Raúl Pérez Alegría es originario del municipio de Huimanguillo del Estado de Tabasco, México, tiene 25 años de edad. Es hijo del señor Carlos Manuel Pérez y la señora Miguelina Alegría, su papá falleció cuando tenía 13 años, lo cual fue un golpe muy fuerte para la familia, tiene 13 hermanos: 7 mujeres y 6 varones, define a su familia como el motor de su caminar humano y vocacional, pues sus raíces religiosas se han centrado en el catolicismo.

El dolor lo alejó de la Iglesia
Gracias a la influencia de mi familia fui creciendo con grandes inquietudes vocacionales misma que he ido madurando todo este tiempo, afirma Raúl. Todo empezó cuando tenía 7 años de edad, le llamaba mucho la atención el personaje del sacerdote en su forma de hablar, expresarse y convivir con las personas, los cuales crearon en èl grandes interrogantes al querer ser uno de ellos. Recibió el Sacramento del Bautismo y Comunión a los 13 años, mismos que le llenaron de alegría y amor a Dios, este sentimiento que mostró no duro mucho tiempo ya que meses más tarde se apagaría el motor de su vida con el fallecimiento de su padre, manifestando con ello una actitud de desprecio y enojo para con Dios, dejándose llevar por el dolor. Fue adventista por unos años hasta que lo invitaron a un retiro de parte de la pastoral juvenil, fue en dicho retiro donde descubrió que Dios no tuvo nada que ver con aquel padecimiento, si no que era parte de la naturaleza humana, después de dicho retiro con dificultades se integró a la adoración nocturna y a la liturgia, servicios donde Dios le mostró su paternidad y su amor, fue desde ahí que su inquietud vocacional floreció nuevamente.

El regreso a casa
 Después de vivir una experiencia hermosa en la vida diocesana, tuve la dicha de convivir con algunos Hermanos Consagrados que eran originarios de mi comunidad. Fue en el 2016 cuando tuve la primera cercanía con el padre Ezequiel, rector mayor de la comunidad, me acuerdo que tenía muchos nervios y pena al expresarme, aunque no lo aparenté, desde aquel primer encuentro mantuvimos una comunicación más cercana con la comunidad. Después de unos meses de conocerle me invitaron a un retiro nombrado “Ven y Verás” donde viví la experiencia de vida con los consagrados, esto no lo he contado a nadie, pero ya mi mente y mi corazón presentían el inicio de una gran aventura, expresa Pérez.

Su experiencia como misionero, ha marcado todo su personalidad y su forma de ver la realidad de la Iglesia Católica, porque el salir de su lugar de origen, conoció otras costumbres y tradiciones. Cuando le dijeron que vendría a Nicaragua, lo primero que se le vino a la mente su familia y país, ya que nunca había salido de México y mucho menos dejar a su familia. Raúl, recuerda  que:  fue el último que respondió al mandato del padre Ezequiel C.Ss.S, porque sentía miedo de fallar y quedarse en el camino, pero fueron palabras de un verdadero Padre, más la inspiración de la palabra divina al describir “quien no deja padre, madre, hermano, no es digno de seguirme”, fue con eso que se atrevió a vivir una aventura en donde ha experimentado alegría, fraternidad, paternidad y también dificultades, pero es Dios que se ha encargado de motivarlo en medio de la santa misión, en donde ha encontrado, personas con gran necesidad de que les hablen de un Dios que ama y acepta por amor a quien se arrepiente de corazón, ha vivido grandes aventuras al lado de la gran familia que por la gracia de Dios tiene.

Un misionero más humano
Han sido muchas las experiencias que me han llenado como persona creyente y que me ha ayudado a seguir creciendo humanamente, una de ellas es: las misiones populares en donde compartimos con las comunidades que viven lejanas de la realidad urbana, lugares donde lo dejan todo por ganarlo todo, tan solo por amor a Dios y a la Virgen. Hace dos años tuvimos un gran reto de evangelización, ya que nos abogamos a la intención del Papa Francisco “Evangelizar a través de balónpara muchos era una locura, pero para nosotros, una aventura de locos que buscan dar a conocer que la vida religiosa o sacerdotal no es como muchos la ven o creen, al proyecto de evangelización le nombramos “Torneo Alfonsiano”, en honor a nuestro padre espiritual, para que fuera él quien intercediera por el proyecto. Lo que me impactó, es que en cada juego que realizamos en las diferentes parroquias de Chinandega, asistían jóvenes que nunca habían visitado la Iglesia y muchos menos ser partícipe de la Santa Misa, y más aún ver a un grupo de jóvenes religiosos que disfrutaban cada momento con alegría y amor. Me he subido en una barca donde tengo el mejor capitán (Cristo), lugar donde a pesar de las turbulencias, confío que llegaremos a tierra firme donde estará la paz y la felicidad eterna.
Hno. Raúl de Jesús C.Ss.S