Magisterio Mariano de Monseñor Cesar Bosco Vivas Róbelo
La oración y los Sacramentos

Se ha dicho con toda razón que los verdaderos misioneros y evangelizadores son los santos y santas, es decir, los hombres y mujeres que han vivido la fe y con amor en la monotonía de los deberes diarios; que han puesto a Jesucristo en el centro de sus pensamientos y actividades ordinarias; que han superado el desaliento y los cansancios normales en toda la vida humana, y han salido victoriosos de las crisis, de las dudas y hasta de las caídas, apoyándose en el amor misericordioso del señor y en la meditación maternal de la Virgen María.

Este sería el momento para recomendar el Santo Rosario, que nos permite contemplar el Rostro de Cristo con los ojos y el corazón de la Virgen María. (RVM,3)

La sagrada familia de Jesús, María y José que caminan por la senda sencilla y humilde de la vida hogareña, es el modelo que aún ahora debe de ser contemplado y, en las nuevas situaciones de la familia de hoy, también imitado.

La bendición de Dios que desciende consoladora y esperanzadora sobre todos en este día dedicado a la Madre de Dios, esa bendición divina nos hace ver con confianza el porvenir y nos capacita para continuar nuestro trabajo en el nombre de JESÚS, y, por lo tanto, seriamente comprometidos en la búsqueda del bien común abierto a una dimensión trascendente. (Abiertos a Dios).

A JESÚS POR MARIA.

Dijo Jesús: cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia MÍ. (Jn 12, 32)
Dejemos, hermanos y hermanas, que Jesús nos ilumine con su perdón y su gracia, para que una vez llenos de su amor, seamos guiados por el Espíritu Santo a trabajar en la “Viña del señor” (Mt. 20,3) con entusiasmo y confianza.
Dejemos que sea la Madre del Señor y la Madre de la Iglesia la que nos acompañe durante el año, para que no perdamos de vista la meta que nos hemos propuesto conseguir: Nuestra santificación y la transformación (mediante el amor) de nuestras familias, de la iglesia y de la diócesis.