Al leer una de las obras
máximas de San Alfonso titulada las Glorias de María vemos una de tantas
virtudes en las Santísima Virgen, la cual quisiera comentar en este pequeño
artículo.
En el libro del
(SI, 24,24.) contemplamos un apartado muy particular en el cual nos lleva a una
lectura completamente mariana “Yo soy la Madre del amor y la esperanza”,
así por consiguiente también es la madre de la fe, y con sobrada razón porque
según San Irineo María repara con su fe los estragos que causó
el pecado de Eva en el mundo por su incredulidad, pues Eva por creer más en el
padre de la mentira la antigua serpiente, más que creerle a Dios contrajo para
el mundo el pecado y la muerte. Sin embargo, al ver la fe de la Santísima
Virgen María vemos cuanta credibilidad le tiene al enviado de Dios el Arcángel
Gabriel.
La Virgen María
por sus pruebas de fe a Dios, abre para los hombres la salvación pues acepta el
misterio de la Encarnación y por ello hasta su parienta Isabel la llamará
bienaventurada pues ella ha creído (Lc. 1,45).
En la Virgen
María podemos ver como lo dirá el Padre Francisco Suárez, una fe muy grande
incluso mucho más que la de los ángeles y de los hombres juntos, pues ella veía
a su hijo reclinarse en la paja del establo y lo reconocía como su Creador, al
igual veía a su hijo huir de la persecución de Herodes y no dudaba que su hijo
era el Rey, lo vio nacer y creyó que era eterno, lo vio finalmente morir con
una muerte infame, cruel y aunque todos vacilaban en la fe, María no ceso en
ningún instante de creer que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios, por ello
consiguió los dones de la perfección en la fe y el amor a Dios.
Al contemplar
el caminar de fe de la Virgen María que creyó siempre en el plan de salvación
podemos decir ahora que, ella es el fundamento de nuestra fe, pues por su
credibilidad a Dios ella mereció ser la luz de todos los fieles, incluso San
Metodio y San Cirilo de Alejandría han
de decir que María es la columna de la fe, por consiguiente tratemos de imitarla,
pues la fe de la Virgen es un don y una
virtud, es un don en cuanto a que es infuso de Dios sobre el ser humano de
manera sobrenatural y es virtud en cuanto el alma la pone en práctica.
Por ello quien
quiera imitar la fe de la Virgen María debe de tener en cuenta que, la fe lo
conllevará a ser una persona que la practique con sus obras, pues el cristiano
tiene ojos para ver el mundo con las luces de la fe y evitar así pecados. Santa
Teresa decía de la falta de fe nacen todos los pecados, por ello pidamos a la
Virgen María que por los méritos de su fe nos alcance de Dios, una fe viva y
practicante.
Rev. Pbro.
José Adrián Hermosa Jiménez, C.SS.S.
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