Padre Agustín Pelayo, C.Ss.S.

Muy apreciados lectores.

Como ustedes saben, desde hace ya varios meses he estado escribiendo acerca de la espiritualidad de la Familia Alfonsiana, así como de todos aquellos santos y beatos que han seguido esta espiritualidad.  Pero hace unos días me contactaron algunas personas de la Legión de María para solicitarme que yo les celebrara una Santa Misa con la intención de recordar a un siervo de Dios que fue miembro de la Legión de María.  Se trataba del Siervo de Dios Alfonso Lambe, cariñosamente conocido como Alfie.  Debo confesar que cuando me pidieron que celebrara esta Misa no tenía ninguna idea sobre este titán de la Santísima Virgen, pero al preparar la homilía fui leyendo bastantes detalles sobre su vida, la cual debo confesar que me impresionó muchísimo.  Así que decidí en esta ocasión escribir para nuestro periódico diocesano EL CAMINO este artículo extraordinario sobre la vida de Alfie.  Dios mediante el mes que entra seguiremos la secuencia con los beatos redentoristas.

Alfonso Lambe nació en Tullamore, Irlanda, el 24 de junio de 1932.  Desde pequeño se destacó por ser un niño piadoso, muy devoto de la Santísima Virgen.  A la edad de 14 años ingresó al noviciado de los hermanos de La Salle, pero tuvo que abandonar esa vocación por su quebrantada salud.  Fue en sus días de novicio cuando en una conferencia conoció de lejos a Frank Duff (el gran fundador de la Legión de María), y comenzó a interesarse también por esta venerable asociación.  El tener que abandonar la vida de hermano lasallista quebrantó su corazón, pero Dios le tenía otros designios para exaltar a su Santísima Madre, y así fue como él se convirtió en legionario de María.

A la edad de 21 años, un 16 de julio de 1953, fue por fin enviado a América.  Solamente de escala por Nueva York pasó inmediatamente a Bogotá.  Por esos días el venerable obispo de Ambato, Ecuador, Mons. Bernardino Echeverría, OFM, se encontraba junto con su clero profundamente preocupado por el dramático declive de la fe en su región, a pesar de los diferentes esfuerzos pastorales que se habían intentado.  Habiendo oído dicho obispo los beneficios del apostolado de la Legión de María solicitó formalmente su presencia en la diócesis. Y allá iría enviado Alfie, portando el Vexillum.  Apenas llegó Ambato, con la bendición del Obispo comenzó a fundar presídiums y a extender la Legión de María por todo el territorio ecuatoriano, ya que otros obispos al oír sobre los éxitos logrados también lo solicitaron.  A pesar de que en aquellos años no existían los medios de comunicación como los que hoy tenemos, su fama se supo no sólo en Ecuador, sino en los países circunvecinos, los cuales comenzaron a solicitar su presencia.

Inmediatamente varios cardenales y obispos se convencieron de lo efectivo que es el apostolado de la Legión de María, así como de los talentos con que Dios prodigaba a Alfie.  Era un hombre de una tremenda espiritualidad, de un impresionante celo apostólico, de cualidades organizativas inigualables, así como del don de persuasión.  Él apenas había aprendido a hablar español, y era eficacísimo hablando con obispos, nuncios y cardenales (con los cuales estaba muy frecuentemente en diálogos personales, y varios de ellos han impulsado el que se inicie su causa de canonización, especialmente en Cardenal Umberto Mozzoni, quien fuera guía de Alfie mientras era Nuncio Apostólico en Argentina).  Pero Alfie también sabía llegar al corazón de los pobres, sobre todo indígenas, por quienes se desvivía a pesar de su salud tan precaria; y asistido por la gracia de Dios y la intercesión de la Santísima Virgen, levantaba con ellos los pilares de la Legión de María en tierras sudamericanas.  Frank Duff llegó a afirmar que entre los legionarios «no es posible mencionar el nombre de Alfie sin despertar una profunda emoción».  ¡Alfie era un titán de la fe!

Finalmente resta decir que, en sus seis años de fecundísimo apostolado en Sudamérica, peregrinó y fundó millares de presídiums y fortaleció muchos otros en Ecuador (su segunda patria), Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina, donde murió de tan sólo 26 años, en Buenos Aires, un 21 de enero de 1959.  Frank Duff decía de Alfie que él era un «corderillo» por su amabilidad y humildad (su apellido significa precisamente eso).  También se ha llegado a decir que él era un “manual” andante de la Legión de María.  Y su pureza y santidad han sido vivamente testimoniadas y elogiadas por quienes lo conocieron, especialmente los altos prelados de la Iglesia.

Una última cosa que es oportuno señalar sobre Alfie es que su influencia llegó incluso a Centroamérica y a Rusia (él preparó el camino para la Legión en este país, pues su sueño era  ir allá y por eso aprendió el ruso y adelantó una traducción del Manual de la Legión en dicha lengua, pero ya no le fue posible ir).

Con esto termino de compartirles, amados lectores, esta breve reseña acerca de Alfonso Lambe, el Apóstol de la Santísima Virgen en tierras sudamericanas.  Les recomiendo leer el discurso sobre Alfie pronunciado por Frank Duff, que ha sido la fuente principal que consulté para escribir este artículo, disponible en: https://es.catholic.net/op/articulos/22871/cat/708/alfonso-lambe-un-apostol-sin-estola.html#modal.

            Dios les bendiga a todos y que pronto podamos ver a Alfie elevado al honor de los altares.