Meditando las lecturas y el Evangelio de este Domingo.
Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A

Llegamos al tercer domingo de este tiempo de Pascua, un tiempo que vivimos de forma especial, un tiempo por el cual caminamos en medio de dolor y sufrimiento, pero con mucha esperanza.

San Agustín decía: “Cristo, vivo, encuentra muertos los corazones de los discípulos… Iba con ellos como compañeros de camino y Él era el guía… Lo veían, pero no lo reconocían… ¿Dónde quiso que lo reconocieran? En la fracción del pan... Partimos el pan y reconocemos al Señor”.

Los discípulos de Emaús caminan sin esperanzas, la habían perdido, llevan sus corazones muertos, habían esperado, pero ahora se regresan a sus vidas antes de Jesús con la herida del fracaso; para ellos Cristo fracasó en la Cruz, su proyecto y promesas han quedado enterradas en un sepulcro y lo que han hecho es el ridículo, seguir un falso profeta que su fracaso ha sido exhibido en una Cruz, o talvez un hombre muy bueno, bueno e ingenuo que creyó que podría cambiar el sistema pero que ha pagado su ingenuidad con su propia vida, estos hombres también llevan miedo, llevan el estigma de la frustración, la gente los puede reconocer como discípulos del que murió en la Cruz y eso les puede traer consecuencias, a ellos y sus familiares. Estos podrían ser los pensamientos de estos hombres, esto podía ser lo que llevaban en sus cabezas, “Iban conversando de todo lo que había sucedido” pero algo pasa y es que la Vida sale a su camino, sale al encuentro de ellos, la Vida se acerca a sus vidas y trae esperanza, trae Pascua, es Jesús quien se acerca, ellos no le reconocen.

Hoy también nuestra historia es un transitar por el camino de Emaús, traemos desilusiones, desesperanzas, heridas, dolor; la humanidad vive momentos difíciles, una pandemia que cobra tantas vidas y que nos arroja a nuestras caras que el orgullo, la soberbia y aquellas confianzas que creíamos tener son vanas, vanas ante el drama de la enfermedad y la muerte, el poder, el tener y el placer es efímero ante el drama de poder perder la vida, ante ver como se escapa la vida de un familiar; Incluso muchos transitan ese camino sin fe, vienen de derrotas espirituales, aquello que esperaban ver o que han pedido con tantas fuerzas no lo han visto, no ha sucedido y eso les desalienta les hace dudar y transitan el camino de regreso a Emaús; Jesús viene a nuestro encuentro, se nos acerca e igual no le reconocemos, caminamos con Él, pero no le descubrimos, aunque en nuestro corazón haya cierto ardor, cierta inquietud transitamos por la desesperanza.

Nosotros hoy podemos ser los discípulos de Emaús, pero te quiero decir que no vas solo que Jesús va contigo, aunque no le puedas ver, aunque creas que el Amor y la Vida han sido derrotados por la muerte, el miedo, por las injusticias y la violencia. San Juan Pablo II decía: El amor vence siempre, el amor vence siempre, como Cristo ha vencido; el amor ha vencido, el amor vence siempre. Aunque en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente, Cristo parecía impotente en la Cruz… Dios siempre puede más”. Parafraseando a San Juan Pablo II podríamos decir que la Vida y el amor, vencen siempre, aunque puedan parecernos impotentes ante ideologías perversas que se ciernen sobre el mundo, aunque parezcan impotentes ante una pandemia que se esparce con fuerza, Dios siempre puede más, la Vida y el Amor vencen siempre.
¿Pero como podemos reconocer a Jesús caminando a nuestro lado, hablándonos, yendo por el camino de Emaús? El pasaje del Evangelio nos da la clave, a Jesús le reconocemos en su Palabra, en la fracción del Pan y en la comunidad.
Reconocemos que Jesús camina con nosotros cuando leemos la Sagrada Escritura, escuchamos su Palabra y cuando lo hacemos con atención nuestro corazón arde, se enciende, se anima, se llana de esperanza, aunque no le veamos, cuando escuchamos con atención su Palabra le podemos reconocer.
Reconocemos a Jesús en la Eucaristía, al partir el pan, es  Jesús mismo que se nos da; en el pasaje del Evangelio, los discípulos sienten arder sus corazones escuchando a Jesús, pero solo se cae las vendas de sus ojos, se abren sus ojos ante la fracción del pan, se les disipan todas las dudas, es Jesús que se nos da y se nos entrega, es Jesús que está vivo y no queda ninguna incertidumbre ni temor, es más aun en el momento de la fracción del pan es cuando Jesús atiende la petición de los discípulos, “Quédate con nosotros…” porque Jesús desaparece, ya no le ven en ese caminante, en ese compañero de camino, ahora se ha quedado con ellos en el pan, ese Jesús que desaparece, es el Jesús se queda en el pan partido y compartido de la Eucaristía y la Eucaristía se transforma en el alimento para nuestro camino, en la fuerza para volver al proyecto de amor, comunión y misión de Jesús en su presencia viva y resucitada con nosotros. Hoy talvez no podemos asistir con la misma frecuencia a los templos a vivir la Eucaristía, hoy talvez seguimos la Eucaristía de forma virtual por una transmisión en vivo, pero hoy talvez valoramos más esa Divina presencia, ojalá el día que esto pase acudamos con más frecuencia, amor y devoción a nuestros templos a vivir la Eucaristía.
Y por último Jesús esta presente en la Comunidad, en la Iglesia, los discípulos corren hasta sus compañeros discípulos, no se quedan con los planes que traían, el discípulo el creyente no vive su fe como una experiencia aislada, como una experiencia desconectada, hoy más que nunca debemos estar unidos a la Iglesia que es Madre y Maestra, hoy más que nunca debemos estar unidos a nuestras parroquias, a nuestras comunidades porque en ellas esta Jesús, en ellas se ha quedado ese Jesús que nos promete Resurrección, que vence al pecado y a la muerte que nos trae esperanza y paz. En la Iglesia le podemos reconocer, es el Cuerpo Místico de Cristo que sigue haciendo presencia en medio de nuestra realidad, incluso a pesar de vivir momentos difíciles.
El Resucitado camina con nosotros y es compañero de viaje que nos habla a través de la Escritura, es compañero de viaje que se da y se queda con nosotros en al Eucaristía y es el amigo que nos recibe en Comunidad, en la Iglesia. Déjate encontrar por la Vida, platica con Él, mastícalo, cómelo en la Eucaristía, es fortaleza para este caminar y reconócelo en la Iglesia.
Escrito por:



Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Instagram: @nestorvelasquez
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Esaú