Muy
queridos hermanos lectores.
El
día de hoy quiero continuar dando a conocer acerca de la historia de los
mártires redentoristas de Ucrania. Hemos
hablado ya de tres de ellos, y ahora toca el turno al Beato Iván Siatyk.
Nuestro
Beato nació el 26 de diciembre de 1899 en el pobladillo de Odrekhova, cerca de
Sanok (que fue territorio ucraniano y en la actualidad pertenece a Polonia). Desde pequeño se distinguió por ser un
estudiante destacado y de muy buenos principios. Su Padre falleció en 1913, cuando él
atravesaba los 14 años, por lo que su familia cercana se hizo cargo de su
educación. Conforme siguió creciendo y
estudiando sus dotes académicos se continuaron destacando, hasta que por fin
concluyó sus estudios medios en 1919, cuando tenía la edad de 20 años.
En
ese mismo año decidió seguir su vocación sacerdotal, ingresando al Seminario
Católico Ucraniano de Przemysl (cerca de Sanok, y hoy también territorio
polaco), donde no tardó en destacar académicamente, consiguiendo el grado de
licenciatura. El día 30 de junio de
1923, habiendo cursado ya sus grados teológicos, fue por fin ordenado
sacerdote.
Sus
primeros años de sacerdote los dedicó a la formación sacerdotal, siendo
director espiritual y profesor del Seminario de Przemysl, cargo en el cual se
desempeñó con grandísima eficacia. Pero
sus anhelos aspiraban a la vida religiosa y monástica, cosa que no complacía
mucho a sus superiores eclesiásticos.
Por fin el 15 de julio de 1935 toma la determinación de ingresar en la
Congregación de Santísimo Redentor, en Holosko (Lviv, Ucrania), y hace sus
votos un año después. Una vez convertido
formalmente en sacerdote redentorista sus destinos y misiones encomendadas
fueron, en primer lugar el monasterio de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en
Stanislaviv (ahora Ivano-Frankivsk), donde desempeñó el cargo de ecónomo;
luego, en 1934 fue trasladado como profesor de Sagrada Escritura y Teología Dogmática
al recién abierto Seminario de Holosko; luego, de 1941 a 1944 fue destinado
como superior del Monasterio Redentorista de la Dormición, en Ternopil
(Ucrania); y después, de 1944 a 1946 fue nombrado superior del Monasterio de
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Zboiska (Lviv, Ucrania). En todos estos lugares su apostolado fue muy
fecundo, tanto forjando nuevos sacerdotes como en la predicación y en la
dirección de las almas.
Por
el año 1946 se daba fin a la Segunda Guerra Mundial, pero ahora el régimen
soviético desataba su furia contra la Iglesia Católica. En ese año todos los redentoristas de varias
partes de Ucrania fueron detenidos y confinados en el Monasterio Redentorista
de Holosko. Allí eran sometidos a duros
y humillantes interrogatorios por parte de la policía secreta soviética, y se
les hacían múltiples ofertas para que renegaran de su fe, lo cual ellos no
aceptaron. En esa condición
permanecieron dos años, en precarias condiciones y padeciendo las inclemencias
del tiempo, hasta que
el 17 de octubre
de 1948 fueron trasladados a Univ. Tras
un breve periodo de tranquilidad, y puesto que el Padre Iván había quedado a
cargo de los Redentoristas en Ucrania, fue arrestado nuevamente en enero de 1950,
y el 4 de febrero fue condenado por el delito de “ser miembro de la Orden de
los Redentoristas desde 1936, promover las ideas del Papa Romano y dedicarse a
la difusión de la Fe católica”.
A
partir de este arresto comienza un calvario más fuerte para el Padre Iván Ziatyk,
pues fue sometido a alrededor de 70 veces, con múltiples humillaciones y
horrorosas torturas. Más tarde fue
nuevamente condenado, el 21 de noviembre de 1951, con el castigo de 10 años de
prisión por el falso delito de “haber colaborado con la organización nacional
antisoviética y con la propaganda antisoviética”, siendo ahora internado en el
campo de concentración de prisioneros de Ozernyl (Rusia). Durante este periodo su calvario se
recrudeció más aun, siendo sometido a más severas torturas, hasta que el
viernes santo de 1952 fue duramente torturado y luego sumergido en agua helada
y luego fue dejado inconsciente a la calamidad de los climas siberianos, lo
cual le ocasionó la muerte en el hospital de la prisión el 17 de mayo de 1952.
Nuestro
Beato supo dar vivo testimonio de su fe en Cristo Jesús y padeció con amor los
sufrimientos que Dios le permitió, por eso ahora lo veneramos y Dios conceda
que muy pronto sea contado entre los santos canonizados. El Papa San Juan Pablo II lo declaró mártir y
lo beatificó el 24 de abril de 2001.
Padre
Agustín Pelayo, C.Ss.S.

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