Domingo 16º del tiempo ordinario – Ciclo C

Primera lectura: Lectura del libro del Génesis (18,1-10a)
Salmo responsorial: Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5 
Segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,24-28)
Evangelio: Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42)

Néstor, Néstor “andas inquieto y preocupado con muchas cosas; solo una es necesaria.” (Cfr. Lc 10, 41 – 42) Podríamos comenzar esta meditación cambiando el nombre de María por el de cada uno —Vamos tú que lees tienes que decírtelo, repetirlo para ti, con tu nombre, es una buena terapia—.

Hoy podríamos resumir las lecturas de este domingo en dos palabras y son: acogida e intimidad. Las lecturas de este domingo están conectadas con las del domingo pasado —recuerdan que hace una semana quedábamos en una posada con el buen samaritano atendiendo al hombre herido— pues este domingo completamos este itinerario espiritual entorno al prójimo.

En la primera lectura Abrahán se encuentra sentado, dice la Escritura que esta junto a la encina de Mambré (Gn 18, 1), se encuentra descansando, está cómodo, sentado a la entrada de su carpa, de su tienda, en el momento más caluroso del día, podríamos decir está muy acomodado y es en ese momento que alza la mirada y ve a tres hombres parados a su vereda, son tres individuos desconocidos pero pasa algo que es muy importante en esta lectura, Abrahán reconoce en ellos la presencia de Dios y abre su tienda, les invita a entrar, les da lo que posee, lava sus pies, les prepara un lugar para el descanso y les dispone el alimento. El domingo pasado hablábamos que Dios se hace presente en el otro: “Por el Amor, Dios está presente en todos nuestros hermanos, algo que nos cuesta entender, Dios se hace «el otro», un niño en la calle, una persona sin hogar, un enfermo, un agonizante, un anciano abandonado… Dios se hace presente y sale a nuestro encuentro en «el otro», pero no somos capaces de verle, le creemos encerrado en los templo y a veces nos extiende la mano desde el atrio o las puertas de nuestras Iglesias, nosotros le vemos y pasamos de largo, pensamos en cosas importantes, vamos bien vestidos, llevamos prisa por cumplir nuestras prácticas de piedad y religiosidad, llevamos la conciencia tranquila, nos creemos “buenos” y eso es suficiente”. (Meditación Domingo 15º del tiempo ordinario – Ciclo C).

Hoy la Palabra de Dios nos vuelve a colocar ante nuestro prójimo y nos da una poderosa lección y es el valor de acogida, saber acoger al otro. Muchos Padres han visto en esta primera lectura un anuncio del misterio de la Trinidad, es decir, es Dios mismo que visita a Abrahán y le da posada, son tres personas desconocidas las que recibe en su tienda, pero en verdad recibe a Dios mismo y ese es el gran misterio del prójimo, cuando somos capaces de alzar la mirada, de conectarnos con la realidad que vivimos, de ver con ojos atentos descubrimos que Dios pasa por la vereda de nuestra vida, que se encuentra junto a nuestra tienda. Abrahán no solo les observa sino que les recibe, ve tres individuos, tres caminantes, pudo quedarse muy acomodado viéndoles pasar, saludando de largo pero les acoge en su tienda, se abre al encuentro con estos caminantes, ese encuentro con «el otro» es también un encuentro con Dios, es un romper las murallas que vamos construyendo, esas murallas de odio y división, porque los Cristianos somos los hombre y mujeres del encuentro, debemos de salir al encuentro, hemos sido enviados al encuentro de los demás, con el anuncio gozoso que ha llegado el Reino de Dios.

Por eso hoy la Palabra de Dios nos invita a descubrir el valor de acoger a descubrir en «el otro» la presencia misma y real de Dios que viene también a mi encuentro, que se hace prójimo en mi vida, pero para acoger se necesita alzar la mirada, levantarla, apartarla de nuestros propios egoísmos y miedos y ponerla sobre la vereda de nuestra vida, ahí descubrirás a tu vecino, aquel niño que sufre, aquella familia en necesidad, descubrirás a tu propia familia, a tus seres queridos, a tus compañeros de trabajo, a tus hermanos de comunidad, descubrirás y compartirás las alegrías y tristezas de quienes se acercan a tu vereda, que pasan cerca de tu tienda. Vamos por la vida cerrando nuestros ojos, muchas veces no somos capaces ni siquiera de ver el sufrimiento, el dolor y la necesidad de aquellas personas con quienes vivimos, las que decimos que son importantes en nuestras vidas, nuestra propia familia se transforma en caminantes extraños a los que vemos pasar de largo, por eso hoy la Palabra nos ubica ante el valor de recibir, de salir al encuentro de saber acoger al otro y descubrir que es Dios mismo que se hace prójimo y al cual le puedo brindar un poco de alivio hacer también su camino un poco más placentero, más liviana su cruz, puedo hacer pequeñas cosas para que la travesía de «el otro» por este mundo sea más llevadera, más agradable y ese acoger se transforman en detalles: ayudar en casa, tener paciencia, comprender al hermano, ayudar a un necesitado, visitar a un enfermo o a un encarcelado, aprender a perdonar… todas esas obras de misericordia corporales o espirituales es llevar al interior de nuestra propia tienda, es acoger al otro y darle amor, ese es un amor fecundo, un amor que da vida y se hace vida, por eso Abrahán recibe una promesa «Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre Sara habrá tenido un hijo» (Gn 18, 10).

En el Evangelio Jesús va por un camino, entra en un pueblo y una mujer llamada Marta le recibe en su casa, Jesús es ahora el prójimo, Jesús se hace prójimo y es recibido en esta casa, por ello debemos estar atentos, Dios nos visita de muchas formas y hay que alzar la mirada para reconocerle, para acogerle en el interior de nuestra posada, de nuestra tienda o de nuestra casa, son los tres escenarios de estos domingos: en la posada con los que sufren y padecen, en la tienda con todo aquel que pasa de cerca por nuestra vereda y en nuestra casa reconociéndole como nuestro Señor, llevándole a la morada interior de nuestra alma. Por eso estemos atentos que Jesús está pasando, Dios pasa por nuestro camino y debemos de aprender a reconocerle.

Este Evangelio también nos da una lección espiritual muy hermosa, Jesús entra en este hogar y hay dos formas de recibirle, por un lado podemos ser como Marta, afanados en labores, atareados, quejosos, amargados, dice el Evangelio que Jesús está en la casa de Marta y está afanada, no estaba haciendo nada malo, es más le recibió en su casa y muy seguramente estaba dedicada a recibirle de la mejor manera a Jesús, ocupada en el oficio de atenderle pero estaba desconectada, es interesante hablar de desconexión en un mundo tan “conectado” tan en “red” pero nos puede pasar estamos en la Iglesia ocupados en tantas actividades, en planes pastorales, calendarizando eventos pero hemos perdido intimidad con Dios —recuerdan que esta es la segunda palabra de este día— María en cambio se ha desconectado de todo y se ha conectado con lo verdaderamente importante —y es que una sola cosa es importante y necesaria— Intimidad con Dios es no descuidar la vida espiritual, es cuidar tu relación con Dios, es darte cuenta que lo más necesario es el trato frecuente y cercano con Dios, sentados a los pies de Jesús para escucharle y discernir lo que quiere para nuestra vida.

Intimidad con Dios, es también vida interior, cuidar lo importante de nuestra vida espiritual, la oración diaria y frecuente, cuidar la vida sacramental, cuidar la Eucaristía dominical, la visita a Jesús Sacramentado; porque podemos estar demasiados ocupados y no ver a Jesús en nuestro propio interior, tristemente las labores que por Él hacemos nos pueden alejar precisamente de Él, aunque nuestras intenciones en un principio sean buenas. Por eso hoy siéntate a los pies de Jesús disfruta de su presencia en nuestras vidas, de sus palabras, tranquilízate, date ese retiro espiritual tan necesario en nuestras vidas al detenerte, al retirarte a tu propio interior a través de una oración sencilla y confiada, de esa elevación de tu alma al cielo que se acerca a esa profunda intimidad con el Amor; descubriendo a Dios en la intimidad de nosotros mismos somos capaces de descubrirle en el interior de los demás, incluso también en quienes no nos agradan o nos hacen daño, porque del encuentro intimo con Dios brota la verdadera caridad para el otro y en el otro descubrimos también a Dios, así nos hacemos verdaderos instrumentos de paz y constructores de la civilización del amor y de la vida.


Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS






Escrito por:

Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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