Domingo XII del Tiempo Ordinario

Primera lectura: Lectura de la profecía de Zacarías 12,10-11;13,1
Salmo responsorial: Sal 62
Segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3,26-29
Evangelio: + Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-24

Hoy la Palabra de Dios nos hace una gran interrogante, fundamental para todos los que nos decimos cristianos. Jesús le pregunta a sus discípulos “¿Quién dice la gente que soy yo”? (Lc 9, 18) los discípulos responderán lo que escuchan del pueblo: eres Juan el Bautista, Elías o algún profeta; pero no queda ahí la inquietud de Jesús, también quiere saber que hay en el corazón de los discípulos ¿Quién es Jesús para ellos? Todos conocemos la respuesta de San Pedro: “Tu eres el Mesías de Dios” (Lc 9, 20).

Pero no podríamos quedarnos solo con la respuesta de San Pedro, la pregunta también es dirigida a nosotros ¿Quién es Jesús para vos? ¿Quién es Jesús para mí? —aquí podríamos hacer un gran silencio y reflexionar— creo que no es una respuesta que se da a la pura bulla, toca ver nuestra historia, toca interiorizar y descubrir qué lugar ocupa en nuestra existencia. No se vale dar respuestas prefabricadas, no se vale el copiar y pegar, nuestra respuesta debe partir de nuestra propia experiencia, de nuestra propia vida, es el eco de nuestro propio corazón, porque no podemos decir con nuestros labios que Jesús en nuestro Señor, Mesías, que es Cristo, cuando nuestro corazón es esclavo y prisionero de otros señores y de falsos dioses.

Cuantos nos decimos creyentes más sin embargo Jesús es solo un nombre, un personaje de la historia nada más; tristemente puede pasar entre los que nos decimos sus seguidores, vamos a la Iglesia, aparentamos que Jesús ocupa un lugar en nuestra vida, que es nuestro Señor pero nuestra vida dice y atestigua otra cosa. El Catecismo de la Iglesia nos dice: “Cristo viene de la traducción griega del término hebreo "Mesías" que quiere decir "ungido". Pasa a ser nombre propio de Jesús porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Este era el caso de los reyes (cf. 1 S 9, 16; 10, 1; 16, 1. 12-13; 1 R 1, 39), de los sacerdotes (cf. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente, de los profetas (cf. 1 R 19, 16). Este debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino (cf. Sal 2, 2; Hch 4, 26-27). El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor (cf. Is 11, 2) a la vez como rey y sacerdote (cf. Za 4, 14; 6, 13) pero también como profeta (cf. Is 61, 1; Lc 4, 16-21). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey”. (CIC 436).

Si reconocemos a Jesús como Mesías estamos diciendo que es nuestro Señor, nuestro Rey; si es nuestro Rey nuestra vida debe demostrar su Señorío. Muchos decimos que Jesús es nuestro Mesías y Señor pero vivimos como esclavos de los pecados, de los vicios y de las pasiones, así no viven los cristianos, los seguidores de Cristo. Reconocer a Jesús como nuestro Señor es asumir el estilo de vida del Cristiano y hacer presente el Reino de Dios en el aquí y ahora.

Puedes decir que eres muy cristiano o la más devota cristiana pero si guardas odio en tu corazón, si vives desordenadamente, si no vives el mandamiento del amor, todo es falso, es mentira. Pasa lo mismo con quienes son cristianos de bancas de iglesia, solo cuando van al templo, cuando están en comunidad o en la pastoral, cuando están en la parroquia aparentan ser cristianos, se quitan y ponen esa camisa a su gusto y antojo y cuando convienen, quieren acomodar la fe, transformarla en un club o la utilizan como una señal de status, hablan de Dios por un lado, mientras sus bocas maldicen y escupen veneno contra sus hermanos, para ellos Jesús no es Mesías; no lo es para quienes ponen delante los propios intereses, buscando cargos y lugares, repartiéndose la Iglesia como si fueran los señores, lucrándose a costa de la fe para estos Jesús tampoco es Mesías, dice la Escritura: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.  (Mt 7, 21).

Si Jesús es nuestro Señor, lo es de toda nuestra vida: de nuestra familia, de nuestro trabajo, de nuestros estudios, de nuestro noviazgo, de nuestro matrimonio, de nuestra sexualidad, de nuestros hijos, es el Señor de todo; no es un Señor a media que comparte lugar con otros “señores” ¿Es Jesús Mesías y Señor para ti? ¿Es Señor de tu vida? Que Jesús sea nuestro Señor es un trabajo de todos los días, es una afirmación casi de cada segundo y que nos lleva incluso a entregar nuestra vida y ofrecerla, es descubrir verdaderamente en Él a quien es camino, verdad y vida.

Ojala que la fe que profesamos sea también la vivencia de cada día y demos verdadero testimonio de que Jesús es nuestro Mesías y Salvador.

Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS

Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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