Meditando el Evangelio según san Juan (4,5-42)
III domingo de Cuaresma

Tercer domingo de Cuaresma, hoy con Jesús nos acercamos al manantial de Jacob, puede ser que nos encontremos como Jesús cansados del camino y este domingo se nos puede presentar como un manantial, en medio de este camino cuaresmal para tomar un poco de agua y quitarnos la sed.

¿Cuántas preocupaciones y cansancio traemos? El mundo se revuelve entre pandemias, alzas de precios, enfermedades, preocupaciones económicas…; pero hoy cerca de este manantial, en este pueblo de Samaria, en Sicar nos espera Jesús. En el Antiguo testamento, es el pueblo de Israel el que tiene sed y pide agua, reclama al Señor y Dios les responde hace brotar agua de una roca, en la peña de Hored (Éxodo 17,3-7), en el Evangelio de este día nos encontramos que es Dios mismo quien le pide agua a una mujer de Samaria; aquí ante un pozo, ante ese manantial se desarrolla un hermoso dialogo, podríamos decir una hermosa oración, la mujer que habla y Dios que escucha y responde, Dios hablando con la mujer, Dios pidiéndole a la mujer un poco de agua y a la vez llenando de agua viva a su interlocutora, ese es el hermoso regalo de la oración, una correspondencia de amor y de generosidad, nosotros damos muy poco, damos lo que podemos, Dios nos llena por completo y nos regala siempre más.

Pero aquí cerca de este manantial, nos debemos de ubicar también nosotros, tenemos sed, una sed que es tan inmensa que solo Dios mismo la puede llenar, solo en Dios la podemos satisfacer, el camino cuaresmal nos lleva por el desierto y aquí se hace evidente la necesidad del agua, aquí podemos reconocer esa necesidad de agua y su importancia en nuestra vida, no solo física, sino espiritual. Por ello la Palabra hoy nos ubica ante el manantial y ese manantial es Cristo, aquel que nos puede quitar toda sed, dice el Evangelio, «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

Jesús nos promete un Agua Viva, un agua que nos quita la sed y que nos transforma en surtidores de agua para la Vida Eterna, la mujer piensa en el cansancio de acudir siempre al mismo pozo y seguir sacando agua y pide de esa agua que le ofrece Jesús para ya no ir al manantial; a nosotros también nos pasa, nos confundimos y buscamos muchas veces de un agua que nos da más sed. Jesús continúa dialogando con ella y le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.» El sitio del que nos habla Jesús es nuestro corazón, es el monte donde Dios quiere que le demos culto, en Espíritu y Verdad.

La mujer tiene ante sus ojos al Mesías, tiene a Dios mismo que le ha pedido agua y le dice a Jesús: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.». Esta mujer llego buscando solo agua y ahora se va a su casa, a su pueblo, a su ciudad, con su familia; transformada en un surtidor de agua, que lleva agua viva, es más la gente de su pueblo ya no cree solo en sus palabras, cree porque han visto, porque han oído a Jesús; eso debemos ser en el mundo surtidores de agua que lleven Agua Viva, este mundo tiene tanta necesidad de esa agua de esperanza y vida.

Dejémonos tocar por Jesús, el puede sacar de nosotros agua viva, agua que aplaca cualquier sed, aunque nuestro corazón sea tan duro y seco como la peña de Horeb, Dios puede hacer brotar de el un manantial de agua que nos quitara cualquier sed y que dará Agua Viva a los demás.

Que todos vivamos una Santa y bendecida Cuaresma.



Escrito por:


Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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