Meditando el Evangelio
según san Mateo (4,1-11)
I domingo de Cuaresma
Llegamos al primer
domingo de Cuaresma, iniciamos así este camino, siguiendo los pasos y las
huellas de Jesús, vamos caminando con Él, nos lleva al desierto para
prepararnos, para ejercitar nuestro espíritu y fortalecernos.
El Evangelio de hoy
nos coloca ante la realidad de la tentación y del pecado, pero nos deja el
sabor de la victoria y de la esperanza, este domingo es para alentarnos, para
darnos fuerzas en este camino Cuaresmal que estamos comenzando, si Cristo,
nuestro Señor ha vencido las tentaciones también nosotros las podremos vencer
con su ayuda y con su fuerza.
Por eso hay mucha
esperanza que en este camino no vamos solos. El diablo aparece en este
Evangelio y se presenta ante nuestro Señor para tentarle, me imagino que
aquella serpiente siente todavía el gusto de la caída de nuestros primeros
padres y se relame los inmundos labios saboreando aquel triunfo (Gn 3, 1 24), su
dialogo ante el Señor podríamos decir que es atractivo, ofrece lo que el mundo
desea: el poder, el tener y el placer.
San Gregorio Magno decía:
“Por los mismos modos con que (el malvado) se gloriaba, de haber vencido al
primer hombre, fue vencido por el segundo; para que salga aprisionado de
nuestros corazones por la entrada misma por donde se había introducido en ellos
y nos tenía prisioneros”.
El diablo cita
incluso la Escritura para tentarle, pero nuestro Señor nos enseña, el verdadero
camino, es a través del discernimiento de la Palabra, es a través de la guía del
Espíritu Santo, que es quien le lleva a Jesús al desierto, es a través de su
Iglesia, que es donde reside el depósito de la Fe y donde el Espíritu se posa —aquí
me pongo a pensar en cuantas personas utilizan incluso la Palabra de Dios para
justificar sus maldades, injusticias y pecados, ese atrevimiento, los lleva a
ser otros diablos, intentando hacer las obras de las tinieblas—.
Jesús vence al
maligno, vence esas tentaciones y nos enseña que no debemos prestar atención a
las seducciones del maligno. Esta victoria que nos narra el Evangelio ante la
tentación y el pecado es también una invitación a cada uno de nosotros, la
Cuaresma nos da el antídoto para vencer, para fortalecernos y es: la oración,
el ayuno y la limosna.
La Oración vence
esa tentación del poder, porque con ella reconocemos que somos pequeños y
necesitamos a Dios, a quien nos dirigimos como hijos confiados y necesitados de
su Padre, la Oración vence la soberbia de creernos superiores, el orgullo de
creernos algo. La oración nos ubica en nuestra realidad y nos pone ante quienes
somos de verdad, pero la Oración es a la vez un poder, el verdadero poder que
necesitamos, porque con ella podemos obtener lo que conviene, ese dialogo es fructífero,
porque nos regala gracias, Dios nos escucha y atiende nuestra suplica, nunca
quedan desatendidas.
La invitación al Ayuno
es el antídoto contra esa tentación del placer, es fortalecer nuestra voluntad
para que este resistente contra la concupiscencia de la carne, es dominar la
carne y el apetito desordenado, cuanto bien hace un ayuno bien ofrecido porque
es el ejercicio espiritual que nos fortalece interiormente.
La Limosna es el antídoto
contra el tener, si de constante estamos tentados a tener cosas, a querer ser
los dueños del mundo la Limosna abre nuestras manos para dar, no para retener poniendo
nuestra confianza en las cosas, sino abriendo las manos al otro y confiando
solo en la providencia de Dios, ante el cual también abrimos nuestras manos
suplicando lo necesario.
Este camino Cuaresmal
comienza con Jesús que nos lleva al desierto y nos prepara para la lucha interior,
nos prepara para la victoria. Ojalá todos podamos recorrer este camino y ejercitar
nuestro espíritu, la Cuaresma es un gran retiro espiritual, un intenso
itinerario que nos coloca caminando muy de cerca con Jesús, con su sufrimiento,
con sus dolores, pero también que nos prepara para su Pascua y su completa
victoria sobre la muerte y el pecado.
Que todos vivamos
una Santa y bendecida Cuaresma.
Recuerda: Ama mucho, el Reino de Dios ha llegado y que Dios les bendiga.
UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS
Meditación Domingo 1 de marzo 2020
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Facebok: Néstor Esaú Velásquez
Roxana y Esaú
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