Meditando las
lecturas y el Evangelio de este Domingo.
Domingo de Ramos –
Ciclo A
Casi llegamos a la
meta de este camino Cuaresmal, comenzamos el ejercicio espiritual de estos
días, la gente los llama los días grandes, iremos recorriendo en esta semana
los Misterios centrales de nuestra Fe: la Pasión, muerte y Resurrección de
nuestro Señor Jesucristo y particularmente en este año nos toca vivirlos de una
forma especial, todos conocemos la situación que se vive en el mundo, muchas
personas no asistirán a los templos y desde la casa se unirán a los distintos
momentos litúrgicos, una gran oportunidad sin duda de volver los ojos a esa
Iglesia doméstica, a ese lugar desde donde germina y se acrecienta la fe.
Los primeros
cristianos se reunían en sus propios hogares, fueron los primeros templos donde
se predicó, donde se reunían a vivir en comunión la fe y a comer el alimento Eucarístico,
hoy nos toca una experiencia similar, en esta Cuaresma y Semana Santa y no es
por falta de fe como alguno podría pensar, tener fe también es escuchar e
interpretar las señales de los tiempos, escuchar la voz de nuestros Pastores
que nos piden precaución, que nos piden ser responsables de nuestra propia vida
y la vida de los demás, tener fe es también obedecer a nuestros Pastores,
porque Dios quiere que tengamos vida; tristemente hay personas que actúan o
piensan como el diablo "«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque
está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para
que no tropiece tu pie en piedra alguna.» Jesús le dijo: «También está escrito:
No tentarás al Señor tu Dios.»" (Mt. 4, 6). Está podría ser la
tentación de nuestro tiempo, de algunos que hablan de Fe citando también incluso
la Biblia. Jesús no cae en esa trampa del maligno, reconoce en esa tentación el
engaño del demonio que incluso se atreve a citar la Escritura, la tentación
conlleva el poner en riesgo su vida, Jesús no es un suicida que busca la muerte
o que pone a prueba a su Padre para demostrar su poder, Jesús reconoce que el
Padre tiene un proyecto y que la propuesta de satanás es un tentar a Dios. Al
quedarnos en casa como nos dicen nuestros pastores no estamos faltando a la Fe,
sino que nos permitimos descubrir de una forma hermosa que nuestra Fe va más allá
de nuestros signos exteriores, que las manifestaciones externas, esa es una Fe
madura. Al menos por este año será la forma en que viviremos la Semana Santa y
la Iglesia nos ha ido instruyendo en como vivirla, ya tendremos tiempo de salir
y dar gracias en cada calle y plaza de nuestras ciudades y pueblos, por ahora
obedecemos a la Iglesia, reconociendo la voz de Dios que nos invita a quedarnos
en casa, como en aquella primera Pascua, en el Antiguo Testamento, donde Dios
le ordena a los Israelitas no salir, reunirse en sus hogares y vivir el paso
del Señor que les salva de la esclavitud, pero que a los Egipcios les arrebata
a sus hijos primogénitos en forma de peste.
En el Evangelio de
este día vemos el proyecto de amor de Dios llegar a su cumplimiento, Jesús no
busca la muerte, lo hemos visto en las lecturas de los días anteriores, no anda
buscando que lo maten, no es un suicida, lo vemos actuar con prudencia cuando
el Sanedrín había decidido matarle, Y aquel día decidieron darle muerte. Por
eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la
región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo
con los discípulos (Juan 11,45-57) incluso lo vemos
tener sufrimiento en los minutos previos al inicio de su Pasión, «Padre mío,
si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo
quiero, sino lo que tú quieres.» esa es la clave de la vida de
nuestro Señor, hacer la voluntad del Padre, su muerte es entrega y ofrecimiento
al proyecto de su Padre, es completa confianza en la voluntad del Padre que le
lleva a la Cruz, pero que no le abandona y transforma un aparente fracaso en
victoria, una muerte en vida y en una vida eterna y que vence definitivamente a
la muerte.
Hoy vivimos días
parecidos, la muerte se asoma, nos rodea parece que vence, hay un silencio, el
silencio o el abandono de Dios, muchos se preguntan ¿Dónde está? ¿Por qué permite
esto? Y leyendo el pasaje de la Pasión y muerte de nuestro Señor descubrimos la
respuesta del dolor y el sufrimiento humano, Dios está precisamente, Crucificado
con nosotros, sufriendo con nosotros, porque ha asumido nuestro dolor y
sufrimiento, ha asumido nuestra muerte. La historia de la humanidad se
desarrolla ante una Cruz, hoy estamos ante esa Cruz y en Jesús todos morimos,
morimos físicamente y morimos espiritualmente, hoy también ante la Cruz del
Señor están las personas enfermas, los moribundos por esta pandemia, las
familias que sufren, el dolor de quienes nos abandonan, el esfuerzo de quienes
trabajan para cuidar a los enfermos y quienes son más vulnerables, todos
abrazamos la Cruz en el aparente silencio, en ese aparente abandono del Padre
Dios, ante su mirada; pero en Jesús con sus brazos abiertos en la Cruz, en su sufrimiento,
agonía y muerte descubrimos la elocuencia del amor de Dios, que nos abraza a
todos, en está Semana Santa, en medio de una pandemia, en nuestra vida, ahí
descubrimos una vida que vence a la muerte, una respuesta que no creíamos recibir,
un amor que pensamos no merecer.
Este Evangelio queda como en un to be continue… –creo que todos podemos hacer spoiler del final de está historia, pero ese será tema del próximo sábado por la noche–; y así es la muerte no es el final y Dios ha transitado el camino hasta ella para romper sus cadenas y liberarnos, no desde lejos, sino con sus propias manos, en su propio cuerpo, por eso decimos que somos Cuerpo de Cristo como Iglesia, porque hemos sido asumidos por Él. Abracemos una Cruz en estos días, abracemos la Cruz que nos toca vivir, la de este día, las Cruces que vienen día con día, la Cruz de está pandemia, solo así ante una Cruz, la muerte, el dolor y el sufrimiento tienen sentido, porque unidos a la Cruz de Jesús mueren ellos y Resucitamos nosotros.
Este Evangelio queda como en un to be continue… –creo que todos podemos hacer spoiler del final de está historia, pero ese será tema del próximo sábado por la noche–; y así es la muerte no es el final y Dios ha transitado el camino hasta ella para romper sus cadenas y liberarnos, no desde lejos, sino con sus propias manos, en su propio cuerpo, por eso decimos que somos Cuerpo de Cristo como Iglesia, porque hemos sido asumidos por Él. Abracemos una Cruz en estos días, abracemos la Cruz que nos toca vivir, la de este día, las Cruces que vienen día con día, la Cruz de está pandemia, solo así ante una Cruz, la muerte, el dolor y el sufrimiento tienen sentido, porque unidos a la Cruz de Jesús mueren ellos y Resucitamos nosotros.
Que tengan una bendecida Semana Santa.
A vivirla hoy con más Fe que nunca desde casa.
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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