Sofía
Lobos | Vtican News
El
23 de mayo, con ocasión de la XXI Asamblea General de Caritas
Internationalis en la que participan representantes de la
confederación Caritas formada por 165 organizaciones en el mundo; el Papa
Francisco celebró una Misa en la Basílica de San Pedro a las 5 de la tarde,
hora local, concelebrada por el presidente de Caritas y Arzobispo de Manila
(Filipinas), cardenal Luis Antonio Tagle, y por numerosos obispos de varios
países.
En
su homilía, inspirada en la lectura de los Hechos de los Apóstoles (15:7)
en la que se narra cómo fue la “primera gran reunión de la historia de la
Iglesia”; el Santo Padre profundizó sobre el dilema al que se enfrentaban los
discípulos de Jesús cuando los gentiles comezaron a convertirse a la fe cristiana:
¿tienen éstos que adaptarse, como los demás, a todas las normas de la ley
antigua? Una cuestión compleja, una decisión difícil de tomar puesto que el
Señor ya no estaba presente.
Uno
podría preguntarse: ¿por qué Jesús no dejó una sugerencia para resolver al
menos este primer "gran debate" (Hechos 15: 7)? Una pequeña
indicación hubiera sido suficiente para los apóstoles, que durante años habían
estado con él todos los días. ¿Por qué Jesús no siempre dio reglas claras y
rápidas de resolución?
Jesús
no quiere que la Iglesia sea un modelo perfecto
El
Papa señala aquí la tentación de la eficiencia, “de pensar que la Iglesia está
bien si tiene todo bajo control, si vive sin conmociones, con la agenda siempre
en orden”.
Pero
el Señor no procede así- añadió Francisco- subrayando que de hecho Él no envía
una respuesta a sus seguidores, sino que les envía al Espíritu Santo.
“Y
el Espíritu no viene con una agenda, viene como fuego- explicó el Pontífice-
Jesús no quiere que la Iglesia sea un modelo perfecto, que da la bienvenida a
su propia organización y es capaz de defender su buen nombre. Jesús no vivió
así, sino en el camino, sin temer las conmociones de la vida. El evangelio es
nuestro programa de vida".
Humildad,
comunión y renuncia
Por
otra parte, el Obispo de Roma, destacó tres elementos esenciales para la
Iglesia en su camino, que aprendemos en la lectura de este relato evangélico:
la humildad de escuchar, el carisma de estar juntos y el valor de la renuncia.
Empezando
por el final, es decir por el coraje de la renuncia, Francisco afirmó que el
resultado de esa gran discusión entre los discípulos no era la imposición de
algo nuevo, sino tener que dejar algo viejo, en definitiva, renunciar. "La
identidad religiosa de los primeros cristianos estaba en juego. Sin embargo,
ellos eligieron que el anuncio del Señor es lo primero y vale más que todo. Por
el bien de la misión, decidieron anunciar a Dios a todos".
El
segundo elemento que destacó el Sucesor de Pedro en su homilía fue la humildad
de escuchar: “La humildad nace cuando, en lugar de hablar, escuchamos; cuando
dejas de estar en el centro, dijo Francisco- como hicieron los primeros
cristianos en aquel entonces, dejando que hablaran unos y otros, estando
dispuestos a escuchar a todos con el corazón abierto, sin imponer y con
tolerancia a los cambios".
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