Una de las verdades
incuestionables de nuestra fe católica es, sin duda, que Dios es amor. Él nos
ama y nos lo demuestra de muchas maneras; por ejemplo, infunde su gracia sobre nuestros
corazones y, a través del Espíritu Santo, derrama sus dones sobre nosotros.
De acuerdo con el Catecismo de
la Iglesia Católica, los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría,
inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos
sostienen la vida moral del cristiano y lo hacen dócil y sensible a la voluntad
de Dios.
¿Qué significa cada uno? El
Papa Francisco lo ha explicado en sus catequesis. Te presentamos un resumen de
los 7 dones del Espíritu Santo:
1. Consejo
En el momento en el que lo
acogemos y lo albergamos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza a
hacernos sensibles a su voz y a orientar nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios.
Al mismo tiempo, nos conduce
cada vez más a dirigir nuestra mirada interior hacia Jesús, como modelo de
nuestro modo de actuar y de relacionarnos con Dios Padre y con los hermanos.
2. Entendimiento
Está estrechamente relacionado
con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra
mente, nos hace crecer día a día en la comprensión de lo que el Señor ha dicho
y ha realizado. Comprender las enseñanzas de Jesús, comprender el Evangelio,
comprender la Palabra de Dios.
Si leemos el Evangelio con
este don podemos comprender la profundidad de las palabras de Dios.
3. Sabiduría
No se trata sencillamente de
la sabiduría humana, que es fruto del conocimiento y de la experiencia.
La sabiduría es la gracia de
poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente eso: ver el mundo,
ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios.
En la Biblia se explica que
Salomón, en el momento de su coronación como rey de Israel, pidió el don de la
sabiduría.
4. Fortaleza
Cuántos hombres y mujeres
—nosotros no conocemos sus nombres— honran a nuestro pueblo, honran a nuestra
Iglesia, porque son fuertes al llevar adelante su vida, su familia, su trabajo
y su fe.
Demos gracias al Señor por
estos cristianos que viven una santidad oculta: es el Espíritu Santo quien les
conduce. Y nos hará bien pensar: si ellos hacen todo esto, si ellos pueden
hacerlo, ¿por qué yo no? Y nos hará bien también pedir al Señor que nos dé el don
de fortaleza.
5. Ciencia
En el Génesis se pone de
relieve que Dios se complace de su Creación, subrayando repetidamente la
belleza y la bondad de cada cosa. Al término de cada jornada, está escrito: Y
vio Dios que era bueno.
Si Dios ve que la Creación es
una cosa buena, es algo hermoso, también nosotros debemos asumir esta actitud.
He aquí el don de ciencia que nos hace ver esta belleza; alabemos a Dios,
démosle gracias por habernos dado tanta belleza.
6. Piedad
Este don no significa tener
compasión de alguien, es decir, tener piedad por el prójimo, sino que indica
nuestra pertenencia a Dios y nuestro vínculo profundo con Él, un vínculo que da
sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él,
incluso en los momentos más difíciles y tormentosos.
Se trata de una relación
vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos dona Jesús, una
amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo, de alegría.
7. Temor de Dios
No consiste en tener miedo de
Dios: sabemos bien que Dios es Padre, y que nos ama y quiere nuestra salvación,
y siempre perdona; por lo cual no hay motivo para tener miedo de Él.
El temor de Dios, en cambio,
es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su
amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y
confianza en sus manos. Esto es el temor de Dios: el abandono en la bondad de
nuestro Padre que nos quiere mucho.

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