Meditando el
Evangelio según San Juan (9,1.6-9.13-17.34-38)
IV domingo de Cuaresma
Cuarto domingo de
Cuaresma, hoy Jesús en el Evangelio le devuelve la vista a un ciego de
nacimiento; la Palabra de Dios hoy nos invita también a nosotros a pedirle al
Señor que podamos recobrar la vista y ser sus testigos, esa es la experiencia
del ciego y podría ser nuestro camino Cuaresmal.
Creo que esta
Cuaresma es particularmente especial, vivimos momentos en los cuales una
pandemia azota el mundo, miles de personas contagiadas y tristemente ya suman
miles que han perdido la vida por el COVID-19; y creo que hoy nos damos cuenta
que hemos vivido en ceguera. Millones de personas se encuentran en cuarentena y
por primera vez creo que en la historia de la civilización humana la gran
mayoría se detiene y podemos ver que los falsos dioses que nos hemos fabricado
son pura ilusión: el tener, el poder y el placer se ven opacados por la
realidad de la vida y la muerte; el drama de la existencia cuando se vive desde
el egoísmo y la soberbia de nuestras propias y falsas seguridades queda
evidente ante el filtro de la vida y la muerte, cuando la vida pende de un
hilo, cuando la vida de nuestros seres queridos corre el riesgo de verse
afectada.
Y es Jesús que
viene a nuestro encuentro, porque hoy camina entre nosotros a pesar del dolor,
del sufrimiento, de la enfermedad, es el mismo Jesús “que vio a un hombre ciego
de nacimiento”, —no es el ciego que le busca, es Jesús que le ve, que se
acerca, escupe en tierra, hace barro con la saliva se los unta al ciego y le
envía a lavarse —.
Por ello debemos de
tener la certeza que es Jesús quien está frente a nosotros y nos quiere abrir
los ojos, quiere que dejemos nuestra ceguera, que podamos ver; y cuanta
necesidad tenemos de Dios y de poder abrir los ojos. Para el ciego el camino a
la piscina de Siloé es un camino de fe, no estaba viendo, daba pasos entre la
oscuridad interior, pero confía y deja que esa fe lo guie; así nos pasa a cada
uno de nosotros, nos toca confiar en la Palabra de Jesús, creerle, aunque al
inicio no miremos nada. El enviado, recupera la vista cumpliendo el envío y en
la obediencia a las Palabras del Maestro, él ciego termina dando fe; Da testimonio
primero que era ciego y que ha sido sanado y luego encontrándose con Jesús y
reconociéndole “Creo Señor”; ese es el camino de la luz, para tener vista, para
abrir los ojos.
Saber escuchar es
parte importante de este camino Cuaresmal, saber escuchar a Dios que nos está
hablando incluso en medio de los difíciles momentos que vivimos, Dios que viene
a nuestro encuentro y como en el Genesis, vuelve a tomar barro para darnos
nueva vista, para hacernos hombres nuevos. La Palabra de Dios nos guía en medio
de estas oscuridades, nuestra ceguera espiritual nos dificulta ver en nuestro
interior, entrar en nuestro interior, descubrir nuestras propias sombras,
nuestro pecado, nos dificulta ver al otro, a nuestros prójimos y reconocer sus
propias necesidades, nuestra ceguera es el egoísmo, la soberbia, el rencor, el
odio… nuestra ceguera actual toma muchos nombres, todos resumidos en la palabra
pecado, pero Dios quiere que abramos los ojos, que tengamos nuevos ojos, este
camino comienza con la escucha atenta, con la obediencia. Si este hombre ciego
de nacimiento no hubiese prestado atención a la voz de Jesús otra seria la
historia, no sería igual el final de este Evangelio.
El ciego da
testimonio a pesar de quienes le critican, incluso otros le llegan a ver como
un hombre diferente, no reconocen en él aquel ciego de nacimiento. El encuentro
con Jesús nos transforma, nos hace hombres nuevos. A pesar de las críticas, a
pesar que le expulsan se vuelve a encontrar con Jesús y en este momento
confiesa su fe, le descubre como su Señor, se queda postrado ante Él.
Hoy podemos
escuchar la voz de Dios, incluso creo que las condiciones que vivimos nos
ayudan a detenernos, hoy podemos entrar al interior de nuestro corazón para
encontrarnos con Dios, hoy se hace más fácil elevar una oración y confiar en su
Providencia, hoy que se derrumban las seguridades que nos hemos creado y nos
damos cuenta de nuestra ceguera se hace más fácil escuchar y dejarnos guiar,
caminar a Siloé llevando en nuestros ojos el barro de una nueva creación que se
deja tocar por Jesús para testimoniar esperanza a un mundo que tanto la
necesita.
Vivimos momentos
especiales y hoy también debemos ser responsables y cuidarnos, cuidar a los más
vulnerables, tomar las medidas de prevención, evitar salir de casa si no es
necesario, nos toca vivir una Cuaresma y Semana Santa en la pequeña Iglesia
domestica del hogar, vivamos este tiempo con la disposición de escucha y con la
obediencia de Fe.
Que todos vivamos
una Santa y bendecida Cuaresma.
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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