Domingo 19º del tiempo ordinario – Ciclo C

Primera lectura: Lectura del libro de la Sabiduría (18,6-9)
Salmo responsorial: Sal 32,1.12.18-19.20.22
Segunda lectura: Lectura de la carta a los Hebreos (11,1-2.8-19)
Evangelio: Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,32-48)

No temáis pequeño rebaño del Señor (Lc 12, 32) palabras muy hermosas que nos dirige el Señor; llenas de mucha ternura, ¡No tengamos miedo!, Él es el Buen Pastor, aquel en quien debemos poner nuestra confianza y toda nuestra esperanza, por eso nos indica que nuestra fe no debe estar en las cosas de este mundo sino que descubramos que nuestro tesoro y nuestra esperanza está en el cielo.

Las lecturas de este domingo nos hablan de esperanza, en la primera lectura del libro de sabiduría es el pueblo de Dios en la antigua alianza quien espera el cumplimiento de las promesas de liberación, hoy nosotros somos el pueblo de la nueva alianza los que damos testimonio que esa liberación ha llegado con nuestro Señor Jesucristo, somos así la Iglesia y la Asamblea de la Pascua, aquellos que han atravesado por esa noche hermosa del paso del Señor y aquellos que descubren su caminar por toda nuestra vida, los signos del Resucitado nos acompañan, acompañan a la Iglesia por eso la invitación es a tener confianza, a tener un buen ánimo: “nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti”. (Sb 18, 8).

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Somos su pequeño rebaño, el pequeño rebaño del Señor, por ello el Salmo nos invita a la alabanza y nos dice pueblo dichoso, nuestra pertenencia es del Señor, de aquel Pastor que nos conduce y nos llama, que a pesar de ser un pueblo pequeño, débil y frágil, quien nos sostiene es Él Buen Pastor. San Pedro Crisólogo a propósito de este pueblo, pequeño rebaño que es la Iglesia dirá: “La Iglesia es un pequeño rebaño para el mundo, pero grande para Dios. Pequeño porque Él la ha instituido con la inocencia del cordero y la mansedumbre cristiana. El rebaño es pequeño no porque haya disminuido de uno grande sino porque crece de uno pequeño.

Este pequeño rebaño tiene por fundamento la fe, la carta a los hebreos nos lo recuerda: Hermanos; La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve (Heb 11, 1), el testimonio de fe que nos llega es a través de los antiguos patriarcas, Abraham es para nosotros el Padre de la Fe, una fe, confianza y obediencia en el Señor que le llevo incluso al abandono de su propia tierra, a confiar y ponerse en las manos del Señor para que Él conduzca sus pasos, no sabía hacia donde se dirigía, pero antes bien obedeció,  —cuanto falta eso hoy en nuestros días —, nos cuesta tanto obedecer, queremos hacer lo que nos da la gana, que nadie nos imponga nada, nos cuesta tanto confiar en las demás personas y en Dios, la fe en nuestros tiempos escasea por la falta de confianza; La Fe obra enormes milagros, los veríamos si tuviéramos aunque sea un poco, esa acción la atestigua Sara quien siendo estéril queda embarazada y da a luz a Isaac, por esa fe la descendencia de Abraham  se hace tan grande e incontable como las estrellas del cielo y las arenas del mar, por esa fe Abraham incluso llega a ofrecer a su hijo, confía a tal extremo en Dios, que no le niega nada, obedece y cree, aunque no entiende, no comprende en el momento, pero su confianza esta puesta en Dios. Nosotros somos hijos y herederos de esa fe de Abraham por eso le llamamos nuestro padre en la fe.

Por fe los patriarcas y profetas en la antigua alianza murieron sin haber visto el cumplimiento de las promesas que realizo el Señor. “Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.” (Heb 11, 13 – 16). Nosotros el pueblo de la nueva alianza, debemos perseverar en la fe, si aquellos creyeron sin haber visto cumplir las promesas, nosotros somos el pueblo que ha visto el cumplimiento de todas las promesas y que espera con confianza el regreso de nuestro Señor.

El Evangelio nos habla de esa actitud de confianza y de espera, solo quien confía tiene esperanza, está atento. Con Jesús se han cumplido todas las promesas, el Reino de Dios ha llegado hasta nosotros, es el ya pero todavía no, sus semillas dispersas por el mundo y la historia germinan en los corazones que lo reciben como tierra buena y fértil, los signos de Dios están presente hoy y cada día basta con estar atentos, basta con discernirlos, con examinarlos a la luz de nuestra propia historia, de ver el andar de Dios que como Buen Pastor nos va guiando, algunas veces hasta cargándonos, pero hay que estar atentos, ceñida la cintura y las lámparas encendidas, la vida misma y la historia de la humanidad es una gran vigilia expectante en espera del Señor, creemos que toda la historia de la humanidad se conduce hasta Él, nuestro destino es el cielo y esa nueva Jerusalén. Estar en vela y despiertos es un ejercicio para toda la vida ¿Qué haríamos hoy si Dios nos llama a su presencia? ¿Cómo nos encontraría en este día? ¿Estaríamos despiertos, en vela o dormidos? Somos siervos administrando un capital muy valioso, es nuestra propia vida y entregaremos cuenta de ella en el momento de la escatología personal y universal, porque es una verdad de fe que profesamos, estamos en espera del Señor, incluso suplicamos su venida, aunque nos parezca que tarda, Por eso le decimos y suplicamos ¡Ven Señor Jesús! ¡Ven e instaura de forma definitiva tu Reino! Este peregrinar por el mundo es para ir haciendo presente y real la llegada del Reino de Dios, es la tarea que se nos ha encomendado y de la que deberemos dar cuenta ojala como administradores fieles y prudentes que están en espera de su Señor.

“Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá.” (Lc 12, 48) Nuestras manos no pueden estar vacías, esperamos la llegada del Señor, Él podría salir a nuestro encuentro en cualquier momento, incluso ya está caminando a nuestro encuentro, se nos han confiado, dones, talentos una misión ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué cuentas le vamos a entregar a nuestro Señor? Mucho se nos ha confiado y mucho se nos exigirá por eso hay que estar atentos, despiertos, con la mano puesta en el arado, lanzando las redes, sirviendo al hermano, entregando la vida como semilla fértil y fecunda que produce la flor y el fruto del Reino de Dios en este mundo que exclama y gime ¡Ven Señor Jesús! No tengas miedo pequeño rebaño del Señor, pequeña Iglesia, el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.


Escrito por:

Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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