Meditando el
Evangelio según San Mateo (17,1-9)
II domingo de Cuaresma
Segundo domingo de
Cuaresma, caminamos en este camino Cuaresmal, de camino a la Pascua, este
tiempo es como un gran e intenso retiro espiritual que nos puede acercar más a
Dios si nos atrevemos a vivirlo de verdad e intensamente.
Este camino
Cuaresmal necesita de ciertas actitudes: escucha, confianza y obediencia; Así
como en la primera lectura (Gn 12,1-4a), Dios habla a Abram, le hace una
promesa: “Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y
será una bendición…” Escuchar la voz de Dios, atender su propuesta, confiar y
obedecer le cambia la vida a Abram, le transforma, incluso le llega a cambiar
el nombre Abram por Abraham.
Dios hoy nos llama
como llamó al anciano Abram, —dice la Escritura que Dios llamó a Abram cuando
tenia 99 años—, esta llamada necesita de un corazón dispuesto y de oídos que
puedan escuchar, que dejen que la Palabra penetre en nuestro interior y nos dejemos
transformar, nos dejemos contagiar por el amor, la verdad y la vida. —La
Cuaresma puede ser ese camino que lleve a contagiarnos y contagiar al mundo,
hoy sobre todo que vemos tantas amenazas de epidemias y virus—, el cristiano
debe de ser viral porque la escucha de la Palabra debe llevarlo a ser agente de
contagio, de esa buena nueva que transforma al mundo y que cambia nuestras historias
y las enrumba al amor, como lo hizo con Abram.
Este camino de escucha,
confianza y obediencia, hoy nos lleva de forma especial a subir el monte Tabor,
esa montaña alta, vamos con Jesús; y este Domingo se transforma en un oasis, en
un momento de consuelo en medio de este seguir las huellas de Cristo, sus
dolores y sufrimientos por este camino Cuaresmal.
No podemos perder
de vista que este camino Cuaresmal nos lleva a la Pascua, es un itinerario, la
meta no es una tumba y en ella un cuerpo muerto; la meta es correr a una tumba vacía,
a un Jesús Resucitado y Glorificado, esa Pascua, ese paso de Jesús que nos abre
el camino a la Vida verdadera. Hoy podemos tener un anticipo de esa Pascua, hoy
Jesús se transfigura ante sus discípulos y con ellos también nosotros nos vamos
preparando para atravesar este desierto Cuaresmal, a lo lejos se vislumbra un
Calvario, los dolores y sufrimientos, pero también ahí cerca hay un huerto, una
tumba vacía que atestigua el triunfo de Cristo que ha vencido a la muerte y nos
regala la vida.
Pero, ¿para qué
subimos al monte? Subimos al monte para contemplar; La cuaresma es un tiempo
para centrar los ojos en Jesús en sus gestos, palabras y acciones, es ver en Él
que se cumplen todas las promesas de la Antigua Alianza, Moisés y Elías dan por
ello fe en el Monte Tabor, Jesús en el centro nos señala que el tiempo de Dios
ha llegado y se escucha desde la nube la voz del Padre que desde el cielo dice:
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Cuaresma es
tiempo de escuchar a Jesús, escucharle atentamente, nos va hablando con el
lenguaje de Amor y Misericordia, nos va hablando con un lenguaje que es
desconocido en el mundo y que es el camino del cielo, es el lenguaje de la Cruz.
Del Tabor al Calvario, del Calvario a la tumba vacía, el puente es la Cruz;
Cuaresma es un camino por la Cruz que es el extremo del Amor; La Cruz es la
oferta de la fe cristiana y es el camino para vencer, la Cruz es la
contradicción más grande en el mundo ¿Cómo alguien puede vencer siendo “derrotado”?
Jesús transfigurado nos adelanta la victoria, nos enseña la meta, pero esa
gloria total se alcanza siendo transfigurados por Cristo en la Cruz.
Escuchemos a Jesús,
bajemos del monte ya no guardando silencio sino proclamándolo, siendo esa
Iglesia en salida que grita al mundo y señala que Jesús es: Camino, Verdad y
Vida, que su Amor es tan grande que ha dado su vida por nosotros y que unidos a
Él podremos también nosotros transfigurarnos, transformarnos y ser en el mundo
nuevos Cristos que contagian una Palabra que es alegría y esperanza para un
mundo que se sumerge en la desesperanza.
Escucha, confianza
y obediencia, subir al monte alto, contemplar a Jesús, unidos a la Cruz,
abrazados a la Cruz es camino para nosotros también de Transfiguración; Ojalá
que esta Cuaresma sea camino por esa Cruz que nos regala Redención, esa Cruz
que nos hace hijos adoptivos, amados y predilectos del Padre, esa Cruz que nos
hace una nueva humanidad y constructores de la Civilización del Amor y la Vida.
Que todos vivamos
una Santa y bendecida Cuaresma.
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


0 Comentarios