Estimados hermanos en Cristo Jesús.

En el pasado artículo, cuando comenzaba a hablarles del mártir beato Obispo Mikolay Charnetskyi, C.Ss.R., les citaba la frase del escritor cristiano Tertuliano: La sangre de los mártires es semilla de cristianos.  En esta ocasión toca el turno a otro beato redentorista, también obispo y mártir de ucrania bajo el régimen comunista soviético; se trata del Beato Basilio Velichkovskyi, C.Ss.R.

Nuestro beato nació el 1 de junio de 1903 en Stanislaviv, hoy conocido como Ivano-Frankivsk, (suroeste de Ucrania).  Desde muy pequeño recibió una excelente formación católica en el seno de su familia, y esto fue lo que más tarde suscito su respuesta al llamado de Dios mediante la vocación sacerdotal.  Desde muy joven, a la edad de 15 años, se enlistó en las filas del ejército para luchar por la libertad de su patria.  Pero a la edad de 17 años decidió responder al llamado de Dios mediante la vocación sacerdotal, ingresando al seminario de Liviv. En dicho seminario fue completando su formación sacerdotal, hasta recibir el orden del diaconado en el año 1924; fue entonces cuando, luego de haber descubierto su vocación a la vida religiosa, decidió ingresar al noviciado de los Padres Redentoristas para luego profesar sus votos en agosto de 1925, y ser ordenado sacerdote el 9 de octubre de ese mismo año.

Hay dos cosas que se puede decir que distinguieron la vida y personalidad del Beato Basilio Velichkovskyi: su ardor apostólico y su temple para resistir las adversidades.  Respecto a lo primero, los superiores redentoristas desde un comienzo observaron y valoraron en altísimo grado su voluntad y entusiasmo, encomendándole misiones arduas, las cuales él desempeñaba junto con los equipos de misioneros con quienes le tocaba trabajar.  Respecto a su temple, lo explicaré a continuación al hablar de las crueles persecuciones, prisión y trabajos forzados a los que fue sometido por causa de su Fe.

Durante un periodo de alrededor de veinte años el Padre Velichkovskyi desempeñó sus obras apostólicas como misionero entre las colonias de Galizianos dispersas sobre todo en la parte norte de Ucrania y en Bielorrusia.  Dichos Galizianos se habían separado de la Iglesia Greco-católica para unirse a la Iglesia Ortodoxa Rusa.  Ya para el año 1935 regresó a su natal Stanislaviv al monasterio redentorista de ese lugar para desempeñar el cargo de superior.  A finales de la década de los 30´s el régimen soviético comunista anticatólico miró con profunda sospecha la actividad religiosa de los sacerdotes, y las acciones del Padre Basilio no serían la excepción.  Él no se amedrentó y siguió desempeñando su obra evangelizadora en medio de fuertes presiones, las cuales continuaron -quizá con mayor fuerza- a inicios de la década de los 40´s, pero ahora por parte del régimen nazi, pues los alemanes ocupaban ya el territorio ucraniano.  A pesar de las presiones antes mencionadas, el Padre Basilio organizó, en 1940, una magna procesión por las calles de Stanislaviv, a la cual asistieron más de 20,000 fieles.

En el año 1945 el régimen comunista soviético recuperó el control del territorio ucraniano y comenzaron las detenciones de miembros de la jerarquía católica ucraniana, y el 26 de abril de ese año el Padre Basilio fue también detenido y acusado de hacer “propaganda antisoviética”.  Durante su proceso le ofrecieron la oportunidad de quedar libre con la condición de apostatar de su Fe Católica adhiriéndose a la Iglesia Ortodoxa Rusa, a lo cual se negó tajantemente.  Después de un largo proceso de dos años fue condenado a muerte por el “delito” de ser anti-comunista.  Luego de haber recibido su sentencia los tribunales soviéticos decidieron conmutarle la pena de muerte por diez años de prisión, lo cual fue una oportunidad para el Padre Basilio, ya que cumpliendo esta condena se dedicó a evangelizar, formar y fortalecer espiritualmente a los presos.  Mas tarde fue obligado a realizar trabajos forzados en las minas de Vorkuta (al norte de Rusia).  Durante este largo periodo, y a pesar de sus extenuadas jornadas de trabajos forzados, nunca dejó de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, usando como cáliz una lata (pues era lo único con lo que contaba para poder hacerlo); de allí sacó la fuerza espiritual para poder resistir.  Hacia el final de los años de su condena fue trasladado a trabajar en el hospital de la prisión, ya que su salud se encontraba muy quebrantada, y allí permaneció hasta su libertad en julio de 1955.

Al salir de la prisión se estableció en la ciudad de Liviv, donde ejercía su ministerio sacerdotal en la clandestinidad, predicando ejercicios espirituales, dando dirección espiritual y administrando los sacramentos a pequeños grupos de feligreses.  Pero en el año 1959 fue nombrado obispo de la “Iglesia del Silencio” aunque por las dificultades con el régimen soviético su ordenación episcopal tardó cuatro años.  Pero bajo el pretexto de no cumplir con los “deberes de un soviético comunistas” y por el “delito” de haber escrito un libro acerca de la Virgen del Perpetuo Socorro en el que afirmaba, con ejemplos concretos, que los ateos no pueden ser buenos ciudadanos, así como por el delito de escuchar “radio vaticana”, el Obispo Velichkovskyi fue nuevamente detenido en enero de 1969 y condenado a tres años en la prisión de Kommunarsk (en el este de Ucrania).

Tras salir de esta segunda prisión, en enero de 1972, se le prohibió regresar a Liviv, por lo que se le envió a descansar a Yugoslavia con sus familiares.  De allí pasó un tiempo en Roma y finalmente, ante las dificultades de regresar a su natal Ucrania, fue invitado por el Arzobispo Redentorista Maksym Hermaniuk a vivir entre los católicos ucranianos establecidos en Canadá.  Su estancia en Canadá no duró mucho debido a su débil salud, ya que las condiciones tan desfavorables que sufrió en sus periodos de prisión le habían debilitado demasiado. El Obispo Velichkovskyi murió el 30 de junio de 1973 a los 70 años.  Gracias a su vida de fecundo apostolado y tras sus sufrimientos tan grandes por la fe, el Obispo Vasyl Velychkovskyi fue declarado Beato y Mártir el 24 de abril de 2001 por el Papa Juan Pablo II.  Su memoria litúrgica es el 28 de junio.

Padre Agustín Pelayo, C.Ss.S.