Meditando el Evangelio de San Juan 13, 1 - 15

Se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe… (Jn. 13, 4)

Dice la Escritura: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el extremo” (Jn. 13, 1). Entramos en el Santo Triduo Pascual, si hay una palabra que puede resumir las próximas horas que viviremos es Amor, un Amor que llega hasta el extremo, hasta lo impensable o hasta donde nadie se atrevería a llegar y un Amor que se manifiesta a un a pesar de la traición y de la negación.

Vivimos en un momento de la historia en que hemos desgastado la Palabra Amor e incluso en nombre del Amor y de la Paz se cometen tantas atrocidades en todo el mundo; acercándonos a la Palabra de Dios descubrimos el verdadero significado del Amor, un Amor que se entrega y se da a los suyos de forma total y libre.

Benedicto XVI en su Carta Encíclica Deus Caritas Est comienza precisamente hablando de ese Amor: « Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: « Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él ». (Cfr. Deus Caritas Est 1.)

Aquel que no lo puede contener ni el universo mismo o miles de millones de universos juntos se hace Hombre, pequeñito y frágil, nace en un pesebre, es inmigrante en Egipto, crece en una familia sencilla, padece como nosotros toda nuestra condición; hambre, sueño, cansancio… aprende un oficio, trabaja, es conocido como el Hijo del carpintero, camina entre su pueblo hablando de la llegada de un Reino que ya está entre nosotros, enseñándonos el significado de la ley, el Amor, hablándonos de un Padre que nos ama y al cual pertenecemos y podemos decir Papito.

Es llegado el momento en el punto culmen del Ministerio de Jesús sabiendo que llegan los momentos más intensos de su labor, el Maestro nos deja una lección sorprendente y aparece un instrumento que muchas veces pasa desapercibido y que no es muy comprendido, “Se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe… (Jn. 13, 4)”. Aparece ante nosotros una toalla, un instrumento tan sencillo y cotidiano que desde ese momento tendrá un significado más profundo; Dios se postra ante sus Discípulos y les lava los pies, —una escena muy intensa y con un significado tan insondable—, este gesto nos habla de humildad y de amor y será la lección de los Discípulos antes de la muerte de nuestro Señor.

Así una toalla cambia el mundo, la mayoría en el mundo busca poder y prestigio, Dios nos enseña que el verdadero poder es el Amor y el servicio, no es lo que los otros puedan hacer por mí, sino lo que yo soy capaz de hacer por los demás, el Cristiano está para lavar los pies de sus hermanos, el gesto de Jesús al lavar los pies es un testimonio: “Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. (Jn. 13, 15). Por esto la toalla después de la Cruz es el instrumento más revolucionario del mundo, una toalla ceñida a la cintura es una acción que va en contra de todo lo que enseña el mundo, es un cambio radical en la mentalidad, una Metanoia porque hasta ese momento son los hombres que se han arrodillado ante Dios, ahora es Dios quien se postra y sirve al hombre, como hacían los esclavos en las casas de los nobles de la época. Esta radicalidad es contraria al mundo donde el poder se considera que se ejerce humillando y sometiendo a los demás.

Una toalla ceñida a la cintura va en contra de los poderosos de turno que buscan la alabanza y la sumisión de todos a su alrededor, que hablan de servicio, cuando ellos mismos son los que cuidan sus intereses, tirando migajas que recogen los demás de su mesa. Una toalla es el camino para ser el primero en el Reino de Dios, pero no es solo un gesto obligado de un día, es al final un estilo de vida. ¿Cuántos participamos de la Iglesia buscando honor, reconocimiento o incluso status? Nuestro lugar es de rodillas lavando los pies de nuestros hermanos, si lo hizo el Maestro es también nuestra herencia y su legado para todos los que nos decimos Cristianos.

La toalla ceñida a la cintura es lenguaje de amor en acción, no es solo una buena intención, es una prueba efectiva de nuestro seguimiento al Salvador, asumir este estilo de vida cuesta muchísimo, es una renuncia enorme pero es una necesidad urgente en el mundo, que sería un lugar mejor si estuviéramos de rodillas lavando los pies de nuestros hermanos.

Dice la Escritura: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo.” (Jn. 13, 8) dejarme lavar los pies por el Señor e imitarle se transforma en requisito para ser de los que caminan con Jesús. “El verdadero servicio nace de dentro y lleva el sello de la libertad, del amor, de considerar al otro lo que es, de la en­trega de la propia vida, de hacerse esclavo voluntariamente. El servicio según el Evangelio sólo es comprensible desde la clave del amor.” (Monseñor Manuel Antonio Menchón).

El Triduo Pascual nos habla de Amor y de un Amor al extremo, un Amor, que sirve, se humilla, se entrega y padece por nosotros, un Amor que incluso se queda entre nosotros en un pedazo de Pan y en un poco de Vino. Al fin de cuentas un Amor que vino a revolucionar el mundo y que transformo una toalla en un instrumento elocuente de su revolución y pensándolo bien es la última y definitiva revolución que el mundo necesita.


Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Instagram: @nestorvelasquez
YouTube: Esaú