En la Solemnidad de la de la Anunciación del Señor, el Obispo de León, presidió la Eucaristía matutina en la Basílica Catedral de León, en su reflexión dijo que “Gracias a la Virgen que se abrió a esa experiencia pedida por Dios, tenemos al Enmanuel el Dios con nosotros presente en Jesús Sacramentado, el Dios con nosotros se hace presente en la iglesia”.

Los antiguos padres de la Iglesia gustaron de comparar a María con Eva. Es bien conocido el texto de San Ireneo en el que afirma que 'el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María». Otros, como San Jerónimo o San Juan Crisóstomo, repitieron una y otra vez que si» la muerte vino por Eva, la vida nos vino por María».

La cueva de la Anunciación, en Nazaret, está cerrada por una verja que parece querer evocar la zarza ardiente en la que Dios se mostró a Moisés. Y con razón, puesto que aquí Dios se hace presente y salvador para siempre. En el sermón mencionado al comienzo, San Juan de Ávila compara la encarnación del Señor con el episodio de la manifestación de Dios a Moisés en la zarza que ardía en el desierto. En ambos casos, Dios daba muestras de interesarse por la suerte humana. Pero si en un caso seguía siendo Dios «sin que le costase nada», en el otro se comprometía hasta el fin, asumiendo la suerte del hombre:
«Hombres, no es ya razón tener el corazón de piedra, sino de carne, pues el Verbo de Dios es hecho carne por nosotros hombres y por nuestra salud. Dios encarnó y fue hecho hombre. Acullá se queda en la zarza, y no tocan a él; acá desciende de los cielos y queda hecho hombre.»

Esta contemplación del misterio de la Encarnación ha alimentado la espiritualidad cíe los cristianos y ha orientado su presencia activa en el mundo. La Iglesia, imitando de lejos al Verbo de Dios, trata cíe encarnarse en las realidades de este mundo con el fin de renovarlo con la gracia de su Señor.

“Hoy al celebrar la anunciación los invito a que la esperanza futura del antiguo testamento sea una esperanza fuerte, optimista y que en esa llegada de nuestro Señor Jesucristo nos garantice de que Dios no ha cerrado las puertas” concluyó.