La baja estatura del sacerdote Raúl Valencia no fue impedimento para ser parte de los planes de Dios, y; después de haber ejercido la profesión de dentista durante 11 años y estar a punto de casarse, es párroco de la Iglesia Santa Mónica en Arizona, Estados Unidos, y durante el V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana/Latina celebrado en septiembre de 2018, concedió una entrevista a El despertador Hispano, en el que brindó un testimonio sobre su vida. 

Raúl, con 1 metro y 28 centímtros de altura, confiesa que mientras ejercía su profesión nunca se imaginó como sacerdote, de hecho, le incomodaba que lo vincularan con el ministerio de Dios. "había gente que me decía: doctor, ¿por qué no es usted sacerdote? Y esos jóvenes me caían muy mal. Pero lo más interesante es que ellos tenían razón”. dice entre risas. 

Fue mientras se disponía a escribir en una pizarra, que pensó en utilizar una silla para poder alcanzar, sin embargo ésta tenía ruedas, lo que le provocó una caída y como consecuencia, una fractura en su brazo derecho, que lo dejó sin trabajar por tres meses. Mientras estaba en recuperación, los misioneros "Soldados de Jesús" le invitaron a vivir un retiro, que terminó aceptando solamente porque no podía trabajar. 

"Empecé a discernir a través de este retiro. Lo interesante de esto es que, siendo dentista yo me iba a casar, con anillo de compromiso, con la casa puesta, pero Dios tenía sus planes, porque yo nunca pensé vivir esa experiencia". El Prelado estadounidense, afirma rezar por la mujer con quien se planeaba casar, y la describe como una historia bonita de amor, sin embargo agrega, que ahora disfruta mucho su sacerdocio. 

Posterior al retiro, confiesa que comenzó a sentirse llamado por El Señor, "yo decía: ¡Señor si te estoy ayudando! Tengo un grupo de jóvenes. En mi profesión ayudo a la gente que no puede pagar a un dentista, voy y doy higiene bucal en las áreas pobres… ¿Qué más quieres Dios mío? Si te estoy dando el 50 o el 60 por cien… Pero Él quería el cien por cien". Luego de un año de reflexión, decidió seguir el llamado de Cristo, escribió una carta a sus pacientes despidiéndose y diciendo que se iba al seminario.

Hoy, mientras disfruta su vida como sacerdote, a modo de broma relaciona su vida como dentista: "Si antes dejaba a la gente como dentista con la boca abierta, ahora la sigo dejando con la boca abierta pero con mi pequeñez. A donde quiera que yo voy soy un impacto y con la gente de mi comunidad igual. Dios se vale de eso, de nuestros talentos, de nuestra pequeñez para llamar la atención y ahora evangelizar". Además brinda una lección de vida, en la que muestra que los límites no existen, y que si lo hacemos para la gloria de Dios tiene mayor trascendencia.