Amadísimos hermanos en
Cristo Jesús, frente a este Tiempo Litúrgico que estamos próximo a terminar,
nos invitará a hacer un análisis de nuestras vidas en este caminar que llevamos
todos juntos como hijos de una sola Iglesia, “La Iglesia de Cristo”.
Este caminar nos lleva hacia el encuentro con Cristo
Resucitado nuestro Salvador, por medio de nuestra madre la Iglesia, en el cual
reflexionaremos sobre el cambio de vida que nos pide el Señor Jesús, para que
podamos así ver con claridad lo bueno que es nuestro Padre Dios con cada uno de
nosotros. Hagamos pues este análisis profundo en nuestra vida, para buscar al
Señor que se nos proclama siempre misericordioso.
Por este motivo, quiero
compartir con ustedes esta pequeña reflexión de un breve texto de Tomas de
Kempis. “en el corazón del humilde reina una paz continua, mientras que en el
corazón del soberbio hay frecuentes arrebatos de envidia y de cólera” en
la versión del Pbro. Agustín Magaña Méndez.
Mis hermanos en Cristo,
permitamos que, en cada uno de nosotros, reine la paz y la humildad, para que
podamos tener paz en la vida. Si nosotros de rodillas le pedimos al Señor que
nos de la paz, pero cuando tenemos que ponerlo en práctica con nuestros
hermanos no somos capaces de trasmitir esa paz que pedimos, entonces estamos
careciendo de lo que estamos pidiendo. Si nosotros que pedimos paz, debemos de
dar la paz. Si no lo hacemos, podríamos estar cayendo en un corazón arrebatado
por la soberbia lleno de envidia y de cólera. Pidámosle al Señor que reine en
nuestros corazones, que nos permita abrir el corazón al hermano, al necesitado,
al afligido, al perseguido, al marginado, al olvidado, al pobre, al desamparado,
y poder rechazar un corazón lleno de envidia y de cólera. Y así poder tener un
corazón humilde donde reina la paz.
Pidamos a nuestra Madre
Santísima del Perpetuo Socorro su poderosa intercesión para que el Señor nos
conceda ser humildes.
En Jesús y María.
Pbro. Gerónimo Hernández
Reyes. C.Ss.S

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