Amado hermano en la fe, reciba un
cordial saludo en Jesús el Santísimo Salvador, deseando la paz y el bienestar
en su familia y trabajo. Una vez más nos encontramos por este medio para
compartir las enseñanzas de nuestro santo Alfonso María de Ligorio, y en esta
ocasión reflexionamos máxime sobre el llamado a la vida consagrada que el Señor
en su providencia sigue llamando a los que Él quiere.
Dice
Jesucristo: “Si uno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, a su
mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas y hasta su propia vida, no puede
ser mi discípulo” (Lc. 24, 26). Con respecto a ello, San Alfonso en Práctica
del Amor a Jesucristo, responde a la siguiente interrogante: ¿por qué este
odio a los parientes? Porque a menudo se puede pensar que los mayores enemigos
del aprovechamiento espiritual son los mismos parientes: “Y los enemigos del
hombre serán los de su casa” (Mt. 10, 36). Decía San Carlos Borromeo que cada
vez que volvía de casa de sus parientes, siempre era con el espíritu más
resfriado. Sin embargo, dice San Alfonso que, si se trata de la elección de
estado, es cierto, tal y como enseña Santo Tomás, que quien siente el llamado
de Dios en su servicio, no está obligado a obedecer a los parientes. Si un
joven se siente llamado a la vida consagrada y se oponen los padres, está
obligado a obedecer a Dios y no ya a los parientes, pues muchas veces son quienes
por intereses y fines particulares se oponen al bien espiritual de los hijos.
«Frecuentemente los amigos carnales –dice Santo Tomás– se oponen al
adelantamiento espiritual». Es cosa que espanta ver a ciertos padres y madres
que, no obstante ser temerosos de Dios, alucinados por la pasión, se fatigan e
inventan mil trazas para impedir la vocación del hijo que quiere dar paso al
seguimiento vocacional. El P. Granada llamaba a la elección de estado la rueda
maestra de la vida. Cuando se gasta la rueda maestra del reloj, queda éste
desconcertado, y así queda desconcertada toda la vida, errada la vocación, respecto
a la salvación eterna. Cuántos desgraciados jóvenes perdieron la vocación por
causa de sus padres y acabaron con mal fin, después de haber arruinado a la
familia. Y con respecto de ello el angélico Santo Tomás exhorta a los que se
sienten llamados a vivir vida más perfecta que no pidan parecer a sus
parientes, ya que en tal materia en muchas ocasiones estos se convierten en sus
enemigos. Y si para seguir la vocación a estado más perfecto no están obligados
los hijos a pedir el consejo de los padres, menos lo están a pedir su
consentimiento o alcanzar su licencia, con mucha más razón si hay fundadas
sospechas de que injustamente les negarán la demanda, impidiendo así la
vocación. Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, San Pedro de Alcántara, San
Francisco Javier, San Luis Beltrán y muchos más entraron en religión sin
avisarlo siquiera a sus padres.
Según
San Alfonso hay que advertir aquí que, así como se exponen a gran riesgo de
perder el camino los que, por complacer a sus parientes, desoyen el llamamiento
de Dios, lo corren igualmente quienes, por no disgustarlos, abrazan sin
vocación divina el estado eclesiástico. Pero, para no errar, él mismo expone
que tres son las señales principales por donde se puede venir en conocimiento
de la verdadera vocación a estado tan sublime: primeramente, la ciencia, la recta
intención de buscar sólo a Dios y la bondad de vida. Pudiese para muchos sonar
a locura o en el peor de los casos un mal consejo por sonar como desobediencia,
sin embargo, ya lo han aclarado los santos, en este aspecto la primera
obediencia es al llamado del mismo Dios, quien se vale de múltiples medios para
llamar a los que Él quiere. Amado hermano, no nos cansemos de orar por todas
las vocaciones, pero en especial a la vida sacerdotal y religiosa. Si sentimos
de pronto este llamado respondamos con generosidad y si sabemos de alguien que
siente este llamado apoyémoslo. Que nuestra madre María Santísima, ejemplo de
generosidad nos ayude a seguir confiadamente aquella vocación que nos ha de
llevar a la vida eterna.
Hno. Alberto,
C.SS.S.
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