La mañana de este lunes Santo, Monseñor René Sándigo presidió la Eucaristía en honor a San Benito de Palermo, en medio de la pandemia del Covid19 por lo que la iglesia católica en el mundo ha tomado medidas de prevención para esta Semana Santa 2020.

Comparados a otros años muy pocos devotos  llegaron a pagar promesas al negrito milagroso que esta tarde hará un recorrido extraordinario en un vehículo por las calles de la ciudad universitaria de León.

En su homilía el prelado leonés invitó a los fieles a “seguir el camino del Santo Franciscano, que ha hecho historia como hombre santo que se entrega como la Virgen María, hecha penitencia, de la que se da para entregarse espiritualmente y totalmente al Señor”.

Dijo además que la experiencia de “San Benito de haber encontrado en el Señor su tesoro, nos invita a seguir al Señor como amigos de Jesús que nos acompañan siempre, por eso tenemos que confiar en San Benito de Palermo y tratemos de imitar una de sus cualidades y virtudes sobre todo en estos tiempos en la que la amenaza de la muerte nos hace ver lo relativo que es la vida”.

Esta gloria de la Orden Franciscana, a la que tanta devoción se le tiene en León, Nicaragua, nació en un pueblecito de Mesina (Sicilia). Sus padres, esclavos manumitidos, aunque oriundos de moros, eran muy buenos cristianos. Caritativos con los pobres, fieles cumplidores de las leyes de la Iglesia, estaban de administradores de un rico señor, que les prometió dar libertad a sus hijos si los llegaban a tener.

En la vida regular aumentó, si cabe, las mortificaciones, ayunando las siete cuaresmas de San Francisco, y dedicándose a los más penosos oficios con sus hermanos. Su humildad profunda, su extremada caridad y celestial prudencia, indujeron a los religiosos a elegirle Guardián, aunque era lego e iliterato, y, a pesar de resistirse con todas sus fuerzas, le fue preciso aceptar el imperativo de la obediencia; pero la dignidad no le impidió, antes bien, le hizo progresar más y más en el desprecio de sí mismo y en todas las virtudes.

Encargado de la reforma de su convento, la llevó a cabo con suma suavidad sin dispensar en nada del rigor de la pobreza. Casto como un ángel e inocentísimo, captóse las voluntades de todos, haciéndoles volar por el camino de la perfección.

Una de las tradiciones de esta festividad religiosa es regalar chicha de maíz en nombre de San Benito, acto que simboliza la fe entre los creyentes del Santo Negro, a como también se le conoce a San Benito.

Los promesantes de San Benito de Palermo, sin distinción de edades o sexo, visten una cotona blanca hasta los pies, mangas largas, con una cinta negra alrededor de brazos y cintura.

Su cabeza va cubierta por un pañuelo blanco y en su mano una candela para iluminar su camino con mucha fe.