Meditando el
Evangelio según san Juan 17, 1-11a
VII domingo de Pascua
Gloria al Oculto,
cuyo Hijo se ha hecho visible.
Gloria al Viviente,
cuyo Hijo se ha hecho mortal.
Gloria al Grande,
cuyo Hijo ha descendido a hacerse pequeño.
San Efrén
La vida entera es
una Pascua, por ello, aunque este tiempo litúrgico este llegando a sus últimos
días, debemos ser conscientes que nuestro caminar por está vida es un paso, una
constante Pascua, hasta llegar al paso definitivo que nos llevara a nuestro
encuentro intimo con Cristo en nuestra gran Pascua personal.
El Evangelio de
este día es una hermosa oración, Jesús se dirige al Padre y suplica por
nosotros, por ustedes y por mí; —estos domingos pasados nos ha venido diciendo
que no estaremos solos, que no quedaremos huérfanos, que recibiremos al
Paráclito, al Consolador— hoy Jesús suplica al Padre por nosotros, le dice: —«Padre,
ha llegado la hora» — Estamos en la hora de Dios, estamos en el tiempo de Dios,
aunque nos cueste creerlo o verlo por todo lo que pasa a nuestro alrededor, la
historia humana camina a su encuentro con el Señor, nos dirigimos a los brazos
amorosos del Padre, eso es importante no olvidarlo; este jueves pasado en la
Provincia Eclesiástica de Nicaragua hemos celebrado la fiesta de la Ascensión
de nuestro Señor y puede ser que como los Apóstoles nos hayamos quedados con la
mirada puesta en el cielo, o con cierta sensación de soledad y abandono. San Agustín
decía: “Jesucristo ascendió al cielo, que nuestro corazón ascienda también con Él…
bajó del cielo por su Misericordia, pero ya no subió solo, pues que nosotros
subimos también en Él por la gracia…” Por ello no olvidemos que estamos en la
hora de Dios, la vida ha vencido a la muerte y el pecado, Cristo es glorificado
a la diestra del Padre, nuestra esencia humana en Jesús ha sido colocada junto
al Padre en el cuerpo Resucitado de nuestro Señor, en esa carne que le ha
brindado aquella que es honor de nuestro pueblo. No lo olvides ya han pasado
las horas de las tinieblas y estamos en la hora de Dios en la cual las semillas
del Reino crecen silenciosas en medio del mundo, aun a pesar de los agonizantes
y finales gritos del demonio, del pecado y de la muerte que han sido derrotados
definitivamente por la Victoria Pascual de nuestro Redentor.
Solo nos queda
entender «Ésta es la vida eterna».
Si ya todo está
definido en la victoria de nuestro Señor solo nos queda entender el camino que
Jesús nos hereda: «que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado,
Jesucristo» conocer y amar al Señor es el camino de la vida eterna; conocer
implica aceptación y metanoia (conversión), la metanoia es solo posible desde la libertad y
el amor, cuando vivimos esta realidad, esta transformación nos hace nuevos
Cristos presentes en el mundo que van haciendo madurar y crecer esas semillas
del Reino que siguen creciendo sin parar por el mundo, más aun ante los
momentos de aparente oscuridad y tormenta.
Por eso hermanos no
tengamos miedo, nos dirigimos a Dios, caminamos hacia Él, estamos en su hora,
la hora en la que Él va dirigiendo nuestras historias y camino a la Pascua que
no tendrá fin, nuestra única tarea conocer y amar al único Dios verdadero que
no nos abandona, que ha subido al cielo para seguir intercediendo por nosotros
al Padre, para presentar en estos momentos de pandemia las llagas de la Pasión,
para decirle al Padre que en Él, en su cuerpo glorificado estamos todos unidos
y desde sus carnes divinas suplicando Misericordia para el mundo entero;
estamos seguros que la respuesta de Dios no se hace esperar y desde el corazón
amoroso del Padre y el Hijo se nos envía Él Santo Espíritu, aquel que también
hoy suplicamos para este momento que nos toca vivir a toda la humanidad:
Ven, dulce huésped
del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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