Meditando el Evangelio
según san Juan (10,27-30)
IV domingo de Pascua
IV domingo de Pascua
Domingo del Buen Pastor,
domingo para meditar en el amor del Pastor que cuida del rebaño y la unidad que debemos todos en torno al único Pastor.
Un gran desafío para
nuestro tiempo es aprender a conservar la unidad, cuidar la unidad; al ser
humano le encanta crear muros —y no solo es el invento de algunas personas—,
muchos creamos muros de forma constante a veces muros más altos que los que se
puedan construir en concreto o cualquier otro material, más que muros físicos levantamos
muros invisibles pero tan reales y dañinos que nos alejan de las personas, que
dividen cada vez más a los seres humanos y esto sucede hasta dentro de la
Iglesia, se nos olvida que somos un solo rebaño, dirigidos por un único Pastor
y que de diferentes formas caminamos con Él.
Nos pasa como a los judíos en la primera lectura de este domingo; cuando algo no nos gusta, cuando lo que escuchamos no es de nuestro agrado,
cuando sentimos que estos o aquellos se salen de nuestra uniformidad,
hermetismo o autorreferencia sembramos la cizaña y la división “Pero los judíos incitaron a las señoras
distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una
persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio”.
(Hch 13, 50). Es curioso que a los que se buscan para señalar y perseguir
es a los que se consideran “devotos”, “piadosos” o “distinguidos”.
Unos de los grandes enemigos de la unidad o
herida a la unidad es cuando nos sentimos señores y no siervos, cuando no entendemos
que estamos para servir nos volvemos señores de la parroquia, señores de la
Iglesia, de la comunidad, de la pastoral… imponemos nuestro querer, damos
ordenes, discutimos qué lugar ocupamos, que cargo tenemos, quien es de los
nuestros, quién se sienta a la derecha o a la izquierda, incluso a veces somos
tan atrevidos que discutimos abiertamente por ocupar el lugar central. Así no
es el estilo de vida del Cristiano nuestro lugar nos lo enseño el Maestro y es
a los pies de los hermanos con una toalla y una pana en las manos, lavando los
pies, sirviendo (Cfr. Jn. 13, 4), somos siervos y sabemos que está obra no es
nuestra, no nos pertenece "Inútiles siervos del Señor somos, solo hacemos
lo que tenemos que hacer". Solo el siervo entiende que el protagonismo es
de su Señor, entiende que no es su querer lo importante sino la voluntad de
aquel a quien sirve, cuando somos siervos, estamos unidos a una única voluntad
aquello que quiere y manda nuestro Señor, cuando somos siervos entendemos lo
importante de ser ovejas y de seguir al Pastor “Mis ovejas escuchan mi voz,
yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10, 27) la oveja sigue, camina viendo
al Pastor, ocupa su lugar en el rebaño, avanza en orden y entiende la
importancia del orden, se entiende parte del rebaño, vive y sufre con el rebaño
y descubre que sin importar el lugar que ocupa es el Pastor que le guía, cuida
de ella y le ama. Aprender a ser siervo, aprender a ser oveja es nuestra tarea
para seguir al Buen Pastor.
Nuestra razón de unidad es Cristo, Él es el
Pastor y es quien nos convoca y reúne; Él es el Pastor que se ha hecho Cordero para
hablarnos en nuestro lenguaje para caminar con nosotros, acampando junto a nosotros,
a nuestro nivel y enseñarnos el camino para reunirnos en el rebaño “Ya no
pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el
Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia
fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos”. (Ap
7, 16-17). San Gregorio de Nisa decía: “Toda la naturaleza humana es una
oveja que has llevado sobre tus hombros. Dime donde descansas, condúceme a
buenos pastos en los que yo me alimente, llámame por mi nombre para que yo, tu
oveja, oiga tu voz y por tu voz me venga la vida eterna”.
Aprendamos a ser rebaño, aprendamos a ser Iglesia, a estar
unidos, a ser hermanos y caminar con el hermano, las grandes heridas contra la unidad son heridas por falta de caridad, es falta de amor y falta contra el Espíritu Santo que es quien nos une como en Pentecostés.
Es el Buen Pastor que también nos regala Pastores que se hacen Alter Christus – otro Cristo, caminando entre nosotros siendo sus Sacerdotes al servicio del rebaño, para hacerle presente cuando la visión se dificulta y nos parece difícil seguirle con la vista. Oremos y apoyemos las vocaciones Sacerdotales, en ellos se hace presente el Buen Pastor, pidamos para que se dejen configurar de acuerdo al corazón del Pastor que “Da su vida por las ovejas” (Jn 10, 11).
Es el Buen Pastor que también nos regala Pastores que se hacen Alter Christus – otro Cristo, caminando entre nosotros siendo sus Sacerdotes al servicio del rebaño, para hacerle presente cuando la visión se dificulta y nos parece difícil seguirle con la vista. Oremos y apoyemos las vocaciones Sacerdotales, en ellos se hace presente el Buen Pastor, pidamos para que se dejen configurar de acuerdo al corazón del Pastor que “Da su vida por las ovejas” (Jn 10, 11).
¡Oh Jesús, Pastor eterno de las almas!
¡Danos Sacerdotes Santos según tu corazón!
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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