Cristo Resucitado de la Parroquia Dulce nombre de Jesús, El Calvario León.
Fotografía: Néstor Esaú Velásquez

The Walking Dead
The Walking Dead es una serie de televisión creada y producida por Robert Kirkman y Frank Darabont, basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman. Creo que más de alguno ha visto esta serie de televisión — Se traduce al español como “Los Caminantes o los andantes muertos” La serie se sitúa en un mundo post-apocalíptico y está protagonizada por Rick Grimes (Andrew Lincoln), un oficial de policía que al despertar de un coma se encuentra con que la civilización ha desaparecido debido a un inexplicable fenómeno que hace que las personas muertas se pongan en pie y ataquen a las personas vivas, transformándolas a su vez en "caminantes muertos" (walking dead). Al encontrar a su familia, Rick se une a un grupo de supervivientes convirtiéndose en su líder. La historia narra las vivencias de dicho grupo, que debe enfrentarse tanto a los caminantes muertos, como a otros grupos de personas vivas que también luchan por subsistir e imponer su poder.

Una de las series con un gran impacto en nuestro tiempo, nos deja también una visión muy profunda de como pretende que vivamos el mundo, como muertos caminantes, el Poeta Gustavo Adolfo Bécquer:
No son los muertos
No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.
No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.
La vida no es la vida que vivimos,
la vida en el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el Mundo viven,
y hombres que viven en el Mundo muertos.

Lo que no aparece en esta serie (The Walking Dead) y no se cuenta mucho en nuestro tiempo, es que hace 2,000 años hubo un contagio que se ha esparcido por el mundo, han sido miles, probablemente millones, quienes desde ese entonces han sido sus portadores y cada cierto tiempo se esparce con nuevas fuerzas y por más que se ha intentado es imposible de erradicar, aun hoy en nuestro tiempo. Todo inicio en una tumba, una tumba abierta, dicen que enterraron en ella a un hombre, al caer la tarde de un viernes, lo enterraron a prisa porque según las costumbres de ese tiempo se debía guardar reposo, pudo parecer un muerto más en la larga historia de la humanidad, enterrado en una tumba nueva, recién excava en la roca, parece que fue tan peligroso en vida que los poderosos de turno mandaron a unos guardias que custodiaran su tumba, pero sucede algo diferente con este muerto y con esta tumba; el domingo muy temprano unas mujeres se preparan para preparar el cuerpo, recuerdan que no les dio tiempo antes de la sepultura, pero al llegar y buscar ese cuerpo muerto encuentran una tumba abierta y ni rastros de esos restos, desde ese momento desde ese lugar y con este paciente cero comenzó un contagio de vida que se ha propagado por el mundo.

Y eso es lo que precisamente nos narra y dan testimonio los evangelios, los cuatro Evangelios cuentan lo mismo, Jesús ha resucitado la tumba está vacía (Cfr. Mt. 28,1-10, Mc. 16,1-8, Lc. 24, 1 – 12, Jn. 20,1-10) y ese hecho ha traído al mundo The Walking Alive, los vivos andantes, porque la Vida y la Resurrección se contagian.

Somos la Iglesia de la Pascua, los The Walking Alive del mundo

La muerte no ha tenido la última palabra, ¡Ha Resucitado! "No teman, yo sé que ustedes buscan al Crucificado" (Mt. 28, 5) Así dice el Ángel a las mujeres que llegan al sepulcro, estaban buscando un cadáver y encuentran un Ángel sentado sobre la roca que cubría la entrada del sepulcro (Señal de victoria) la tumba está vacía. 

Desde ese sepulcro resuena para todos la esperanza, el mal no tiene la última palabra, más allá de las injusticias, del sufrimiento y el dolor, incluso más allá de la muerte, Dios nos ha demostrado la fuerza de la Vida y del Amor que vence, que se hace Resurrección y Esperanza. Hoy podemos gritarle al mundo, salir a la calle como locos decir: Que por más oscura que sea la noche y las tinieblas que nos cubren, Dios ha Resucitado y ha vencido al pecado y a la muerte. "No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho". (Mt. 28, 6).

En nuestra Profesión de Fe, cuando hacemos el Credo, decimos: “Y al tercer día Resucito de entre los muertos”. Del mismo modo el Catecismo de la Iglesia nos enseña: "Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz:
Cristo ha resucitado de los muertos,
con su muerte ha vencido a la muerte.
Y a los muertos ha dado la vida.
(Liturgia bizantina: Tropario del día de Pascua)
(CIC 638)

La Resurrección es la verdad culminante de toda nuestra Fe, es la verdad central transmitida desde la primera comunidad cristiana hasta nuestros días, un sepulcro vacío es el acontecimiento histórico y trascendente que marca a toda la humanidad "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc. 24, 5-6).

Hoy es día de alegría y de contagiar alegría, Dios ha vencido de forma definitiva y para siempre al mal, su Reino está entre nosotros, la Liturgia en la Noche Santa nos recordará: "Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado. Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero cuya sangre consagra las puertas de los fieles". (Pregón Pascual).

Todo el Antiguo Testamento y la ley adquieren en Cristo su verdadero significado, ¡Todo se ha cumplido! En Cristo y por Cristo. La alegría nos embarga tanto que llegamos a decir: ¡Feliz culpa que mereció tal Redentor! (Pregón Pascual) Aquello que fue razón de dolor y sufrimiento para nosotros se ha transformado en razón de alegría y de dar gracias. Hoy las lágrimas son secadas de nuestros rostros, no hay razón para el llanto, desde hoy tenemos la certeza que nada nos puede separar del Amor de Dios (Cfr. Ro. 8, 35 - 39). “Porque tengo la certeza de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del Amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús”. (Ro. 8, 38-39).

La Resurrección es la razón de nuestra Fe “y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe”. (1 Corintios 15, 14). Somos los herederos de la Fe de la Vida, de la Resurrección, somos la Iglesia que atestigua la Resurrección y del Resucitado, para todos hay una tumba en el mundo, por más poderosos que parezcan, por más famosos y adinerados, por más revolucionarios e incluso buenos y nobles, todos encuentran una tumba al final de su camino. Solo Cristo ha vencido la muerte, solo Cristo salva, solo Él es Camino, Verdad y Vida y comparte su Vida y Resurrección con quienes mueren con Él y Resucitan con Él, con quienes se unen a Él. San Francisco de Borja un gran Santo de nuestra Iglesia reconoció la caducidad de esta vida, cuando después de servir tanto a su Reina, esta muere y traslada a su sepultura Real los restos mortales de la Emperatriz, abre el ataúd para reconocerla y encuentra ya su cara en estado de descomposición, en vida la vio rodeada de tantos aduladores y de todas las riquezas de la corte, en ese momento solo era un despojo de carnes descompuestas, desde ese instante Francisco toma la resolución  de « ¡no servir nunca más a un señor que pudiese morir!"» comprendió la caducidad de esta vida, incluso del poder y del tener y que solo Cristo ofrecía una vida nueva, una vida eterna, una vida que trasciende más allá de la muerte, una vida que Resucita, porque también nosotros Resucitaremos, si vivimos en Él. ¿A qué Señor le sirves? ¿Le sirves al Señor de vivos, al Señor que no muere?

La alegría de la Pascua, es la razón de la Iglesia, no solo es Pascua este día y los que vienen, desde aquella primera Pascua, desde que la piedra rodó y el sepulcro quedó vacío vivimos en la Pascua, el Paso de Dios entre su pueblo y la semilla de la Pascua es la Santidad, buscar la Gracia, morir al pecado y resucitar a una vida nueva, es ese salir de nuestra comodidad, ese ir a las periferias y decirle a quienes son marginados, a los que sufren, a los crucificados de nuestro tiempo que la Resurrección también es para ellos, es también para nuestros pueblos, es también para nuestra Patria Nicaragua.

La Pascua es contagiosa, no es solo un sentimiento, es un estilo de vida que asume la Iglesia, en un constante ser enviada al mundo a gritar que hay ¡Resurrección! Aun cuando pareciera que estamos en las horas de las tinieblas, la Pascua nos da valor, esperanza y coraje para salir al mundo, eso hicieron los discípulos, eso han hecho los Santos, ellos han sido esos “caminantes vivos”, caminantes del Resucitado “The Walking Alive” y los seguirán habiendo, se seguirán contagiando de la Iglesia hasta que nuestro Señor regrese y su Reino sea completamente establecido en el mundo. 

Estamos vivos... vivos y despiertos
Pascua es dejar atrás lo viejo y comenzar con lo nuevo, es asumir una nueva vida, la Cuaresma nos fue preparando a lo largo de sus días a través de la oración el ayuno y la penitencia, esa semilla ha dado el fruto de la Pascua, ¿A que tienes que morir ahora? ¿Qué de hombre viejo, mujer vieja tienes todavía?


La Pascua trae cambio, es la Metanoia del Crucificado que ha Resucitado, por ello no podemos ser indiferentes a este tiempo, nuestra vida no puede quedar en los sepulcros, aun algunos con sepulcros muy bonitos por fuera y podridos por dentro, sepulcros blanqueados; aquellos que aparentan estar vivos, pero ya caminan como zombis llenos de descomposición y hedor, de envidias, de celos, de discordia, división, soberbia, orgullo, lujuria y todo aquello que nos trae el pecado y la maldad. La Pascua es para dejar de ser zombie y resucitar, la Pascua es la verdadera cura de los “Caminantes muertos”.

Pascua es también el tiempo de “Despertar” algo que cuesta tanto y que debemos de luchar por alcanzar, —El Cristiano debería de tener por meta estar vivo y despierto— Vivir no es solo respirar, vivir es asumir la nueva vida de Cristo y estar despierto es ser consiente, no caminando por el mundo adormecido; “Espiritualidad significa despertar. La mayoría de las personas están dormidas, pero no lo saben. Nacen dormidas, viven dormidas, se casan dormidas, tienen hijos dormidas, mueren dormidas sin despertarse nunca. Nunca comprenden el encanto y la belleza de esto que llamamos la existencia humana”. (Anthony de Mello. Despierta) y más aún desde el significado Pascual de nuestra existencia —Despertar es vivir de acuerdo a las obras de la luz, es lo opuesto a las obras de las tinieblas, por eso el Apóstol San Pablo nos dirá en su carta a los Efesios: “Despierta, tu que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará. (Ef. 5, 14). Lucha por estar y mantenerte despierto, por estar atentos a las señales y los signos de Dios en nuestras vidas, los signos de su Reino, que ha llegado y ya está entre nosotros, Jesús quiere que sepamos discernir sus signos, su lenguaje de amor en mi historia y en toda la historia de la humanidad e incluso llega a decirnos Hipócritas: ¡Hipócritas! Sabéis examinar el aspecto de la tierra y del cielo; entonces, ¿por qué no examináis este tiempo presente? (Lc. 14, 56). Estar Despierto es saber interpretar los signos de los tiempos, el Papa Francisco nos ha dado una ayuda para saber discernir, tres son las claves para estar despiertos: Silencio, reflexión y oración (Homilía en Santa Marta 23 de octubre 2015) 


A modo de chiste el Sacerdote Jesuita y conocido psicoterapeuta Anthony de Mello en su libro Despierta nos cuenta una historia: -Jaime, ¡Despierta! Jaime responde: - No quiero levantarme, papá. El padre grita: Levántate, tienes que ir a la escuela. - No quiero ir a la escuela. - ¿Por qué no? - Por tres motivos: el primero, porque es aburridor; el segundo, porque los niños se burlan de mí; y el tercero, porque odio la escuela. - Bien, voy a darte tres razones por las cuales DEBES ir a la escuela - replica el padre -: La primera es porque es tu deber; la segunda, porque tienes cuarenta y cinco años; y la tercera, porque eres el director. ¡Despierte usted, despierte! Ya está crecido. Está demasiado grande para estar dormido. ¡Despierte! deje de jugar con sus juguetes. La mayoría de las personas dicen que quieren abandonar el jardín infantil, pero no les crea. ¡No les crea! Lo único que quieren es remendar sus juguetes rotos. "Devuélvame a mi esposa, Devuélvame mi empleo, Devuélvame mi dinero, Devuélvame mi fama y mi éxito". Eso es lo que quieren; quieren que les cambien sus juguetes. Eso es todo. Hasta el mejor psicólogo le dirá que la gente realmente no quiere curarse. Lo que quiere es un alivio; una cura es dolorosa. Despertarse es desagradable, usted lo sabe. Usted está placentera y confortablemente acostado. Es irritante que lo despierten. (Anthony de Mello. Despierta) Pascua tiempo de Vivir, Pascua tiempo de despertar, Pascua tiempo de ser libres, porque hemos renacido con Cristo y hemos salido con él de la tumba.

La nueva creación
“Pascua es la fiesta de la nueva creación. Jesús ha resucitado y no morirá de nuevo. Ha descerrajado la puerta hacia una nueva vida que ya no conoce ni la enfermedad ni la muerte. Ha asumido al hombre en Dios mismo. «Ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios», dice Pablo en la Primera Carta a los Corintios (15,50). El escritor eclesiástico Tertuliano, en el siglo III, tuvo la audacia de escribir refriéndose a la resurrección de Cristo y a nuestra resurrección: «Carne y sangre, tened confianza, gracias a Cristo habéis adquirido un lugar en el cielo y en el reino de Dios» (CCL II, 994). Se ha abierto una nueva dimensión para el hombre. La creación se ha hecho más grande y más espaciosa. La Pascua es el día de una nueva creación, pero precisamente por ello la Iglesia comienza la liturgia con la antigua creación, para que aprendamos a comprender la nueva. Así, en la Vigilia de Pascua, al principio de la Liturgia de la Palabra, se lee el relato de la creación del mundo. En el contexto de la liturgia de este día, hay dos aspectos particularmente importantes. En primer lugar, que se presenta a la creación como una totalidad, de la cual forma parte la dimensión del tiempo. Los siete días son una imagen de un conjunto que se desarrolla en el tiempo. Están ordenados con vistas al séptimo día, el día de la libertad de todas las criaturas para con Dios y de las unas para con las otras. Por tanto, la creación está orientada a la comunión entre Dios y la criatura; existe para que haya un espacio de respuesta a la gran gloria de Dios, un encuentro de amor y libertad. En segundo lugar, que en la Vigilia Pascual, la Iglesia comienza escuchando ante todo la primera frase de la historia de la creación: «Dijo Dios: “Que exista la luz”» (Gn 1,3). Como una señal, el relato de la creación inicia con la creación de la luz. El sol y la luna son creados sólo en el cuarto día. La narración de la creación los llama fuentes de luz, que Dios ha puesto en el firmamento del cielo. Con ello, los priva premeditadamente del carácter divino, que las grandes religiones les habían atribuido. No, ellos no son dioses en modo alguno. Son cuerpos luminosos, creados por el Dios único. Pero están precedidos por la luz, por la cual la gloria de Dios se refleja en la naturaleza de las criaturas”. (Benedicto XVI, Sábado Santo 7 de abril 2012).

Por eso hoy alégrate, hoy celebra, es Pascua Dios libera a su Pueblo, no tengas miedo, ni aún la muerte tiene la última palabra:
“Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.”
(Secuencia de Pascua)

Es el triunfo de Dios, del inocente, del cordero que ha cargado nuestros pecados sobre Él, que ha pagado nuestras deudas y que nos ha regalado ser Hijos de Dios, ¿Lo crees? Eres Hijo de Dios, eres su Hija muy amada y cuando termine este peregrinar, este tránsito, esta travesía por el mundo nos espera en su Casa, en la Casa del Padre y también nosotros Resucitaremos, no es un sepulcro el final del camino si vivimos en Dios, el Dios de la Vida nos regala la vida; por eso nos decía que él era la Vid y nosotros los sarmientos (Cfr. Jn.15, 1-8) unidos a Él tenemos vida y compartimos Vida, así el Cristiano se transforma en Sal y Luz para el mundo (Cfr. Mt.5, 13-16). Hoy debemos de ser los hombres y mujeres de la Pascua, unidos al Resucitado hemos Resucitado y somos los Resucitados que el mundo necesita. Ojalá que con nuestros pasos Dios también llegue a más corazones y descubran su Amor; vivir la Pascua, vivir en clave de Pascua es la urgencia más grande para nuestro mundo ser los The Walking Alive”, los Vivos Andantes que contagian la alegría de la Pascua.

Meditación para la Comunidad Cristiana San Ramón y su Itinerario de Formación



Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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