Meditando el Evangelio de San Juan 14,23-29:

Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo… (Jn 14, 27)

Hablemos de amor, paz y unidad; hermosas lecturas las de este domingo, en ellas vemos las promesas de Jesús que se cumplirán con la llegada del Espíritu Santo y uno de los regalos que nos da es la Paz.

Todos buscamos, o decimos buscar la paz, creemos que es necesaria, pero son pocos los constructores de paz. En la primera lectura de este día (Hch 15,1-2.22-29) vemos como la primera comunidad cristiana solucionaban las controversias que surgían, a pesar de las diferencias buscaban la unidad y la comunión, se sentían Iglesia y como Iglesia se dejaban guiar por la luz del Espíritu Santo y es Él quien nos regala el don de la unidad y la paz. El enemigo intenta sembrar división y odio, tristemente vivimos en una sociedad enfrentada y cada vez más polarizada, los apóstoles nos demuestran que con docilidad de espíritu y su guía los problemas que enfrentamos pueden tener el remedio, siempre aparecerán aquellos que buscan dividir, aquellos que se toman el vil trabajo de señalar y crear grupos, son los especialistas en decidir quiénes si forman parte del grupo de los “elegidos” y quienes no, estos intentan transformar la comunidad cristiana en un club de membresía y esto es contrario a nuestra fe Cristiana, ponen cargas y requerimientos más allá del Evangelio, más allá de la luz que nos da nuestra Santa Madre la Iglesia, se crean legalidades sectarias que imponen en nombre de la Fe, así se cuela la cizaña de la serpiente, así se produce el escándalo de la división y de los enfrentamientos, —es triste ver a una comunidad cristiana enfrentada—, es una herida a la unidad querida por Dios. Los apóstoles reconocen el cascabeleo de la serpiente y resuelven la controversia en comunión, poniendo en el centro la acción del Espíritu Santo que les ilumina y les lleva a saber dialogar y discernir la voluntad de Dios para la Comunidad Cristiana.

En el Evangelio que meditamos este día (Jn 14,23-29) vemos que el cristiano es en el mundo el heredero de la paz, nos la dejo nuestro Salvador antes de entregar su vida por nosotros y nos la regalo como don en la Pascua, ese tesoro que llevamos en tinajas de barro lo adquirimos cuando amamos; el amor nos transforma y nos hace morada donde Dios habita y al ser morada de Dios el Espíritu Santo viene en nuestro auxilio y podemos traer esa paz que es diferente a como la da y la concibe el mundo. La Paz del Cristiano se transforma en un estilo de vida que hace presente a Cristo aun a pesar de los conflictos que puedan surgir, el corazón del Cristiano no se acobarda ni tiembla, así lo vemos en los primeros cristianos que daban incluso su vida ante los violentos y los que llenos de odio y saña los asesinaban, el rostro del cristiano era capaz de reflejar la paz que nos ha dejado el Resucitado.

Esa paz que da cristo, no es una paz utópica o incluso irreal, no es ausencia de conflictos o diferencias, antes bien los supera, esa paz nace de la caridad y del sentido de unidad y pertenencia, al fin de cuentas somos hijos de un mismo Padre que nos ama y desde el amor del Padre que se nos ha regalado podemos ir haciendo presente la llegada de su reino a este mundo, porque somos los siervos del Príncipe de paz, de aquel que prefirió entregar su propia vida, para que no fuese necesaria más sangre, esa paz diferente al mundo tiene nombre y apellido cuando el Cristiano se transforma en instrumento de Paz, de Amor, de Comunión y Misión.

Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS


Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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