A Santa Lucía se le ha representado frecuentemente con dos ojos, porque según una antigua tradición, a la santa le habrían arrancado los ojos por proclamar firmemente su fe.

Santa Lucía es la copatrona de la Iglesia San Juan Bautista de Sutiava en la ciudad universitaria de León, la tarde de este trece de diciembre previo a su cortejo procesional, Monseñor René Sándigo presidio una Solemne Eucaristía en la catedral de madera y queremos compartir con ustedes datos importantes de su homilía.

 Las vírgenes marcaron el perfil de la iglesia, la misma iglesia que Jesús marcó desde su fundación cuando le dijo a Pedro: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré la iglesia”.

Las Vírgenes nos enseñan y nos muestran una iglesia apasionada por el Señor, que no escatiman nada que comprendió la importancia de la entrega absoluta y la entrega hasta la muerte, ese es el amor abnegado por el reino de Cristo.

Según la tradición, cuando la santa era muy niña hizo a Dios el voto de permanecer siempre pura y virgen, pero cuando llegó a la juventud quiso su madre (que era viuda), casarla con un joven pagano. Lucía finalmente obtuvo el permiso de no casarse, pero el joven pretendiente, rechazado, dispuso como venganza acusarla ante el gobernador de que la santa era cristiana, religión que estaba totalmente prohibida en esos tiempos de persecución. Santa Lucía fue llamada a juicio; fue atormentada para obligarla a adorar a dioses paganos, pero ella se mantuvo firme en su fe, para luego ser decapitada.

Nosotros hoy somos enamorados de la Iglesia de Dios, cuando venimos al templo como iglesia, como comunidad salimos enamorados, animados porque hemos escuchado la palabra de Dios, si veníamos con problemas al escuchar a Dios, que me alimentó salgo con nuevas luces y con el optimismo de querer solucionar el problema que me está agobiando y en Santa Lucía encontramos una iglesia que sabe difundir a Cristo que es la luz del mundo.

Santa Lucía nació y murió en Siracusa, ciudad de Italia, y gracias a sus múltiples virtudes entre las que se destaca la sencillez, la humildad y la honradez, el Papa San Gregorio en el siglo VI puso su nombre a dos conventos femeninos que él fundó.