"Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan? Sí, trazaré una ruta en las soledades y pondré praderas en el desierto." (Isaías 43, 19)

Meditando el Evangelio de San Juan 8, 1-11

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio…

Meditar en este Evangelio nos coloca entre el pecado y la Misericordia, es también nuestra historia. Aquellos que conocen la ley y se dicen “devotos” o “religiosos” le ponen una trampa a Jesús; malintencionadamente le llevan a una mujer descubierta en pecado, quieren dejar en mal a Jesús, “astutamente” maquinan su atrevimiento pretendiendo acusar al Maestro. Dice la Escritura: No tentaras al Señor tu Dios (Dt. 6, 16) (Mt. 4, 7) también dice: No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla (Ga. 6,7) y eso intentan precisamente realizar fariseos y publicanos.

Quieren acusar a Jesús, Él ha dicho: No creáis que he venido para abolir la ley… (Mt. 5, 17), por lo tanto según la ley, Jesús debe condenar a la mujer sorprendida en adulterio, pero si la condena perderá esa cercanía que ha alcanzado entre los pecadores, también ha dicho: No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Lc. 5, 32) pero si no la condena y la deja libre demostrara que rechaza la ley y le pueden acusar de hereje; aquellos que fraguan perversamente creen que han ganado y quienes esperaban acusar reciben la lección de la Misericordia.

La mujer fue sorprendida en pecado, probablemente se presenta ante Jesús desnuda o semidesnuda, quienes la llevan son capaces de señalar, incluso de juzgar, en su mente y corazón han dictado la sentencia de muerte, llevan piedras en sus manos. Esa también es una lección para nosotros, quienes juzgamos y condenamos las faltas de los demás y no vemos primero las nuestras, llevamos a juicio a los demás y nos creemos dueños de la justicia, señalamos la desnudes de los otros y no somos capaces de ver nuestra propia desnudez y de vestir a nuestros prójimos; La acción de Dios siempre ha sido frente a la desnudez, a nuestras miserias y pecados, darnos vestidura nueva, pasa con Adán y Eva (Gn. 3, 21)con el hijo prodigo (Lc. 15, 11-32), Dios nos recuerda que somos hijos y que esa dignidad no la puede arrebatar el pecado. 

Son los escribas y fariseos los hombres que conocen la ley, invocan la legislación de Moisés: “En la ley nos ordena Moisés apedrear a éstas ¿Qué dices?…” (Jn. 8, 5). Esa ley la han meditado y estudiado, pero la han reducido a una simple legalidad vacía, para ellos se ha transformado en un mero cumplimiento capaz de ser manipulado, incluso tal vez en algunos momentos acusando falsamente y condenando a inocentes; se han olvidado del amor que es la clave para entender la Misericordia.

Durante la visita al centro penitenciario romano de Rebibbia, Benedicto XVI señalo: La “lógica de Dios” es lejana a la humana. Por ello justicia y misericordia, justicia y caridad coinciden hasta el punto de que “no existe una acción justa que no sea también acto de misericordia y de perdón, y al mismo tiempo, no existe una acción misericordiosa que no sea perfectamente justa”.

Jesús es tentado por fariseos y escribas, frente a esta situación, hace algo que cuesta comprender y es muy curioso “…inclinándose, escribía con el dedo en tierra…” (Jn. 8, 8). Es el dedo de Dios que escribió sobre piedra la ley de Moisés, El Hijo de Dios ahora se inclina y escribe sobre el suelo para enseñarnos que la ley sin amor y misericordia es simple polvo. La Escritura no da detalles de lo que escribe, así queda la ley cuando no se vive con amor, no basta con cumplir, no bastan los preceptos si estos están alejados de la Caridad, es simple escritura vacía, capaz de ser llevada por el viento, la piedra es el Amor, eso nos vino a enseñar el Maestro: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22, 36-40).

Al final le insisten y Jesús les dirá: “El que de vosotros este sin pecado arrójele la primera piedra. E inclinándose de nuevo escribía en tierra…” (Jn. 8, 7-8). Ante el Amor y la Misericordia solo queda el silencio, las piedras caen de las manos y dice la Palabra de Dios que empezando por los más ancianos fueron retirándose (Jn. 8, 9). Al final solo queda una mujer delante de Jesús “¿Dónde están los que te acusan?” (Jn. 8, 10). Este cuadro del Evangelio da esperanza a nosotros pecadores, no hay pecado que Dios no pueda perdonar, Dios nos recibe y está dispuesto a darnos el abrazo del perdón, la única invitación es la conversión “Vete y no peques más” (Jn. 8, 11).

Aquellos que buscaban tentar a Jesús, ponerle una trampa reciben una lección que les deja sin argumentos, esa lección es Amor y Misericordia. En la Cruz precisamente alcanzara todo el significado el Amor y la Misericordia, Jesús llega al extremo de entregarse y sufrir las consecuencias de nuestros pecados. Nosotros estamos en el lugar de esa mujer que fue encontrada en pecado, pero Jesús ha recibido las pedradas, ha muerto en la Cruz para que nosotros nos veamos libres de la muerte consecuencia de nuestras culpas. “Porque tanto Amo Dios, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. (Jn. 3, 16).


De este modo en Cristo y por Cristo, se hace también particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió « misericordia ». Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente « visible » como Padre « rico en misericordia » (Dives In Misericordia, 2).


Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.


UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS

Meditación Domingo 06 de abril 2019 
V de Cuaresma, Ciclo C


Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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