En las últimas semanas de octubre de 1998, el Huracán Mitch azotó toda Centroamérica. A su paso por Nicaragua, causó miles de lamentables muertes, siendo el 30 de octubre uno de los más recordados: ese día debido a las intensas lluvias, en el volcán Casita, ubicado en Chinandega, se registró un deslave, que sepultó a miles de personas.

Para los nicaragüenses quedó claro una vez más que la naturaleza, mostró su inmenso poder dejando a su paso muerte y destrucción, tatuando su huella en cada uno de los corazones de los nicaragüenses que hoy recuerdan esos terribles momentos y la trágica partida de tantos seres humanos.

Este miércoles en la parroquia Jesús Nazareno de Posoltega, Monseñor Sócrates René Sándigo Jirón, presidió una Eucaristía por el alma de las personas que murieron en este desastre natural.

“Una de las cosas que el ser humano se planteo es de donde viene y hacía donde va, los cristianos nos planteamos esos problemas tocados en la Carta a los Tesalonicenses y es donde se nos dice que el que cree en mí no morirá para siempre y en efecto nosotros seguimos muriendo, pero morimos a la vida terrena no a la vida eterna” compartió.

“Esta vida se tiene que consumir porque hay un pecado que se llama pecado original, y por ese pecado nosotros, sufrimos, lloramos y morimos, pero por la gracia del Señor, esa muerte es la primera en ser vencida, ese enemigo queda vencido, sin embargo, su superación definitiva será en el juicio final, mientras tanto seguimos sufriendo las consecuencias” meditó el prelado.

Monseñor René, compartió con los fieles presentes la experiencia que tuvo con una feligresa de Posoltega que el pasado 24 de septiembre se le acercó y le dijo que era sobreviviente del casita y que ella le pagaba promesa a la Virgen de Merced, por el eterno descanso de sus hijos.

“Esa promesa es el signo de que con esperanza en el Señor Resucitado nos vamos a encontrar en el cielo, y esa fe de la señora debe ser la fe de todos nosotros, porque si perdemos la fe, la esperanza, perdemos ese encuentro con los hermanos que han vencido a la muerte” meditó.

Finalmente el epíscopo pidió a los files que imploren al Señor que “ese recuerdo de hace 21 años nos permita fortalecer nuestro cuidado con el entorno de donde vivimos, porque cada ves mas la naturaleza está haciendo de lo suyo es producto de la acción humana y por eso tenemos que cuidar la casa común, seamos comprometidos con cuidar la tierra, la casa de todos” concluyó.