen religiosos y creyentes,
pero no vivimos de acuerdo a la Fe que decimos profesar. Son hermosas y
sorprendentes las manifestaciones de Piedad Popular en los días de Semana
Santa, se realizan tantas tradiciones, celebraciones y formas de vivir los Días
Grandes pero seguimos sumergidos en la violencia, la división, la muerte y la
corrupción. Nos quedamos muchas veces con lo decorativo de estos días, flores,
procesiones y tradiciones pero falta asumir el compromiso con esa Buena Noticia
“Hoy” hace falta ser conscientes que ha llegado el tiempo de Dios y que su
reino ya está entre nosotros, esa Buena Noticia, ese Evangelio, cuando se
anuncia y se vive hasta las últimas consecuencias marca la vida, la transforma,
cambia nuestra sociedad, le imprime los valores cristianos y se acerca a ella
el Reino de Dios que se construye desde la Civilización del Amor y la Vida.
Ese “Hoy” es el tiempo de Dios, es el “Llegado
el momento oportuno” Kairos, momento de despertar y este tiempo es adecuado, más aun ahora cuando
la sociedad se sumerge en la idolatría del "yo, del poder y del tener", cuando se
pierde la esperanza y se pretende desterrar a Dios de cada espacio de nuestras
vidas e incluso cuando se busca acomodar la fe, relativizarla y arralarla, la
Palabra nos interpela y nos recuerda que este es el momento, que este es el
Tiempo de Dios para el mundo.
Él
Espíritu de Dios está sobre nosotros.
Si somos conscientes de nuestra identidad
Cristiana y de nuestra misión descubrimos que Él Espíritu de Dios está sobre
nosotros (Lc. 4 18) la Obra de Dios, la Iglesia no es una acción humana vacía,
no estamos solos con nuestras propias fuerzas en esta barca, Él Señor va en
ella, aunque la mayoría del tiempo guarde silencio; falta en nuestro tiempo
tener conciencia de esa realidad, esta Obra es de Dios. Hace unos días un
incendio en la Catedral de Notre Dame nos hacía replantearnos muchas cosas
sobre nuestra identidad y misión en el mundo, ciertas personas celebraran la
destrucción de un Templo, —algunos consideran a nuestra Iglesia una institución
antigua y retrograda— pero por un momento
otros descubrían que más allá de todas nuestras edificaciones está el Señor y
su Espíritu nos acompaña, aunque las estructuras físicas sean destruidas y
desaparezcan. Es verdaderamente sorprendente que aunque gran parte de la
Catedral se incendió, su altar mayor se haya conservado intacto, una Cruz y la
Imagen de la Virgen Dolorosa con Jesús en los brazos haya quedado incólume ante
las llamas, un signo hermoso para nuestro tiempo y es a la vez el legado que
nos compromete, la estampa elocuente del Amor, entregado hasta el extremo nos
debe de llevar a corresponder a ese amor y ser Buena Nueva para el mundo.
Debemos ser conscientes de la acción del Espíritu sobre nosotros y cuando nos
dejamos guiar por Él renueva nuestras fuerzas y nos indica el camino, aunque no
comprendamos sus designios o nuestra fe sea probada.
Enviados
al Mundo…
Jesús leyendo la profecía de Isaías nos
recuerda también una realidad y misión, somos Consagrados, hemos sido ungidos
por el Bautismo y somos enviados (Lc. 4, 18). Enviados a los pobres, enviados a
anunciar liberación de los cautivos, devolver la vista a los ciegos, libertad a
los oprimidos y proclamar la llegada del tiempo de gracia del Señor (Lc. 4, 18
- 19). Hacer “Hoy” presente la llegada del Reino de Dios y el cumplimiento de
la profecía es volver los ojos a los que sufren, no podemos ser una Iglesia
cómoda y ciega ante las injusticias y el dolor de quienes nos rodean, no
podemos vivir practicando la diplomacia de aquello que no molesta y no señala
las cosas por su nombre, hemos sido enviados por Dios, somos sus embajadores en
el mundo y enviados a dar una Buena Noticia, no la que a mí me conviene o lo
que está de acuerdo a los intereses de los que tienen el poder sino, a traer
consuelo a quienes están crucificados en nuestro tiempo. Los pobres son el
tesoro de la Iglesia (San Lorenzo Mártir), ese es nuestro legado: los cautivos,
los ciegos y oprimidos, si algo podemos sentir como nuestro son los que padecen
en nuestro tiempo, no solo pobreza material sino la falta de Dios, el
cautiverio del pecado, la ceguera de la maldad y la opresión del demonio.
San Oscar Romero dijo: “La Iglesia no puede ser
sorda ni muda ante el clamor de millones de hombres que gritan liberación,
oprimidos de mil esclavitudes. Pero les dice cuál es la verdadera libertad que
debe buscarse: la que Cristo ya inauguró en esta tierra al Resucitar y romper
las cadenas del pecado, de la muerte y del infierno. Ser como Cristo, libres
del pecado, es ser verdaderamente libres con la verdadera liberación. Y
aquel que, con esta fe puesta en el
Resucitado, trabaje por un mundo más justo, reclame contra las injusticias del
sistema actual, contra los atropellos de una autoridad abusiva, contra los desórdenes
de los hombres explotando a los hombres —todo aquel que luche desde la Resurrección del gran Libertador,
solo ese es auténtico Cristiano—". (San Oscar Romero 26 de marzo de 1978).
Se enfurecieron…
La Escritura dice que los que escucharon a
Jesús estaban llenos de admiración (Lc. 4, 22) pero unos minutos después dice
que: “Se enfurecieron y levantándose lo empujaron fuera de la ciudad” (Lc. 4,
28 -29). Debemos de estar claros que la Palabra de Dios incomoda, que siempre
confronta, Jesús no vino a endulzar los oídos de nadie, vino a llamar cada cosa
por su nombre y descubrir las intenciones de nuestro corazón. Es curioso que
los que escuchan a Jesús son los creyentes de su tiempo, los que estaban dentro
de la sinagoga y ellos mismos desde la sinagoga empujan a Jesús, lo sacan
fuera, —incluso fuera de la ciudad— y lo quieren despeñar (Lc. 4. 29). No lejos estamos
algunos dentro de la Iglesia de estas actitudes, cuando escuchamos cosas
bonitas nos “admiramos” pero hay de aquel que diga algo que no nos guste, en
ese momento nos volvemos homicidas y queremos callar la voz del que habla. La
Iglesia debe ser consiente que está llamada a la incomprensión, lo que decimos
va en contra de los pilares que el mundo ha construido para nuestras sociedades
y esa verdad incómoda siempre buscaran callarla y es nuestra historia siguiendo
el camino del Maestro, un camino de Cruz, pero también un camino de
Resurrección.
Por eso hoy el llamado es a todos los que
formamos parte de la Iglesia, desde el Papa hasta los laicos, debemos
purificarnos, volver al plan original de Dios, a nuestras raíces, a la misión
que nos encomendó a ser conscientes de su presencia en medio de nosotros y
traer para el mundo consuelo, por ello somos Sacramento de Dios en el Mundo,
somos su Pueblo, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la
unidad de todo el género humano.
El Señor me ha enviado
a consolar a los afligidos,
los afligidos de Sión,
a cambiar su ceniza en diadema,
sus lágrimas en aceite perfumado de alegría
y su abatimiento, en cánticos.
Ustedes serán llamados "sacerdotes del Señor";
"ministros de nuestro Dios" se les llamará.
los afligidos de Sión,
a cambiar su ceniza en diadema,
sus lágrimas en aceite perfumado de alegría
y su abatimiento, en cánticos.
Ustedes serán llamados "sacerdotes del Señor";
"ministros de nuestro Dios" se les llamará.
Is 61,
1-3. 6
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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