VII domingo de Pascua Ciclo C
Las siguientes lecturas se utilizan en los
lugares donde la Ascensión del Señor se celebra el jueves de la semana VI del tiempo
pascual.
Primera lectura: Lectura del libro de los
Hechos de los apóstoles 7, 55-60
Salmo responsorial: Salmo 96, 1 y 2b. 6 y
7c. 9 (R.: 1a y 9a)
Segunda lectura: Lectura del libro del
Apocalipsis 22, 12-14. 16-17. 20
Evangelio: Lectura del santo evangelio
según san Juan 17, 20-26
Vivimos
en una sociedad enfrentada, tristemente el odio pareciera que se apodera de las
personas y en lugar de tender puentes, crear lazos y vínculos muchos prefieren
destruir, crear más muros y abismos que nos separan; la polarización llega
incluso hasta la propia familia que se ve enfrentada y que sus vínculos son
amenazados por pensamientos, ideologías, diferencias e incluso creencias. En
esta sociedad como en los días de los apóstoles vemos que también decir la
verdad y ser profetas puede costar hasta la vida. Mucha gente no quiere
escuchar la verdad, antes bien la quieren acomodar a sus gustos y antojos,
relativizarla y ante el anuncio de quienes intentan transmitir la buena nueva y
ser profetas pegan gritos estentóreos, se tapan los oídos y se ponen de acuerdo
para asesinar, para hacer daño (Cfr. Hch 7, 57).
Ante
las injusticias y para ser luz en el mundo el cristiano es señal de
contradicción, el anuncio de la Palabra de Dios incomoda pero desde el
sacrificio de nuestro Señor y el primer mártir San Esteban, hasta nuestros días
el cristiano autentico marca la diferencia y se transforma en luz y señal profética,
anunciando no lo que queremos sino la Palabra que hemos recibido “Si el mundo
los odia, sepan que antes me ha odiado a mi” (Jn 15, 18) El mensaje del
cristiano no suele ser entendido e inquieta, es el llamado a la conversión, es
el llamado a una metanoia, a una verdadera transformación, por esta razón estos
siglos de cristianismo están marcados por la sangre de tantos hombres, mujeres
y niños que fijaron su mirada al cielo contemplando al Señor y transmitiendo su
luz a un mundo que se tapa los oídos y que toma piedras para callar sus voces.
Jesús
en el Evangelio hace una súplica, es la oración por todos los que creerán, en
los momentos previos a su pasión, Jesús nos tiene presente a todos y ora por
nosotros, por vos y por mí, —si aunque no lo creas, tú que lees estas líneas,
estabas en su mente y ruega por nosotros—, para nosotros pide que seamos uno, pide unidad y esa unidad se
transforma para los demás en señal que hemos sido sus enviados, por la unidad
en el amor somos reconocidos como sus discípulos y nos transformamos para el
mundo en signos vivos de Dios, el cristiano debe ser en el mundo sacramento de
unidad. Tristemente el cascabeleo de la serpiente (el demonio, aquel que no
quiere la unidad) se ha metido hasta dentro de la Iglesia, en nuestras
parroquias, comunidades, movimientos y pastorales, muchos caen en sus garras y
nos prestamos al juego de la división, perdemos el tiempo ridículamente en
pleitos, murmuraciones y divisiones, incluso algunos hasta justifican la
división. Si el cristiano debe luchar por algo, es por conservar la unidad es
por hacer presente el amor, no somos un club social con derecho de membresía,
somos Iglesia, lugar de encuentro, asamblea de creyentes y señal de comunión
para el mundo, ante un mundo dividido el cristiano es puente y se debe hacer puente,
lazo de comunión ante las divisiones de este y de todos los tiempos; pero el
cristiano es un puente de unidad a la verdad y a la caridad. San Esteban en la
primera lectura de este día anuncia la verdad, se vuelve testigo de la llegada
del Reino de Dios, esa verdad incómoda a los violentos y entrega su vida orando
por quienes le asesinan —«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
(Hch 7, 60), en ese lugar estaba presente un joven llamado Saulo y la sangre
del primer mártir es tan fecunda que después germinara en el llamado a la
conversión y misión de aquel apóstol que derribado de su caballo persiguiendo
cristianos será conocido por todos como San Pablo, la sangre de Esteban crea lazos que atraen es testimonio del amor, incluso a quienes le persiguen y le matan, su testimonio y martirio es razón de verdad y unidad a pesar de la crueldad de los violentos.
Hoy la unidad y el anuncio de la
buena nueva del reino de Dios son urgencias, verdaderas necesidades para
nuestro tiempo, luchemos por hacerlas presente; solo así el cristiano va
transformando poco a poco el mundo, lo va direccionando al cielo y haciendo
presente la llegada del Reino de Dios, así como lo hacía la primera comunidad
cristiana que eran reconocidos no por una camisa sino por el escándalo del Amor
de verdad: “Permaneced, pues, en estos sentimientos y seguid el ejemplo del
Señor, firmes e inquebrantables en la fe, amando a los hermanos, queriéndoos
unos a otros, unidos en la verdad, estando atentos unos al bien de los otros con
la dulzura del Señor, no despreciando a nadie. Cuando podáis hacer bien a
alguien, no os echéis atrás, (…). Someteos unos a otros y procurad que vuestra
conducta entre los gentiles sea buena así verán con sus propios ojos que os
portáis honradamente; entonces os podrán alabar y el nombre del Señor no será
blasfemado a causa de vosotros. Porque ay de aquel por cuya causa ultrajan el
nombre del Señor!” (SAN POLICARPO DE ESMIRNA, Carta a los Filipenses, 9,1 -11,
4)
Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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