Amados amigos y hermanos
lectores.
Continuamos ahora la
secuencia de los discípulos del fundador,
es decir, aquellos santos y beatos que, siguiendo las huellas de San Alfonso
María de Ligorio, formaron parte de la Congregación de los Padres
Redentoristas, para la mayor gloria de Dios.
Ahora toca el lugar al Beato Pedro Donders, apóstol de los leprosos en
Surinam.
El
Padre Pedro Donders era de origen holandés.
Nació en Tilburg el 27 de octubre de 1809 en el seno de una familia
pobre. Desde pequeño él quiso ser
sacerdote, pero debido a la precaria situación de su familia, no le fue posible
ir al seminario diocesano sino hasta los 21 años. Los años de preparación al sacerdocio no
fueron nada fáciles, primero por su difícil condición económica; luego por la
diferencia de edad respecto al resto de los estudiantes del seminario, los
cuales muchas veces se burlaban de él por ser mayor en edad; en tercer lugar,
porque no era de una capacidad intelectual muy prominente. Sin embargo, gracias a sus esfuerzos en los
estudios, a su espíritu cordial y a su intensa vida de oración pudo salir
adelante y vencer dichos obstáculos, ganándose el aprecio y renombre de sus
compañeros y superiores. Así fue como
gracias a Dios llegó a ser ordenado sacerdote el 5 de junio de 1841.
Un
año más tarde nuestro beato tuvo la oportunidad de ir a Suriman, que era una
colonia holandesa, para dedicarse a las obras de evangelización en dichas
tierras sudamericanas y así esparcir la semilla del Evangelio entre los
pobres. Una vez llegado a Surinam, inició
su incansable apostolado evangelizando y administrando los sacramentos a los
esclavos, los cuales vivían en condiciones de extrema pobreza y
explotación. Múltiples veces el Padre
Pedro Donders saldrá en la defensa de ellos, protestando por los malos tratos
que estos recibían. El Padre Pedro
Donders fue, durante toda su vida, un ejemplo palpable de la preocupación por
el bienestar de los cuerpos y sobre todo, por la salvación de las almas de sus
fieles.
En
el año de 1856 fue enviado a Batavia, en el norte de Surinam, donde se
encontraban aislados los enfermos de lepra, para dedicarse al servicio y a la
evangelización de ellos. Esto implicaba
asumir un apostolado muy riesgoso por el peligro del contagio, además de muy
mal remunerado; pero no se debe olvidar que cuando es Dios mismo quien
recompensa la caridad prodigada al prójimo, no importan los premios o alabanzas
de este mundo, sino el beneplácito divino.
Así pues, se dedicó incansablemente a transmitir a los leprosos las
enseñanzas de la fe católica, y a administrarles los sacramentos, además de ocuparse
de mejorar sus condiciones de vida, a pesar de que las autoridades coloniales
no querían proveer los medios necesarios para el bienestar de estas personas. No era raro ver al Padre Donders curando
personalmente las llagas de los enfermos de lepra, lo cual no le impedía
dedicarse a su vida de oración ni a su labor principal que era transmitir y
enseñar la santa fe católica. Por eso hasta
el día de hoy es recordada la memoria de este Beato en Surinam, por la huella
de fe y de caridad que dejó muy grabada en esta región por su atención a Cristo
en la persona de los enfermos.
Algunos años más tarde, en
1867, después de hacer su noviciado, el Padre Donders ingresó en la
Congregación del Santísimo Redentor, siguiendo la espiritualidad de San Alfonso
María de Ligorio. Ya convertido
formalmente en un sacerdote Redentorista, regresó a Batavia, para continuar
allí su labor evangelizadora y caritativa en favor de los leprosos y de los
indígenas del lugar, llegando incluso a aprender su lengua para evangelizarlos
mejor. Esta obra la continuó hasta que
sus fuerzas físicas ya no se lo permitieron
más. Pedro Donders partió hacia la casa
del Padre en Batavia, Surinam (el principal lugar de su apostolado) el 14 de
enero de 1887. Fue beatificado por San
Juan Pablo II el 23 de mayo de 1982, y su fiesta litúrgica se celebra el 14 de
enero.
Que el beato Pedro Donders,
C.Ss.R., interceda por nosotros y nos ayude a ser fieles en la enseñanza de la
santa fe católica así como el en servicio de caridad a los necesitados.
Padre Agustín Pelayo, C.Ss.S.

0 Comentarios