Domingo 20º del tiempo ordinario – Ciclo C

Primera lectura: Lectura del libro de Jeremías (38,4-6.8-10)
Salmo responsorial: Sal 39,2.3;4.18
Segunda lectura: Lectura de la carta a los Hebreos (12,1-4)
Evangelio: Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53)

He venido a traer fuego a la tierra (Lc 12, 49).

Alguno podría preguntar ¿Qué le paso a Jesús? ¿Qué son esas palabras? ¿El Príncipe de paz nos está hablando de confrontación y división? Es exactamente lo que nos dice el Evangelio de este día, Jesús es signo de contradicción y el cristiano que se dice cristiano es signo de contradicción en el mundo, la predicación de Jesús no son paños tibios para que nos sintamos bien y nos acomodemos, su predicación confronta lo más interno del corazón y la mente del hombre por esa incomodidad que provocaba en los que le escuchaban fue llevado hasta la Cruz y no será diferente con cada uno de nosotros si nos decimos cristianos.

El cristiano juega un papel importantísimo en medio del mundo porque debe ser luz, hay un combate en cada ambiente donde se presenta un verdadero cristiano, cuando se quiere iluminar las tinieblas sentirán incomodidad, cuando se quiere ser coherente y vivir la fe hasta las últimas consecuencias aparecerán los que llegan incluso amenazar la vida misma del cristiano, así lo atestigua la historia, siglos y siglos de persecución y de martirio, cuántos hombres, mujeres incluso niños han sido asesinados por su fe cristiana en los cinco continentes y todavía hoy sigue sucediendo en pleno siglo veintiuno a pesar que nos decimos civilizados, hoy más que nunca el cristiano es signo de contradicción en medio de un mundo, hedonista y relativista, un mundo que pretende hacer una elección entre Dios y el hombre cuando lo que verdaderamente elige es el diablo.

El Evangelio no nos habla de violencia, el cristiano no es violento, no responde a ese combate con odio o violencia, San Oscar Romero decía:

“Jamás hemos predicado violencia
Solamente la violencia del amor,
La que dejo a Cristo clavado en una Cruz,
La que se hace cada uno para vencer sus egoísmos
Y para que no haya desigualdades
Tan crueles entre nosotros.
Esa violencia no es la de la espada,
La del odio.
Es la violencia del amor,
La de la fraternidad,
La de convertir las armas
En hoces para el trabajo”.
(San Oscar Romero 27 de noviembre 1977)

Al cristiano no le debe asustar la Cruz, es nuestro destino, es nuestro camino al cielo, aunque vivimos un momento de la historia en que algunos intentan presentar un cristianismo sin Cruz, un cristianismo abrazado y aliado de las ideologías del mundo, un cristianismo reconciliado con el demonio, el mundo y la carne, este no es un verdadero cristianismo, ese no es el camino que nos indica el maestro, 
su camino es la Cruz, porque amor y verdad es fuego para el mundo, es razón de contradicción, así como le pasó al Profeta Jeremías en la primera lectura.

Y entonces ¿Qué pasa con la paz? ¿Es imposible tener paz en el mundo si el propio cristiano está en combate?

Me gustaría responder con palabras de San Oscar Romero.

La paz no es producto del terror ni del miedo.
La paz no es el silencio de los cementerios.
La paz no es producto de una violencia
Y de una represión que calla.
La paz es la aportación generosa, tranquila,
De todos para el bien de todos.
La paz es dinamismo
La paz es generosidad,
Es derecho y es deber
En que cada uno se sienta en su puesto
En esta hermosa familia.
(San Oscar Romero 8 de enero 1978)

Jesús pretende cambiar nuestro mundo, verdaderamente revolucionarlo, pero no como las revoluciones promovidas por hombres sino en una verdadera revolución que pondrá todo patas arriba, que algunas veces incluso provocara dolor y división y que no será fácil. El Reino de Dios ya ha llegado, ya está entre nosotros y esto supone luchar por conquistarlo, ya llegara después la paz, mientras tanto hay que esforzarnos, hay que luchar contra el pecado y las injusticias de este mundo, ese es el fuego que nos trae Jesús y que desea que este ardiendo.

El campo de batalla es la vida diaria, ahí entre los amigos, en el trabajo, en la escuela, viviendo un noviazgo ordenado y casto, siendo buenos esposos, buenos trabajadores, buenos ciudadanos, la mayoría del tiempo la batalla se encuentra fuera del Templo ahí somos fuego que arde encendidos por el Espíritu Santo “Bautizados con fuego y Espíritu Santo. El fuego es el mensaje salvador del Evangelio, un Evangelio que nos enciende a todos los que habitamos la tierra hacia una vida de piedad. También somos participes del Espíritu Santo, quien es como fuego dentro de nosotros”. (San Cirilo)

Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.

Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Instagram: @nestorvelasquez
YouTube: Esaú