En el marco de la semana de oración y formación diocesana publicamos este recurso en preparación a la Toma de posesión de nuestro Obispo Electo: Mons. Rene Sandigo.
Tema 1: OBISPO ¿QUIÉN ERES?

Se nos hace propicio para nuestra Diócesis poder meditar en este momento de nuestra historia en el Ministerio Episcopal, sobre todo para a la luz de la Palabra y del Magisterio de nuestra Iglesia podamos reavivar esos sentimientos de profundo amor, reverencia, fe y gratitud ante el Ministerio Episcopal.


«Cristo el Señor, para dirigir al Pueblo de Dios y hacerle progresar siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que están ordenados al bien de todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que posean la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los que son miembros del Pueblo de Dios [...] lleguen a la salvación» (LG 18).

La palabra “Obispo” significa “supervisor”. Es un pastor de la Iglesia que dirige a los demás pastores (sacerdotes) y al resto de la gente de la comunidad de su región, llamada “Diócesis”. Un Obispo es un católico que ha recibido los sacramentos del Bautismo, la Eucaristía, la Confirmación, el Orden Sacerdotal (como presbítero) y cuando es nombrado por el Papa también recibe la bendición o “consagración” del Orden Sacerdotal para convertirse en Obispo. El Obispo es, ante todo, un creyente y testigo de Jesucristo, que lo ama y está dispuesto a seguirlo, obedecerlo y dar la vida por su proyecto del Reino. Es llamado para continuar la misión que tuvieron los primeros discípulos de Jesús –los “apóstoles”-, de los cuales es “sucesor”. Esto significa que el Obispo recibe, hereda y tiene que dar continuidad a lo que los Apóstoles vivieron, aprendieron y testificaron de Jesucristo, en unión profunda con los demás Obispos del mundo. El Obispo representa a Jesucristo en la Iglesia. Esto significa que Jesús le ha transmitido su Espíritu para que se cumpla lo que dijo: “yo estoy en ellos” (Juan 17,23) y “quien los escuche a ustedes, me escucha a mí” (Lucas 10,16). Así pues, el Obispo hace presente y actúa en nombre del Señor, por lo que la comunidad creyente ve en el Obispo una imagen viva de Jesucristo. Y dado que la Iglesia es “el Cuerpo de Cristo” (1 Cor. 12, 17), el Obispo también hace presente a la Iglesia dondequiera que él esté. “Donde está el Obispo, allí está la Iglesia” (San Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas 8,2).
Conviene recordar lo que nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, en los numerales 880 al 887: Cristo, al instituir a los Doce, "formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él" (LG 19). "Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles"(LG 22; cf. CIC, can 330).
El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). "Consta que también el colegio de los apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro" (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás Apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.
El Sumo Pontífice, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles "(LG 23). "El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad" (LG 22; cf. CD 2. 9).
"El colegio o cuerpo episcopal no tiene ninguna autoridad si no se le considera junto con el Romano Pontífice [...] como Cabeza del mismo". Como tal, este colegio es "también sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia" que "no se puede ejercer a no ser con el consentimiento del Romano Pontífice" (LG 22; cf. CIC, can. 336).

La potestad del colegio de los Obispos sobre toda la Iglesia se ejerce de modo solemne en el Concilio Ecuménico "(CIC can 337, 1). "No existe Concilio Ecuménico si el sucesor de Pedro no lo ha aprobado o al menos aceptado como tal" (LG 22). "Este colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la universalidad del Pueblo de Dios; en cuanto reunido bajo una única cabeza, expresa la unidad del rebaño de Dios" (LG 22).


"Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (LG 23). Como tales ejercen "su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada" (LG 23), asistidos por los presbíteros y los diáconos. Pero, como miembros del colegio episcopal, cada uno de ellos participa de la solicitud por todas las Iglesias (cf. CD 3), que ejercen primeramente "dirigiendo bien su propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal", contribuyen eficazmente "al Bien de todo el Cuerpo místico que es también el Cuerpo de las Iglesias" (LG 23). Esta solicitud se extenderá particularmente a los pobres (cf. Ga 2, 10), a los perseguidos por la fe y a los misioneros que trabajan por toda la tierra.


Las Iglesias particulares vecinas y de cultura homogénea forman provincias eclesiásticas o conjuntos más vastos llamados patriarcados o regiones (cf. Canon de los Apóstoles 34). Los obispos de estos territorios pueden reunirse en sínodos o concilios provinciales. "De igual manera, hoy día, las Conferencias Episcopales pueden prestar una ayuda múltiple y fecunda para que el afecto colegial se traduzca concretamente en la práctica" (LG 23).


Las tareas o funciones de un Obispo es:


· Un testigo y maestro oficial de la fe católica: (tarea de enseñar)
· El sacerdote principal dentro de su Diócesis: (tarea de santificar)
· El pastor, administrador y juez principal de su Diócesis: (tarea de gobernar)


Como maestro de la fe, el Obispo transmite el Evangelio tal como lo cree el resto de la Iglesia Católica. Coordina el servicio de misionar, evangelizar, catequizar, educar y formar a sus feligreses, asegurando que cada persona tenga la oportunidad de conocer el mensaje de Jesús y profundizarlo.


Como sacerdote, le toca asegurar que se ore cristianamente en toda la Diócesis, se celebre la fe, se realicen los sacramentos, se crezca en la espiritualidad y surjan los suficientes ministerios y comunidades que atiendan ese proceso de santificación. Ora sin cesar y promueve que en su territorio se conozca, se ame y adore a Dios sobre todas las cosas, celebrando el misterio pascual de Jesús con entusiasmo, fidelidad y creatividad.


El Obispo preside las celebraciones litúrgicas principales en su Diócesis, especialmente en la Iglesia que le corresponde atender a él personalmente, la Catedral. (Se llama así porque contiene la “cátedra” o silla del maestro principal de la Diócesis.) Sólo el Obispo ordena a los presbíteros y diáconos. Sólo él preside el sacramento de la confirmación, a menos que lo delegue expresamente, o que lo puedan realizar los presbíteros en los casos que la ley de la Iglesia ya tiene estipulado. Se pide que se le refieran los bautismos de adultos, a menos que se autorice de otra forma. En ciertas celebraciones en el año (por ejemplo, la Misa Crismal durante la Semana Santa), es el Obispo el que preside y bendice los aceites.
Como pastor, administrador y juez, al Obispo le toca animar, presidir, representar a la Iglesia, organizar, coordinar, dirigir, supervisar, delegar, corregir errores, crear procesos administrativos, asegurar que existan y funcionen las facilidades, organismos y procesos que hacen posible que la Iglesia funcione y realice su misión.


Debe asegurarse que los más desventajados reciban los servicios con esmero y gran cuidado. Es él quien funda y erige iglesias parroquiales, centros espirituales, conventos y otras fundaciones dentro de su Diócesis, a menos que la ley de la Iglesia disponga otra cosa en ciertos casos. También tiene que hacerse solidario, estar en comunión y compartir con las demás Diócesis del mundo –empezando por las de la Provincia Eclesiástica del País al que pertenece– para que toda la Iglesia Universal (no sólo su Diócesis) progrese y logre su misión.


En todas estas funciones, el Obispo no actúa solo, sino que cuenta con su presbiterio (los sacerdotes que colaboran con él), sus diáconos, personas de comunidades de vida consagrada, y los fieles laicos y laicas. A todo ese personal lo organiza en parroquias, en comunidades, en asociaciones, ministerios y servicios de todo tipo. Una Diócesis, presidida por el Obispo, es una comunidad de muchas comunidades y servicios. El Obispo, de manera especial, mantiene su adhesión y comunión con el Papa, como supremo pastor en la Iglesia visible.

Insignias características de un Obispo:

Un Obispo lleva siempre al pecho una cruz relativamente grande –cruz del pecho o “pectoral”-, señal de su seguimiento de Cristo. Lleva en un dedo un anillo, señal de su “matrimonio” espiritual con su esposa, la Iglesia, y específicamente con su Diócesis.


En las ceremonias litúrgicas donde preside al pueblo, utiliza el báculo, que es el cayado para guiar las ovejas. Representa su función de pastor, de líder del rebaño. Simboliza sus tareas de convocar, de mantener unido al pueblo, dirigirlo cuando va de camino, y también su función de “espantar a los lobos” y enemigos del rebaño, corrigiendo los errores.


La mitra, el sombrero que apunta hacia el cielo como una flecha, hace que el Obispo quede más alto que los demás en las asambleas. Pero este sobresalir debe ser en la santidad. Cuando se le entrega la mitra, de hecho, se le dice: “brille en ti el resplandor de la santidad, para que, cuando aparezca el Príncipe de los pastores, merezcas la corona de gloria que no se marchita”. Así que la mitra es una corona, pero de santidad, que lo hace sobresalir. Su autoridad está por encima de los demás en la Iglesia, sí, pero esa autoridad debe proceder de que sobre salga en la santidad.


En este momento especial por el que a traviesa nuestra Diócesis de León, oremos por quien fue nuestro Obispo durante 28 años y se entregó a este Ministerio Episcopal en nuestra Diócesis Monseñor Bosco Vivas Robelo y de forma especial por su sucesor, nuestro Obispo Monseñor Sócrates René Sándigo. Todo aquel que se dice católico debe tener y practicar el amor, respeto, obediencia, ayuda y oración por nuestro Obispo.


Demos gracias a Dios por el Ministerio Episcopal de Monseñor Sócrates René Sándigo y desde ya consagrémoslo a la Inmaculada Concepción de María, Patrona de toda nuestra Nicaragua.
Que en todo Dios sea Glorificado